ISSN 2692-3912

Fuego graneado

 

 

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Dramaturgia para reuniones virtuales

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PRIMERA PARTE

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I

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Lucas

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Moisés y Lucas aparecen a cuadro.

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Hace mucho quería verte.

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¿Cómo estás? ¿Cómo está la familia?

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  ¿Sigues con esos ataques que te dan?

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  Seee. Bueno, si no me dices nada…

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  Moisés, Moisés. ¿Qué puedo hacer si no pones de tu parte?

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  Contactarte no fue fácil, ¿eh?

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  No fue fácil. Nada fácil.

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  Oye, Moisés. No es justo.

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  Moisés. Te estoy hablando.

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Silencio.

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Bueno. Me da gusto que estés aquí. No esperaba que te conectaras.

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Creo que te estás preguntando, ¿por qué te busco, justo ahora, que un extraño virus se esparció por el mundo y nos tiene encerrados en casa? Pues… no sé. Ésa es la respuesta. No lo sé. La vida tiene/ A lo mejor me hubiera gustado buscarte en el mundo real. ¿Por qué no lo hice? No lo sé. ¿Por qué tengo pocos huevos? A lo mejor. Seeee. ¿Por qué pensaba que me valías puritita madre? A lo mejor. No lo sé. No lo sé. Y nunca lo vamos a saber.

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Silencio.

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Quizás te busco, mira, porque ya estoy viejo… y esto del virus me hizo/ Lo que pasa/ Mira/ Estaba viendo una película en blanco y negro, una de esas veces que ves y no ves, ¿entiendes? Ves, pero estás pensando en otras cosas. Lo que pasó, es que de pronto sentí los ojos vidriosos y una lágrima se escurría por mi mejilla. ¡Sí! Tú sabes que yo no soy así. No soy así. Te consta que yo no hago esas cosas, por favor. Lo sabes.

¿Por qué no dices nada?

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  Oye, ¿por qué no dices nada?

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  Moisés. Oye…

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  ¿Por qué no hablas? Dime algo.

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  Por favor.

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  Te lo estoy pidiendo en buena onda. Habla.

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  Oye… Oye…

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  ¿Quién chingados/?

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Bueno, no has cortado comunicación. Eso quiere decir que, bueno, nadie te está haciendo manita de puerco para estar frente a la compu. ¿O sí? Nadie te está obligando y aquí estás.

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  ¿Ves? Aquí sigues. Ahí sigues. Eso es bueno.

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Hace un ejercicio de respiración.

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Hago Taichi. Eso me ayuda. ¿Haces algún deporte? ¿Cómo te distraes? ¿Sigues bebiendo?

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Silencio.

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Lo primero que quiero que sepas, es que yo no maté a mamá. ¿Okey? Sé que te quedaste con una opinión diferente, pero, de hermano a hermano, yo no maté a mamá. Ella se murió solita. Estaba loca, era una hija de la chingada, pero yo no tuve nada que ver con eso. A veces, cuando somos jóvenes, nos confundimos, y tú estabas confundido. Muy confundido. Cuando somos jóvenes, mezclamos la verdad con la mentira, a eso nos dedicamos, no me vas a decir que no. Y luego pasa que no sabemos cómo separar lo verdadero de lo falso.

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Quiero decirte algo, mi memoria es una campo ralo. Pero sé qué es verdad y qué no es verdad. Así que ya sabes. Yo no tuve nada que ver con su muerte.

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Moisés apaga la cámara.

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¿Estás ahí? Oye. Pon la cámara.

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Oye, te estoy hablando. Ya sé que estás ahí, cabrón.

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Pon la puta cámara que no estoy aquí de adorno. Quiero verte a los ojos. No voy a seguir hasta que no pongas la cámara.

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Ya te dije que no voy a seguir.

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No voy a seguir.

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Así estaremos. Tengo todo el día. No hay pedo.

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Es como tú quieras.

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Quiero verte. No es justo. No es justo.

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Voy a contar hasta 3.

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Escúchame bien. Voy a contar hasta 3 y si no prendes la cámara, me largo. Deberías de considerar lo tremendamente difícil que es estar aquí, humillándome contigo. ¿Quién fue el que te buscó? ¿Quién te contactó por feis? ¿Quién te dijo que quería charlar? ¡Fui yo! ¡Fui yo! ¡Enciende la puta cámara! 1, 2, 3. Vete a la verga.

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Moisés se sale de la reunión.

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II

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Moisés

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Moisés y Lucas aparecen a cuadro.

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Quiero contarte una historia.
Pero antes…
A ver, aclaremos… Te pedí que nos viéramos a través de esta mierda con la condición de que cerraras el hocico. Cállate. Cierra la boca.

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Silencio.

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Eso.

Así.

Muy bien, Lucas. Así está bien. Eso.

Las personas como tú abren la boca y pudren todo.

Quiero contarte una historia.

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Mira…
Shhhh.

Shhhh.

Muy bien. Así, Lucas.

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Quiero contarte algo, toma tres:

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Yo vivía tranquilo con mamá. No vivía tranquilo. No. Pero estaba con ella. Yo vivía con mamá. No había armonía. Pero, estaba con ella. A su manera, me procuraba amor. Sí, te daba uno que otro madrazo, o te volteaba la cara cuando eras grosero, pero esa era la forma. El fondo era otra cosa. El fondo era amor.

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Yo era un niño problema. Me orinaba desde la azotea, golpeaba niños. Un día me robé a Estela, el esqueleto de la oficina del director porque pensaba que había que darle santa sepultura. Lo que no sabía era que Estela era de plástico. Pero no estoy aquí para contarte cómo era yo, pues tú viviste antes conmigo y con mamá. Ella también te puteaba. Ahora que lo pienso, qué bueno que lo hacía. Yo creo que eras insoportable. No sé quién fue tu padre, mamá nunca me dijo y eso que era más cercana a mí.

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Bueno, me da curiosidad. Ojalá me digas.

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No ahora. Ahora no quiero que hables.

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Aunque me imagino que era un parásito.

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Recordarás que a mamá le detectaron cáncer de estómago. Una vez me llevó a la clínica del Seguro Social y estuvimos un rato esperando. Me dijo que me quería mucho, Lucas. Tal cual. Después me dijo: tú eres diferente, tú no eres como el puto de tu hermano.

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No son invenciones, Lucas.

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Son palabras textuales: tú no eres como el puto de tu hermano.

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Eso me dijo.

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Lo dijo con una voz meliflua.

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Creo que fue la primera vez que se sinceró conmigo.

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¿Y sabes qué más me dijo?

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Yo sé que te mueres por saberlo.

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Ella dijo:

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Tú eres el mejor.

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Y no lo dijo una vez.

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Lo dijo otra vez:

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Tú eres el mejor.

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Y no sólo dijo eso, subrayó:

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Que no se te olvide.

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¿Y qué crees que hice?

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Nunca lo olvidé; 34 años después lo sigo recordando.

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Ese día en una puta clínica del seguro social, mi madre se abrió conmigo.

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Se hizo madre.

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Ahí entendí que ser madre significa dar buenas madrizas de todo tipo a tus hijos, hasta que estos se reciben como hijos.

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Ese día yo fui hijo por primera vez.

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Aguanté como hombre.

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Después de un rato en silencio pasó a su consulta.

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Duró horas.

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Al salir me dijo:

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Las quimios son basura.

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Y nos fuimos de ese hospital.

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Llegamos a casa.

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En esa época tu vivías con una señora en tu cuarto. Y no querías que nadie te molestara. Salías por latas de atún, refresco y cerveza, y te volvías a encerrar.

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No hablabas con mamá. No te importaba que tuviera cáncer.

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Sólo te la pasabas encerrado con tu señora, una gordibuena, en el cuarto, viendo la televisión.

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Mi madre me encerró con ella y me dijo que se iba a recuperar.

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Yo la abracé y me contó una historia de su infancia.

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Esa historia quizás algún día te la cuente.

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Hoy no.

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No estoy aquí para contarte la vida de mamá. Estoy aquí para que sepas lo que ella confiaba en mí.

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Confiaba más en mí que en nadie, Lucas.

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Ella no tenía cáncer de estómago. Ella necesitaba sangre.

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Silencio.

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Quita esa cara de pendejo. ¿Por qué sonríes?

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No estoy mintiendo.

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Ella necesitaba sangre. Por eso había enfermado. Por eso le detectaron cáncer de estómago, Lucas.

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Había dejado de beber sangre por una crisis de valores.

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No está bien beber sangre, hijo. No es algo que los católicos deban hacer.

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Mamá se confesaba siempre que conseguía un poco de sangre.

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Silencio.

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A ver, pendejo. ¿De qué carajos te ríes?

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¿Por qué te ríes?

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Lucas, si sigues así, me largo.

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A ver.

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Silencio.

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Quita esa puta sonrisa. Lo que te cuento no es de risa. Es trágico.

No es de risa.

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Silencio.

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Mamá tenía una amigo que le daba plaquetas de sangre a cambio de sexo.

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Y un día ya no quiso darle sexo.

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No era digno.

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Se sentía utilizada.

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Y el señor, que trabajaba en unos laboratorios, ya no quiso darle sus plaquetas.

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O aflojas o nanai. Le dijo.

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Pasaron los días y comenzó a sentir una ansiedad cabrona.

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Tenía la boca seca, como cuando tienes cruda, pero una cruda añeja, centenaria.

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En la iglesia le prometió a la Virgen que dejaría la sangre.

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Pasaron los días y comenzó a sentir ansiedad, mareos y vómitos.

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Se fue a una clínica rascuache, a Urgencias.

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Sólo miraba pasar heridos y se le hacía agua la boca.

Pero no podía hacer nada, Lucas. Porque estaba jurada.

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Además, no era higiénico.

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A ver.

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Quiero decir algo.

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No pongas esa cara. No me juzgues. Ese siempre ha sido tu problema, juzgas a los demás cuando no te das cuenta lo idiota que estás, cuando no te das cuenta que tú mismo, que tú mismo/

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Bueno, te pido de la manera más atenta que pongas un rostro neutral. No expreses nada. No mires con cara de: a-ver-con-qué-mamada-me-sale-este-pendejo.

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Silencio.

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Muy bien. Neutro.

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Así. Muy bien.

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Neutro y en silencio.

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Hasta neutro caes gordo, pero bueno.

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Mamá siguió absteniéndose hasta que enfermó y le detectaron cáncer de estómago.

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Me pidió ayudarla, diciendo: la Virgen no quiere que me muera. Una promesa no vale nada si me muero por cumplirla.

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Y quise hacer algo al respecto.

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Salí a las calles con la firme intención de ayudarla.

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En la chamarra llevaba un cuchillo cebollero y una bolsa de plástico.

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Caminé por las calles durante un rato hasta que vi un perro callejero.

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Ya sé lo que piensas, Lucas.

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¿Qué pedo con ese niño asesino de perros?

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Quiero que sepas algo, ahora todo mundo es pet frenli. Todo mundo ama a los perros, los saca a pasear, limpia con propiedad sus eses y son temas de pláticas y campañas. Entran con ellos a los restaurantes. Tienen peluquerías y sicólogos. No me extrañaría que un día caminaran en dos patas con sombreros de copa. Les llaman, sus hijos. Es ridículo. Pero te recuerdo que es esa época pululaban los perros callejeros y uno era libre de patearlos. Había libertad, Lucas. No como ahora. Así que me acerqué a ese perro, estaba en los huesos, era pardo, corriente y estaba hambriento. Le llevé un poco de leche y la bebió toda. Le corté el cuello y con mucha dificultad le coloqué la bolsa de plástico. La llené a la mitad y regresé a casa.

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Le di la bolsa a mamá y se le mojaron los ojos.

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Hijo, hijito. Me dijo.

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Silencio.

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Perdón. Es que me emociono.

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No se la bebió. Cuando le dije que era de perro, me regañó y me dijo que ella no bebía mierda. Que prefería morirse, a beber eso. Es como beber Anís del Chango cuando estás acostumbrado a un buen ron. No seas mamón.

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Eso me dijo. Así. Me dijo.

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Ya terminé.

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Silencio.

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¿Por qué te ríes?

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¿Por qué te ríes?

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¿Qué fue lo que te dije?

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¿Qué te dije?

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Moisés sale de la reunión.

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III

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Lucas

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Quiero que sepas algo: te admiro.

No pongas esa cara.

Te admiro.

Quizás un día podamos hablar como hermanos.

No me refiero a que nos veamos en persona.

Me refiero a que por lo menos a través de estos aparatos podamos ser hermanos y conversar como gente normal.

Como la gente normal, Moisés.

Hablar de los hijos, del clima, del gobierno.

Ojalá se dé algún día, eso deseo.

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No creo que se dé.
Ni yo.
La gente normal, supongo, sólo supongo que tiene vidas normales. Álbumes de familia.
Sí, álbumes.
Muchas fotografías.
Sí, sí.
No creo que se dé.
Ni yo. Creo que tendríamos que volver a nacer.
Sí. Volver a nacer.
Sobre lo que dijiste. Sobre los cuentos que te inventas, te felicito. Deberías escribirlos y contarlos a los niños.
¿Qué?
Los niños se la pasarían bien.
No son cuentos.
Moisés, por favor.
No son cuentos.
Déjame hablar, esta madre se corta. Sólo déjame hablar que yo te dejé hablar.
Yo también tengo algo que decirte.
Ajá.
Sobre la señora.
¿Cuál señora?
La que mencionaste.
¿La gordibuena?
La-señora-Roldán.

No le digas gordibuena.

Es la señora Roldán.

Eso es una falta de respeto, y aunque te cueste aceptarlo, te voy a pedir, por favor, que cuando te refieras a la señora Roldán lo hagas con respeto.

Ella era una santa.

Y me salvó la vida.

No te rías.

Santa.

No estaba encerrado con ella de a gratis.

Era un proyecto de vida, Moisés.

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Un día caminaba por la calle sin rumbo.

Tenía muchos problemas, tú lo sabes. Y de pronto, sin pensarlo, me vi en un puente peatonal, sostenido del barandal, a punto de aventarme.

Ahí estaba la ciudad silenciosa.

No me malentiendas. Había caos.

Es una ciudad llena de ruidos y de gente.

¿Me entiendes?

Pero en mi cabeza había silencio.

Silencio.

Estuve a un tris de arrojarme para ser destrozado por algún tráiler de refrescos, pero antes de cualquier cosa, de que siquiera me trepara al barandal, escuche la voz de la señora Roldán.

Me dijo:

¿Qué haces?

Y me despertó de mi letargo.

¿Qué haces?

Volvió a decir.

Nada.

No me digas que no.

No, nada.

La señora Roldán se te metía a la cabeza. Sabía lo que pensabas en todo momento.

Guardé silencio. No sabía qué decirle.

Antes de hacer cualquier cosa, quiero que me escuches.

Me dijo.

Y yo le hice caso. Tenía el poder de convencerlo a uno.

Me quedé escuchándola.

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Hace muchos años, cuando los animales aún hablaban, me dijo, existió un príncipe muy infeliz. Nunca salía de su habitación porque el rey se lo prohibía. Pensaba que afuera había demasiados peligros para él, por lo que nunca salía a jugar con otros niños, y mucho menos, paseaba a caballo por las montañas o el bosque. Si algún animal quería el príncipe, el rey lo hacía traer a su habitación. Si tenía hambre, le llevaban banquetes a su habitación. Si se aburría, le llevaban a las hijas del carnicero a su habitación.

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Un día, un cuervo se posó en el dintel de su ventana y se hizo su amigo.

No me gusta verte así, príncipe.

¿Por qué, Silvestre?

Así se llamaba el cuervo.

Silvestre.

¿Por qué?

Sepa.

No me gusta verte así, príncipe.

¿Por qué?

Afuera hay mucha maldad, sí. Pero también mucha belleza. Belleza que tienes que observar con tus propios ojos.

¿Y qué puedo hacer, Silvestre?

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Y fue cuando idearon un plan para que el príncipe pudiera salir a conocer el mundo.

El príncipe escondió al cuervo en su habitación. El ave, cauta como era, se mantuvo inmóvil durante horas hasta la madrugada. Salió de su escondite. El príncipe abrió un par de puertas para que el ave, caminando como un profesor doctorado en alguna universidad europea, entrara a la habitación real. De pronto, se vio ante el rey, quien roncaba al costado de una doncella.

Sigilosamente, brincó a la cama, se posó en el pecho del rey y de un par de picotazos quirúrgicos, le arrancó los ojos con sus respectivos tallos.

El rey gritaba como doncella, la doncella gritaba como rey y la guardia real entró con sus lanzas.

Silvestre terminó destripado en las piedras de la habitación.

El príncipe, en secreto, le dedicó una oración.

Ese día, le hizo prometer a su padre que sería su guía en el reino. De esta manera, el príncipe pudo salir y observar las bellezas del mundo, gracias a que se convirtió en los ojos del rey.

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Lucas se seca las lágrimas de los ojos.

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Eso me contó la señora Roldán, y por un momento dejé de pensar en mis propios problemas.

Como era de bajos recursos, más bajos que nosotros, la llevé a casa y a cambio de comida, ella me contaba historias.

No necesitaba más que estar con ella y escucharla.

¿Entiendes, Moisés?

¿Entiendes lo que digo?

Ella era una santa.

No, no lo era.
¿Qué?
No era una santa, Lucas.
¿Por qué lo dices?
Porque no lo era. Era una cerda. Una puta cerda.

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Moisés sale de la reunión.

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IV

Moisés y Lucas

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La única manera de que mamá muriera era con fuego… y tú la quemaste.

–     Buenas tardes, Lucas, ¿cómo has estado?

No estoy para eso.
¿Cómo va el confinamiento? ¿Y tú cómo estás, Moisés? Muy buenas noches. He estado bien, gracias.
Tú la quemaste.
No.
Era la única manera.
La única manera/
De que muriera.
Yo no la quemé.
¿Quién fue?
No tengo idea, pero yo no fui.
Hubo un incendio.
Sí, pero yo no lo provoqué.
Entonces fue la señora Roldán.
La señora Roldán era una santa.
¿Dónde está ella?
No lo sé.
¿Dónde está la señora Roldán?
Ella sólo se fue.
¿Por qué se fue?
Porque no podía vivir con la sarta de muertos de hambre con los que vivíamos, después del incendio. Ella era muy limpia. Usaba cremas para la piel.
¿Y por eso se fue?
No le gustaba el hacinamiento.
¿Y por qué no sacaron a mamá?

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Silencio.

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Cuando comenzó el incendio, ¿por qué no sacaron a mamá?

Solo pudimos salir nosotros por la ventana.
¿Por qué no la sacaron también a ella?
A ver, Moisés. ¿Te das cuenta de lo que me estás diciendo?
¿De qué?
¿Te das cuenta de lo que me dices? ¿Cuánto pesaba mamá? Estábamos en un quinto piso. ¿Cómo querías que la sacara?
Preferiste sacar a la señora Roldán.
Yo no la saqué, ella solita se colgó de las sábanas que atamos. Y la pudieron agarrar en el piso 3.
¿Y luego bajaste tú?
Sí.
¿Ves?
Sí.
¿Preferiste que la señora Roldán bajara primero?
Sí.
¿Por qué?
Porque era una santa.
¿Y dejaste a mamá adentro?
Se cayeron unas vigas.
¿Le gritaste, le dijiste algo?
Claro que le grité. Le dije que abriera la puerta.
Ajá.
Pesaba 110 kilos, no mames. ¿Cómo la íbamos a sacar por la ventana?
Pero era tu mamá. Eran 110 kilos de tu mamá. Además, la señora Roldán no era una varita de nardo.
Pero se desplazaba como ser humano, no como cefalópodo.
Tenía problemas en la tiroides.
Pues sí. Pero yo no la maté. No fue mi culpa. A ver, Moisés. Si dices que era vampira, ¿por qué no se transformó en murciélago y salió volando?
No seas mamón. Te pido un poco de respeto.
Contesta.
No era ese tipo de vampira.
Contesta con sensatez.
Sí.
¿Por qué no se transformó en un gordo murciélago y salió volando?
Esto no es una película del Santo, Lucas. No era Tundra, vestida de blanco, invocando una maldición bicentenaria, esperando a que Lorena Velázquez se alzara de su puto sarcófago. Sólo necesitaba beber sangre. No se transformaba en ni madres, no le tenía miedo a las cruces y mucho menos a los luchadores. Al contrario. Era devota.
Una vez me amarró a la cama y me apachurró su cigarro en el pecho. ¿Lo sabías?
Sí.
Ah, muy bien.
Algo habrás hecho.
En otra ocasión me clavó la mano a la mesa. Mira la cicatriz.
Ya lo sé. ¿Y?
Es que no has entendido nada, a los niños no se les queman cigarros en el pecho, ni se les clava la mano en la mesa por no comerse la sopa de lentejas.
Te estaba haciendo hombre.
Me estaba torturando.
¿Y por eso la dejaste en el fuego?
Ella lo provocó.
¿Qué?
Ella provocó el incendio.
¿Cómo lo sabes?
Porque yo la vi.
Eso es una puta mentira.
¡Yo la vi, Moisés!
Ajá.
Yo vi cómo se roció con gasolina su obeso cuerpo y vi cómo se echó un cerillo encima.
¿Y por qué no la apagaste?
Porque se encerró en su recámara después de prenderse fuego. Se encendió a sí misma, se fue por el pasillo como un pequeño sol rodante y se encerró bajo llave. La señora Roldán intentaba abrir con un cuchillo la cerradura.
Si era una santa, ¿por qué no hizo un milagro?
Si era una vampira mamá… No era esa clase de santa. Bueno, sí, hacía milagros, pero milagros trascendentales, no abrir una puertita, Moisés. A ver, tú que te llamas Moisés, ¿crees que el original andaba abriendo puertas con sus poderes? ¿O limpiando la casa porque le daba güeva? ¡Abrió el puto Mar Rojo!
¿Por qué no abrió la puerta?
Porque las llamas se esparcieron rápido. Muy rápido. Por eso tuvimos que salir por la ventana.
¿Por qué habría de creerte? ¿Por qué no pensar que fueron ustedes quienes le prendieron fuego?
A ver, a ver. ¿Por qué habría de quemarla?, y no sólo eso, ¿por qué habría de arriesgar a los vecinos? ¿Crees que soy un asesino? ¿Crees que yo quería que murieran esas personas? No sé qué clase de persona crees que soy, pero no he podido superar que por las ocurrencias de mamá, hayan muerto 17 personas, incluidas dos madres con sus respectivos hijos.
Entonces, ¿fue mamá?
Sí.
¿Y por qué lo hizo?
Porque era una hija de la chingada.
No digas eso.
¿Y dónde estabas?
Estaba, estaba…
¿Dónde?
Fui por dos kilos de harina.
¿Para qué?
Mamá me dijo que quería hacerme un pastel de cumpleaños.
¿Ves?
¿Qué?
¿La clase de hija de puta que era?
Quería festejar mi cumpleaños.
No. Quería prender fuego a su grasa y de paso quemarnos a nosotros y a todo el edificio y que tú no estuvieras ahí. Lo había planeado.
No lo creo.
A ver, piénsalo bien.
Pues… sí. Eso parece. Yo pensaba…
Sí, sí, ya sé…
Sabes qué, necesito ir a golpear mi cabeza contra el muro o rajarme los brazos un rato. Tengo muchas cosas qué procesar.
Está bien.
¿Qué vas a hacer tú?
Ponerme pedo, ¿qué más? Por cierto, dijiste que la única manera de que mamá muriera era con fuego.
Sí.
¿Por qué lo dijiste?
Porque era la única manera de que muriera.
¿Era inmortal?
Sí.
Bueno, ahí te ves.
Cuídate.
Tú también.

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Salen de la reunión.

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V

3 gramos de alcohol

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¿Por qué me buscaste, Moisés?
No sé.
¿Por qué me buscaste?
No sé.
Oye…
Sí.
¿Estás pedo?
No… Sí… Más o menos… Tú también.
No estoy pedo-pedo.
Sí.
No-no.
¿Qué?
No, nada…
Esto…
¿Qué?
Nada… Nada…
No es justo…
¿Qué?
Pinche vieja.
¿Para eso me hablaste?
No…
¿Entonces?
Bueno, ¿ya… no?
Sólo quiero que me aclares algo.
Sí.
¿Por qué dices, por qué dices que mamá era inmortal?
Porque era in-mor-tal.
¿No es en sentido figurado?
Era inmortal.
¿Cómo lo sabes?
Porque sí. Porque sí.
Okey. Salud.
Salud.
No te duermas.
No.
¿Cómo te diste cuenta?
¿De qué?
A ver, Moisés. No puedes seguir el hilo. Sigue el hilo.
Está bien. El hilo.
Síguelo.
Sí. El hilo.
¿De qué estamos hablando?
¿De qué?
Sí, ¿de qué?
No sé.
¿Por qué era inmortal?
Nunca dijo.
¿Cómo te diste cuenta?
Chingo de veces.
¿Cómo?
Ella, ella… ¿por dónde vives?
¿Cómo?
Pues ella, ella tenía, tenía accidentes.
Ajá.
Una vez, una vez/
¿Una vez qué?
Tenía accidentes, y nunca le pasaba nada.
Ajá.
Sólo con fuego, eso decía.
¿Por qué me preguntaste dónde vivo?
Vamos por unas chelas.
Moisés, estamos en medio de una cuarentena.
Me vale madres.
No se puede.
Me vale madres.
Neta, no se puede.
¡Vamos por unas chelas!
No se puede. Nos podemos contagiar.
¡Me vale madres!
Soy población vulnerable.
¿Por qué?
Porque soy hipertenso.
Yo también.
No se puede.
‘ta madre. Estoy hasta mi pinche madre.
Lo sé.
Ya no sé qué hacer.
Lo sé.
Mejor a la verga, Lucas.
Tranquilo.
No, ya, a la verga.
No. Esto va a pasar. Oye…
¿Qué?
¿Por qué no me invitaste unas chelas antes?
Porque eres un ojete.
No, yo… Mira, yo tengo un hijo.
¿Tienes un hijo?
Sí. Yo tengo uno.
¿Qué edad tiene?
10 años.
¿Y su mamá?
No estamos hablando de su mamá.
Okey. ¿Dónde está?
Con su mamá.
Ah… ¿Y?
No me deja verlo.
¿Por qué?
Se llama Moisés.
¿Qué?
Moisés.
No mames.
¿Qué?
¿Cómo se llama?
Como tú. Moisés. ¿Qué tienes?
Nada.
¿Estás llorando?
Ya no llores.
Moisés.
Moi.
Moi. Ya, güey.
No lo dije para/
Es que/
No lo dije/
No mames…
Pues sí, se llama Moisés.
¿Y por qué putas le pusiste así?
¿No te gusta?
Sí, pero. No mames.
Le puse así, porque así se llama mi hermano. Pero ya no llores.
Perdón.
¿Estás bien?
Partía cebolla.
¿Qué?
Mamá partía cebolla cuando la hice enojar.
Ajá.
Me dijo que se iba a picar las venas.
¿Qué hiciste?
Y se las picó frente a mí.
Ajá.
Le salió mucha sangre.
Ajá.
Como para llenar una cubeta.
Sí.
Después me pidió perdón.
Ajá.
Me dijo que ella era inmortal.
Ajá.
Estaba como si nada.
¿Te pidió perdón?
Sí. Por el susto. ¿No me crees?
No, sí.
Okey. Sale, salúdame a tu hijo.
¿Ya te vas?
(Asiente)
¿Qué vas a hacer?
Voy a dormir.
¿Nos hablamos mañana?
(Asiente)
¿Estás bien?
(Asiente)
Que descanses, hermano.

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Moisés sale de la reunión.

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VI

Moisés

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Estuve hablando con un amigo médico. Él dice que cuando somos niños tendemos a confundir la realidad con la fantasía. Si nuestra realidad es una plasta de desgracias, es más fácil que nuestra mente de niños se invente otra realidad y complemente todo con sueños o fantasías.
Ah, qué bien.
¿Lo ves?
Sí. ¿Por qué me dices eso?
Tienes que aceptar que no todo fue cierto.
¿Cómo qué?
Como esas cosas de mamá.
O tus mentiras acerca de la señora Roldán.
No he mentido.
Entonces, ¿por qué no creernos?
¿Vivir en una fantasía?
La realidad es lo que es.
Pero ya estamos grandes.
Lo que pasó pasó.
Sí, pero no todo es cierto. En tu caso, eras un niño, y hay que estar consientes de eso.
Si no me crees, y si venimos del inmenso vientre de ballena de mamá, ¿cómo es que a ninguno de nosotros nos gusta beber sangre?
¿Cómo sabes?
¿Cómo es eso? ¿Contesta?
A mí sí.
¿A ti sí, qué?
Necesito sangre para sobrevivir.
No seas mamón, Moisés.
Sangre y alcohol.
El alcohol es entendible. Sin alcohol la humanidad completa se habría extinguido.
No es broma.
¿Me estás diciendo que también eres un vampiro?
Eso digo. Me estoy abriendo contigo. Después de saber que tengo un sobrino que se llama como yo, algo pasó dentro de mí.
¿Qué pasó?
Pues, me conmoví. Es la edad. Supongo.
Se llama como tú porque tú eres mi hermano.
Ya sé. Y eso cala.
Pero creo que vives en una fantasía y es necesario que lo reconozcas.
¿Qué quieres que reconozca?
Que tienes un problema.
¿Y luego?
Que hables con un profesional. Este doctor que te digo tiene un consultorio. Es mi amigo y podría hablar contigo por zoom, si lo deseas.
¿Hablas en serio?
¿Qué?
Me abro contigo y me sales con eso.
¿Qué?
No voy a hablar con ningún doctor.
Moi…
No lo voy a hacer.
Es por tu bien.
Y menos en una puta cuarentena. A ver, Lucas. ¿Quién vive en una fantasía?
Tú vives en una fantasía.
¿Y tú?
Yo no. Yo vivo la vida.
Tu vida es una mierda.
Pues sí, eso no se puede negar. Pero no me invento mamadas.
¿Y lo de la Señora Roldán?
Todo lo relativo a la señora Roldán es verdad.
“La señora Roldán es una santa”
Y lo es.
¿Cómo va a ser una santa? Cuando te dormías salía al pasillo, me vigilaba cuando entraba al baño y una vez me toqueteó todo. Era una cerda, Lucas.
Hizo eso porque temía que te hicieras maricón.
¿Tú lo sabías?
No, pero yo solo digo…
¿Tú sabías que le gustaban los niños?
Eso es mentira.
Ah, ya.
No te enojes.
¿Hacía milagros?
Bueno, sí. Ya te dije que me salvó la vida. Aún la escucho en mis sueños. Una vez, y esto lo vi con mis propios ojos, Moisés. Una vez, le quitó a un niño un linfoma.
¿Y cómo lo sabes?
Porque el niño se recuperó al cien por ciento. Otra vez, le regresó la vista a una mendiga que pedía limosna en la calle. Y yo lo vi, nadie me lo contó.
¿Y eso no es mezclar la realidad con la fantasía?
No, Moi. Cristo hacía milagros. Es de cristianos hacer milagros. Sucede todos los días en nuestra santa iglesia. Bueno, no todos los días. Pero gente que bebe sangre y es inmortal es una aberración, la creación de una mente enferma. Date cuenta de la diferencia.
No digas nuestra santa iglesia.
¿Por qué?
¿Y esos curas pedófilos?
Siempre tienes que ver el lado negativo de las cosas.
Me he intentado matar en varias ocasiones.
Me he cortado las venas.
Abrí la llave del gas y me la pasé inhalándolo durante horas.
Me aventé de la azotea.
Me inyecté cocacola.
Y no me pasa nada.
Nada.
¿No dices nada?
Pruébalo.
¿Qué?
Que no te pasa nada. Vamos.
¿Por qué no me crees?

.

Moisés bebe un trago de cloro y tose. Va al fregadero de la cocina y vomita.

.

¿Ves?
No me gusta su sabor.
Pícate las venas. A ver.
No, ¿y luego quién limpia, Lucas? Soy inmortal, ya te lo dije.
¿Y qué haces para conseguir sangre?
La compro en una clínica. Ya tengo mis contactos. No necesito mucha.

.

Moisés saca del refrigerador una muestra de sangre.

.

¿Ya ves?
Con más razón, necesitas ayuda.
No. Soy feliz, ya me acepté como soy. Por eso mamá me cuidaba más a mí. Porque soy especial. ¿Lo ves?
Soy especial, Lucas. No me veas así. Odio tu cara de profesor de civismo que todo lo juzga, que nada cree.
Soy inmortal.
¡Soy inmortal!

.

Moisés sale de la reunión.  

VII

Sra. Roldán

.

M:  ¿Qué hace ella aquí?

L:   Mira/

M:   ¿Qué hace aquí?

SRA. ROLDÁN: Yo/

L:   ¿Me escuchas?

M:   No.

L:   Sólo déjame explicarte…

.

Moisés sale de la reunión.

.

S:   ¿Y ahora?

L:   Espéreme…

S:   ¿Se salió?

L:   No sé.

S:   Se salió…

L:   Sí, creo que sí.

S:   Qué ca-bron-ci-to.

L:   Perdónelo. No es fácil para él.

S:   Pues sí.

L:   No es fácil.

S:   No entiendo por qué.

L:   Se va a conectar, no se preocupe.

S:   No estoy preocupada, Lucas.

L:   Sí, bueno. Sí… ¿Cómo pasa la cuarentena?

S:   ¿Por qué no le dijiste?

L:   ¿A Moi? ¿Decirle qué?

S:   Que me iba a conectar.

L:   No sé, es muy temperamental.

S:   Es muy descortés de su parte.

L:   Lo sé.

S:   Es inadmisible.

L:   Lo sé. Creo que ya regresó. ¿Moi, Moi?

.

Moi está en negros.

.

L:   Ahí está. Prende tu cámara. Prende tu cámara. Señora, háblele por favor.

S:   Hola, Moi. Si no quieres poner la cámara está bien.

L:   Moisés, levanta la mano si estás escuchando.

.

Moi levanta la mano.

.

L:   Ahí está, señora Roldán. Ahí está mi hermano. Levantó la mano.

S:   Ah, mira. Levantó la mano. Qué bonito. Levantó la mano.

  Un hombre tenía dos hijos. Al primero le dijo: hijo, ve a trabajar en la viña…

.

Moi aparece a cuadro con los ojos vidriosos.

.

M:   ¿Por qué me andaba toqueteando cuando yo era un niño?

S:   ¿Qué?

M:   ¿Por qué?

L:   Moi…

S:   No escuché bien.

.

Moi pronuncia más lento.

.

M:  ¿Por qué me andaba toqueteando cuando yo era un niño?

S:   No se escucha. La señal de internet no es muy buena.

M:   No se haga, conteste.

L:   Moi…

M:   Conteste…

S:   Mira, hijo. Quiero que sepas algo. No tengo internet de fibra óptica.

M:   ¿Fibra óptica?

S:   La fibra óptica es más rápida. En esta colonia no hay instalación de fibra óptica.

M:   ¡Conteste!

L:   ¿No escuchas, Moi? Es una cuestión de fibra óptica.

M:   ¿Qué?

S: Mira, hijo. Cuando decidí salvar a tu hermano, sí lo sabes, ¿verdad? Antes de tirarse del puente, sólo escúchame. Tu hermano te quiere mucho. Cuando decidí salvarlo, me hice responsable de él. Cuando salvas la vida de una persona, te conviertes en el ángel de esa persona para siempre. Y yo me acerqué a ti porque tu hermano te necesitaba.

M:   Yo era un niño.

S:   Dios habla a través de mí.

M:   Usted le lavó el cerebro a mi hermano.

L:   No me lavó el cerebro.

S:   Lucas, cierra la boca.

L:   Perdón, señora.

S: Hay veces que hago cosas que no recuerdo. Yo sólo soy un instrumento de Dios. Dios se manifiesta de muchas maneras a través de mi cuerpo. Un hombre tenía dos hijos. Al primero le dijo: hijo, ve a trabajar en la viña/

M:   ¿Por qué está aquí?

S:   Es un acto de piedad.

L:   Yo se lo pedí.

M:   Te está manipulando.

M:   ¿Hasta cuándo vas a tener que soportarla?

S: Quiero que sepas algo. Una vez caminaba por la calle, paseaba con mi jauría de perros, antes de que desaparecieran los perros de las calles. Antes de este nuevo Estado de pets frendlis, donde la gente los ha domado y les pone gorritos y calcetines. Es ridículo, pero bueno, en realidad… Mira… caminaba con ellos, alegremente, por la ciudad, cuando vi un árbol en llamas.

L:   ¿Por qué estaba en llamas?

S: Me acerqué, lo que vi en el árbol ardiente, fue la figura de tu madre devorando a sus hijos. Y fue cuando Dios me guió hasta tu hermano.

L:   No me había contado eso. ¿Cómo se manifestó Dios para guiarla?

S: A través de los perros, hijo. Ellos me guiaron hasta ti, en ese puente, a punto de besarte con la muerte.

L:   Exactamente, señora Roldán, ¿qué vio en el árbol que ardía?

S:   Vi a tu gorda madre, comiéndoselos, a los dos.

L:   En las figuraciones, ¿mi madre tenía colmillos?

S: No, no tenía colmillos. Sólo era una masa amorfa de carne que los deglutía, como las gaviotas cuando se tragan una enorme rata.

L:   ¿Nosotros éramos las ratas?

S:   Es poesía, Lucas.

L:   Ah, perdón. Nunca he sido… seeee… ¿qué lo hizo quedarse con nosotros en casa?

S:   Mi compromiso con Dios y con ustedes.

L:   ¿Usted quemó a nuestra madre?

S:   No, hijo. ¿Cómo crees? Eso lo hizo ella por su cuenta.

M:   ¿Por qué salió usted primero del departamento?

S:   ¿Qué? No te escuché, hijito.

M:   ¿Por qué salió usted primero?

S:   ¿Salí yo primero?

M:   Sí, Lucas me dijo que usted salió primero.

S:   Ah, caray. ¿Eso le dijiste?

L:   …

S:   Lo importante es que ella fue la que decidió inmolarse.

L:   Como aquél monje tibetano.

S: No. Lucas. Es importante que te diga algo: no hay relación posible entre ese monje tibetano y tu madre. No. ¿Me puedes decir qué madres tiene que ver? ¿Cómo es posible siquiera que compares la muerte de aquel hombre en busca de un ideal y tu triste madre?

L:   Era poesía.

S:   No, Lucas. Eso no es poesía. Eso es una reverenda pendejada.

L:   Perdón, señora.

.

La señora Roldán se contiene y sonríe hacia Moisés. Suaviza su voz.

.

S:   Un hombre tenía dos hijos. Al primero le dijo: hijo, ve a trabajar en la viña…

.

Moisés abandona la reunión.

.

S:   ¿Ya se fue otra vez?

L:   No sé. Sí. Creo que sí.

.

La señora Roldán dice con una voz suave y tierna:

.

S:   Qué cabroncito. No ha cambiado nada.

L:   Perdónelo.

S:   ¿Por qué madres le dijiste que yo salí primero del departamento?

L:   No sé.

S:   Vales para pura madre, Lucas.

L:   Perdón, señora.

.

La señora Roldán sale de la reunión.

.

L:   Señora, señora… Levante la mano si está ahí.

.

.

.

.

.

.

.

VIII

Lucas se queda solo

.

Gracias por aceptar la invitación.
¿Sabes por qué la acepté?
No.
Porque no hablo con nadie, Lucas. No tengo con quién hablar.
Ah. Bueno. Como sea, lo agradezco.
¿Estás borracho?
Borracho, borracho. Na.
Oye, ¿y ese traje?
¿Lucas?
¿Qué te pasa?
Murió…
¿Quién?
La señora Roldán…

.

Pausa.

.

¿Qué?
Sí.
¿Se murió?
Sí.
¿En sentido figurado?
No. En sentido del carajo.
No mames. ¿De qué?
Corona.
No mames.
Sí.
¿Colgó los tenis por el corona?
Sí.
Chale.
Sí.
Lo siento por ti.
Gracias.
Está cabrón.
Sí.
Qué cosa.
Sí.
Pero, ¿no guardaba su sana distancia?
No sé.
¿No hacía la cuarentena?
Según yo, sí.
¿No seguía las instrucciones de ese doctor agradable?
El corona no hace distinciones.
No.
No importa que seas rico.
Ajá.
Presidente de un país.
Sí.
O una santa.
¿Qué?
Porque tú dices…
A ver, Moi. ¿No me escuchaste?
Sí.
Se murió la Señora Roldán. No estoy para tu puta mala leche.
No es mala leche.
Sí lo es.
Sólo digo que del virus no se salvan ni las santas.
Ahora que lo mencionas.
Sí.
¿Por qué madres no sales?
¿Adónde?
Si eres inmortal, ¿por qué no sales al parque? A ti el corona te hace los mandados. ¿O no?
¿A qué salgo? Ya te dije que no tengo a nadie.
Sí.
No me gusta la gente.
Sí.
Prefiero estar aquí.
Eso me queda claro. Pero, ¿por qué no sales a dar la vuelta?
Voy al laboratorio para recoger mis plaquetas.
Ajá.
Salgo a cobrar la renta de un cuarto que tengo.
Ajá.
Sí salgo. ¿Por qué no se salvó a sí misma?
Ella hacia milagros para los demás.
Hija de su…
Respeto, Lucas. Estoy de duelo. No voy a tolerar/
Ya, ya, ya. Está bien.
Salud.
Estoy jurado.
¿Qué?
Lo que oyes.
No seas mamón.
Juré que dejaría esa madre.
Esas son mamadas, Moi. Nadie en su sano juicio jura pendejadas.
Estaba pedo.
¿Cuándo?
Cuando lo juré.
¿Lo ves? ¡No cuenta, entonces! Dios sabe que no cuenta.
Sí cuenta. Yo tengo palabra.
La palabra de los borrachos es volátil. Salud.

.

Silencio.

.

Te doy mi pésame. Que Dios la tenga en su santa gloria.
Gracias, Moi.
Lo siento. Sé que la querías.
Era un amor transparente.
Sí.
Un amor, un amor…
Sí, me imagino.
Hasta le escribí una canción.
¿Qué?
Le escribí una canción.
¿En serio?
Sí.
Órale.
¿Quieres escucharla?
Sí, Lucas.

.

Lucas se acaba su trago y se sirve otro.

.

Fue usted una santa

Una fuente de sabiduría

No como la suripanta

de la bruja que nos dio la vida…

A ver, Lucas.
Espera.
No. Ya no quiero escuchar.
¿Qué pasa?
¿Quién es la suripanta?
¿Quién va a ser?
Mira, pongamos las cosas claras. Hagamos un convenio.
Es un himno, déjame terminarlo. El réquiem para la Señora Roldán.
No. No. Pongamos las cosas claras.
Se murió la señora Roldán. Tu santa. Mamá se inmoló a sí misma. Ya. Cefiní. Se acabó. La vida sigue.
Hoy la enterraron, pendejo. Es muy reciente. Debo vivir mi luto.
Pues vívelo tu solito, a mí no me metas. Si quieres hablar otra vez conmigo, se acabó. No quiero que la vuelvas a mencionar, mucho menos faltarle el respeto a mamá.
Lárgate, pues. Déjame solo con esto.

.

Moisés sale de la reunión. Lucas se acaba su trago se sirve otro. Mira hacia cámara.

.

Yo sé que usted sí me ve, porque usted es omnipresente, como Dios.

Pinche corona.

Señora, yo la amo.

La amé siempre.

Gracias por todo.

Por salvarme la vida.

Por entrar en mi vida.

¿Por qué no me habló?

Digo, yo, yo, yo habría, habría…

estado con usted,

La hubiera acompañado.

Vi a su hermana.

Con todo respeto.

Qué hija de…

Me dio la cajita…

Gracias por la cajita…

Pero no entiendo…

¿Por qué me dejo esta cajita?

No hay nada en ella.

No entiendo.

No sé que voy a hacer sin usted.

A lo mejor lo que dejé pendiente.

A lo mejor regreso a ese puente.

¿Qué significa la cajita?

¿Qué putas significa?

Señora Roldán,

¿y si me lleva con usted?

De seguro tiene un buen asiento en ese teatro…

de seguro está rodeada de ángeles…

Puta madre…

Bueno, la dejo descansar…

.

Lucas sale de reunión.

.

.

.

.

.

.

SEGUNDA PARTE

.

I

Gema

.

.

No se me da esto de las citas.
¿Por qué, bebé?
No lo sé. Te agradezco que hayas aceptado.
No hay por qué.
Me dijiste, perdona. Lo olvidé. ¿En qué trabajas?
En Banco Azteca.
Ah, sí. Una vez fui.
Ya.
Me caga.
Okey.
¿No estás haciendo la cuarentena?
No, tenemos que ir.
¿Y te gusta?
No me queda de otra.
¿Te gusta tu trabajo?
Te pareces a Cantinflas, me gustas.
Ah, gracias. Qué amable. ¿Te gusta tu trabajo?
Pues no, pero no hay de otra.
Ah, ya.
Sí.
¿Qué te gusta hacer en tus ratos libres?
¿Vamos a masturbarnos o qué?

.

Moisés escupe la bebida.

.

No, bueno, espera. Espera. Necesito decirte algo.
Sácatela, anda, bebé. Te dije que me gusta mirar.
No, mira. Yo…
Ajá.
Yo, yo. Mira. No quiero que te vayas a sacar de onda.
Ajá.
Yo, yo. Me llamo Moisés.
Sí, ya lo sé, como el de Los 10 mandamientos.
Sí, ese. El barbón.
Sí.
Ajá.
Pero, bueno. No me apellido como te dije.
No importa.
Soy el hermano de Lucas.
Lucas Sandoval.
Sí… y, a ver, en feis dijiste…
Sí, perdona. No. Mira, no te vayas. Sólo quiero decirte algo.
No quiero saber nada de ese hijo de puta.
Lo sé, lo sé. Abrí una cuenta falsa en el feis.
¿Por qué?
Para que aceptaras mi amistad. Disculpa, estoy nervioso. Lucas desapareció.
Ese cabrón me debe 8 mil pesos.
No te preocupes por eso, Gema.
¿Qué?
¿Te debe dinero?
Sí.
¿Cuánto?
8.
Yo te pago.
¿Neta?
Sí.
Yo te lo pago, pero déjame hablar contigo.
¿Cuándo?
Pues, ahora.
Ahora, ¿me pagas?
No, ahora hablamos. Te pago después.
¿Y cómo creerte?
Tengo palabra.
¿Cómo la de tu hermano?
Mira, Gema. No sé cómo te llevabas con él, no sé lo que te hizo, pero quiero que sepas que en estas semanas de confinamiento, me di cuenta de algo:
¿De qué?
Era buena gente.
No.
¿No, qué?
¿De qué te ríes?
¿Por qué te ríes?
Bueno, ya. ¿Qué más?
Sólo explícame eso.
¿Qué?
¿Por qué la carcajada?
Lucas no era buena persona. Cuando anduvimos juntos se tiró a mi tía Katy.
No manches, ¿en serio? ¿Quién es Katy?
Sí. Y en mi cumpleaños.
Y en el baño de la casa.
¿Para qué me quieres? ¿Por qué me contactaste?
Por dos cosas.
Ajá.
Saber si sabes algo de él.
No. La última vez que supe algo de él, me pidió ocho mil pesos.
Sí.
Eso fue hace tiempo.
Okey. Ya lo dijiste.
¿Y la segunda?
Bueno, la más importante.
Ajá.
Quisiera, mira, quisiera ser amigo de Moi, mi sobrino.
¿Qué?
¿Qué pasa?
¿Es broma?
No. Lo juro. Hace poco me enteré que se llama Moisés, por mí.
¿Quién te dijo?
Lucas.
¿Qué más te dijo?
Que tiene 10 años.
Pues, no.
¿Qué pasa? ¿Dije algo que no?
¿Ves?
¿Qué?
Y tú diciendo que es buena gente.
Lo es, lo es.
NO.
¿Por qué?
Mi hijo murió a los 2 años. Poco después de que tu hermano se largó.
¿Es neta?
Sí.
Perdona. ¿Qué le pasó?
Un problema congénito.
Perdona.
¿Qué se le va a hacer?
Yo quería, de verdad, yo quería…
¿Tienes otro hijo?
¿Y para qué lo quieres?
No sé, para ser su tío.
¿Hablas en serio?
Sí, puedo ser su tío.
No.
¿No tienes o no quieres?
No quiero, ¿cómo crees? Es muy raro eso. Me saca de onda.
Perdón.
Está bien.
Era para/
No importa.
¿Entonces?
No me la voy a sacar.
No, el varo. ¿Cómo le hacemos?
Ah, ya. Te marco a tu cel y lo vemos.
Okey.
Gracias, Gema.
De nada.

.

Gema sale de reunión al igual que Moisés.

.

Moisés marca desde su cel.

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.

.

.

.

.

II

Moisés y Gema

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Muchas gracias por estar aquí, Gema.
N’ombre. Para nada.
De verdad, gracias.
Es un placer. ¿De qué quieres hablar?
De lo que tú quieras.
No, no lo creo.
Sí, por favor.
No, así no va a funcionar.
¿Por?
Tú me pagas por estar aquí. Yo con gusto te escucho.
Bueno, pero puedes hablar de cosas.
No, gracias. Yo te escucho, en eso quedamos.
¿No quieres realmente estar aquí?
No, sí. Sí quiero. No te confundas.
Pero lo haces por dinero.
Pues sí, Moisés.
Si no te pagara, no estarías aquí.
Pues no, Moisés.
¿Dónde estarías?
Viendo Netflix. No sé.
Bueno, eres honesta.
Por lo menos no me mientes.
No.
Está bueno. Quiero hablar de Lucas.
De lo que quieras está bien.
No aparece.
¿Quién?
Lucas. No lo encuentro.
Lo siento.
Fui a su casa. Simplemente desapareció. Hablé a sus contactos. Nada. Fui a los hospitales aledaños. Nada. Fui a la Semefo. Nada.
Chale, qué mal.
De la chingada, Gema. De la chingada.
¿Y si se fue la ciudad?
Imposible. Estaba haciendo la cuarentena.
Fuiste a ver a los enfermos.
Fui a ver a esos putos enfermos.
Oye, no.
¿Qué?
No les digas así.
Sí. No es eso.
Pero no les digas así. Mi tío Chema murió por ese virus y era muy buena gente.
Perdón, ¿era hipertenso?
¿Dónde más lo buscaste?
Debo decirte algo. Quiero que sepas algo de mí.
¿Qué?
Algo me pasó.
¿De qué o qué?
Cuando buscaba en uno de los hospitales a Lucas.
Sí.
Pues, me tocó ver en urgencias a un hombre que había sido atropellado… Llegó en una ambulancia. Los paramédicos lo bajaron y lo ingresaron. Cuando pasó, a unos cuantos metros de mí, me percaté que una línea de sangre muy delgada dejaba un rastro en el suelo. La camilla se alejaba y yo veía los metros de hilo rojo en el piso. Yo, yo. Pues estoy jurado, pero por un momento quise, con todas mis fuerzas, darle una lamida al suelo.
¿Lamer el suelo del hospital?
Sí.
¿Neto?
Sí.
Ah.
¿De qué te ríes? Oye, es algo íntimo. No te pago para que te burles de mí.
¿Cómo no quieres que me ría?
No es gracioso. Es algo, es algo/
Sí, es gracioso. Perdona. Pero sí es gracioso.
Oye, oye. Es en serio.
¿Es en serio?
Sí.
¿En serio? ¿De verdad?
De verdad.
¿Puedo expresar mi opinión?
No.
¿Por qué?
Sólo quiero alguien que me escuche.
Una pregunta.
Sí.
¿Por qué no contratas un psicólogo? Tengo un tío…
¿El tío Chema?
No. Él está en el Panteón Jardín.
Sí. Perdón. Se murió. Sí.
Es mi tío Ramón. Él es psicólogo y cobra más barato que yo. Mira, a mí no me conviene, pero te lo digo en buena onda. Creo que necesitas hablar con un profesional.
Tú eres una profesional.
No soy profesional.
Pareces profesional.
Trabajo en Banco Azteca. ¿Qué de profesional tiene ese banquito cutre?
Me cagan los bancos.
¿De dónde sacas que soy una profesional?
Te quiero a ti, no a tu tío Ramón.
Pero ni siquiera me dejas opinar.
Bueno, está bien.
¿Qué?
Opina.
Opina, opina.
Ok. Mira, Moisés. Yo sé que en el fondo, eres buena gente. Me pagaste la deuda de tu hermano y querías genuinamente conocer a tu sobrino. Te creo. Eso no está en duda. Eres un hombre bueno. Pero, ¿qué pedo contigo? No mames, Moisés. ¿Qué es eso de la sangre? ¿Del hospital?
Me gusta la sangre, qué quieres.
¿Bebes sangre?
No ahora. Estoy jurado.
¿Jurado, cómo?
Me vi con Lalo por zoom, el de la parroquia, para jurarme.
¿Quién es Lalo?
El cura.
¿Y ese cura, qué?
Pues, nada. Él sabe que soy vampiro.
A ver, el cura sabe, ¿vampiro?
A ver, Gema, concéntrate.
Es que todo es muy/
Sí, soy vampiro. Ya, supéralo. Necesito la sangre. Es algo, es algo/
Ramón es bueno. Deberías hablar con él.
A ver, me vale verga Ramón.
No, no, no.
¡Yo te quiero a ti!
No voy a permitir que te pongas grosero.
Es que no me escuchas.
Pues es que no es fácil, sí, está bien, me pagas, pero estar escuchando ese tipo de cosas, pues mira, no soy una planta de interiores. Te pones a hablar esas cosas, pues yo tengo que reaccionar. ¿Qué esperas? ¿Que ponga cara de profesora?
Sí. De maestra de secundaria.
No puedo.
De maestra de civismo.
No puedo poner cara de maestra de civismo.
¿Por qué?
No puedo.
Sólo escucha y ya.
Estás más pendejo que Lucas.
¿Qué?
No, nada.
¿Qué fue lo que dijiste?
Nada.
Te escuché.
Bueno, ya perdón.

.

Moisés sale de la reunión.

.

Moisés. Moisés. Chale…

.

Gema sale de la reunión.

.

.

.

.

.

.

.

III

Sra. Roldán

.

¿Es una broma?
No, mi’jo.

.

Moisés sale de la reunión.

.

Chale. Bueno, éste…

.

Moisés entra a la reunión.

.

¿Es una grabación?
No.
Pero/
¿Qué?
Usted, Lucas me dijo que usted/
Pues, sí…
Usted se murió y le dejó una cajita.
Pues, sí…
¿Y qué hace aquí?
Pues, nada, mi’jito.
Lucas me lo dijo.
Y no mentía.
¿Qué madres es esto?
Resucité.
Ah, chingá.
Y tú eres un vampiro.
¿Resucitó?
Así es.
¿Por qué?
Los por qués son inextricables. Pertenecen a un orden superior.
¿Y por qué me/?
No lo sé. Me siento un poco atarantada.
¿Por qué me busca a mí? ¿Dónde está Lucas?
No lo sé.
Mire, pinche vieja. Si usted resucitó y me mandó una invitación para charlar por esta madre y no sabe dónde diablos está mi hermano, entonces no le creo nada.
Mira, hijo. Te paso lo de “pinche-vieja” por que sé que estás confundido. Naciste confundido.
¿Por qué dice eso?
Porque estás confundido.
¿Y por qué está aquí?
No lo sé muy bien.
Conteste.
A veces, no todo es claro. A veces tengo cosas qué hacer que no dependen de mí. ¿Lo entiendes?
No.
Dios habla a través de mí.
¿Y qué le dice ahora?
Ahora no me está diciendo nada.
¿Lo ve?
Óyeme, Dios no es una guacamaya. Pero/
Pero, ¿qué?
Quiero aclarar algo.
¿Qué?
Yo no te hice nada, mi’jo.
¿Qué?
Lo que oíste.
Yo no te hice nada.
Nada.
Yo sólo tengo que decirte algo.
Pues dígalo.
Es un recuerdo borroso.
Pues dígalo.
Borroso.
Oh, que la chingada.
Mira, mijo. Tienes que poner de tu parte. No puedes andar de injurioso. Contrólate. ¿Quieres que me largue? Me largo.
No, está bien.
¿Vas a seguir de grosero?
No.
Bueno.
Yo no te hice nada.

Yo siempre quise lo mejor para ustedes.

Y yo me di cuenta de lo que pasaba en esa casa desde el primer día que estuve ahí.

Tu madre era una vampira.

Una alma enferma.

Todo era rencor en ella.

Y se desquitaba con ustedes.

Sobre todo contigo.

Te hizo cómplice de su enfermedad.

Te jodió la vida.

Y no sólo eso.

Una noche salí al pasillo para ir al baño. Y en el baño estabas tú, inconsciente. Y tu madre te hacía cosas.

¿Cómo, cosas? ¿Qué cosas?
Pues, ¿qué va a ser, Moi?
Eso es mentira.
A ver, Moisés. ¿Qué caso tendría entonces que Dios, después de resucitarme, me mandara aquí contigo?
Dios es caprichoso.
Dios no es caprichoso. Nosotros somos caprichosos. Nosotros somos niños. Niños idiotas, es más. No comprendemos. Yo no intento explicarlo. No hay explicación. Si te pones a explicar sus designios, querido Moi, ya valiste madres. Estoy aquí para compartirte lo que yo vi, porque necesitas saberlo.
Usted no es una santa, usted es una hija de la chingada.
¿Ya comenzamos?
Perdón.
Contente. Respira. Lo que te digo es verdad.
¿Qué más pasó?
Mira, hijito. Pues, yo vi a tu madre en el baño, de espaldas a mí. Y le dije:

¿Qué chingados haces?

Ella se volvió, y con el pie quiso cerrar la puerta del baño.

Yo se lo impedí.

Ella se levantó, me encaró.

Todo en silencio.

Y yo le di un cabezazo en la mera nariz.

Haz de cuenta que se abrió un grifo de sangre.

Se fue riendo a su cuarto, dejando una estela morada por el piso.

Yo te vestí, abriste los ojos y comenzaste a gritar.

Te pedí que te quedaras a dormir en el sillón de la entrada.

Te lo pedí.

Pero tú querías regresar al cuarto con ella.

Tu hermano salió. Yo sólo le dije: Moisés debe dormir en el sillón de la sala.

Siempre debe dormir en la sala.

Lucas se quedó contigo hasta que te dormiste.

Yo limpié la sangre del pasillo y me quedé haciendo guardia afuera del cuarto de tu madre.

Cuando abrió la puerta le dije que si te volvía a tocar, le sacaba las tripas.

Usted no es una santa.
No, mi’jito. ¿Quién te dijo que yo soy una santa?
Lucas.
Eso lo dice porque me quiere mucho.
¿Entonces no hace milagros?
No, mi’jo. Yo sólo cuento historias.
¿Y mi hermano?
No lo sé.
¿Está muerto?
No lo sé.
¿Y entonces, usted no resucitó?
Sí, eso sí.
¿Pues no que no hacía milagros?
Yo no lo hice, niño. Fue Dios.
Bueno, si me disculpa.
¿Qué vas a hacer?
A darme unos buenos putazos o a ponerme borracho.
Sale, cuídate.
Hasta luego, señora Roldán.

.

Ambos salen de la reunión.

.

.

..

.

.

.

IV

Gema

.

Sé que debes estar enojado conmigo.
No. No pasa nada.
¿En serio?
Sí.
Bueno, sólo quería que charláramos.
Sí, pero no te voy a pagar.
Está bien.
¿Y de qué?
Mira…
Sí.
Yo…
Sí.
Quiero contarte algo.
¿Qué?
Después de nuestra primera reunión.
Sí.
Me puse a revisar un viejo armario que tengo.
Ajá.
Ahí hay una caja con recuerdos.
Sí.
En esa caja hay una serie de cartas.
¿Cartas de quién?
A eso voy. A ver. ¿Me dejas hablar?
Sí.
¿Por qué estás nervioso?
No sé.
¿Por qué estás nervioso? Bueno, en esa cajita, aparte de cartas hay, bueno. Mira, Moi, esto es muy personal. Pues, mira. En esa caja había fotos cachondas.
¿De quién?
Pues ¿de quién va a ser, Moi? Mías y de algunos amantes. Pues, tú sabes, Moi. La pasión. Antes no había celulares, ni packs, ni tinder, ni nada. Antes nos tomábamos fotos cachondas.
¿Por qué me cuentas eso?
Porque tengo unas de tu hermano.
¿Por qué me cuentas eso?
Porque estuve viendo las fotos.
¿Y a mí qué?
A ver, Moi. Si te cuento parte de mi intimidad no es de forma gratuita. ¿Tú crees que le ando contando a cualquiera mi intimidad?
Sí.
Bueno, pues sí, pero es mi decisión.
Okey.
Además, a ti no te veo en ese plan, lo hago porque quiero ayudarte.
Sí, sí. Perdona.
Pero si quieres la dejamos aquí.
No, no.
De verdad.
No, está bien.
Bueno. Tu hermano tiene unos tatuajes.
Sí, lo sé.
¿Qué es lo que sabes?
Lo de los tatuajes. Tiene un pelícano, un tigre…
Una sirena.
Sí, la sirena. Una cruz y la cara de Lucía Mendez.
Sí, y un código de barras.
¿Qué?
Un código de barras tatuado.
¿Dónde?
Pues… no te puedo decir, Moi.
¿Y para qué madres me dices?
Mira, Querido me dijo que…
¿ Querido?
Así se llama, Querido, es mi amigo.
¿Tienes un amigo que se llama Querido?
Sí.
Así le dices de cariño, o así se llama.
Así se llama.
¿De verdad?
Sí. Bueno, Querido es muy buena persona, confiable y vacilador. Me encanta como baila salsa. Seee. Bueno. Querido en sus ratos libres juega videojuegos, hakea cuentas y expone a empresas que hacen transas. O a señores que quieren comprar niños en Acapulco, ¿entiendes?
Sí. ¿Y qué gana él?
No gana nada. Lo hace porque le gusta. Lo hace porque es bueno.
Ya.
Querido escaneó el tatuaje del código de barras.
Sí.
Y estuvo investigando.
Sí.
El código de barras era un criptograma.
¿Y eso qué es?
Como un acertijo.
Ajá.
El caso es que todo está relacionado con una empresa japonesa de licuadoras.
Ah.
Querido se puso a indagar más. Y resulta que la empresa de las licuadoras es filial de una empresa de androides.
Ya, es todo.
¿Qué me quieres decir?
Querido dice que Lucas es un androide fabricado por una empresa japonesa.
Mira, Gema. Yo agradezco de verdad que estés aquí. Que no quieras cobrarme, pero creo que ustedes han ido demasiado lejos.
¿Ustedes, quiénes?
La señora Roldán, Lucas y tú.
¿Por qué lo dices?
Porque saben que, porque se agarran de mi aparente desvarío, mi condición de vampiro inmortal. Mi fragilidad en esta puta pandemia. Y me quieren entretener con sus historias, sus mentiras y sus extravagancias. Estoy harto de sus mentiras. De que todos quieran aprovecharse de mí. A lo mejor esto es una pesadilla y ustedes…
Yo solo quiero ayudarte.
Ustedes son voces en mi cabeza.
Eso explica todo.
¿La pesadilla?
No, que Lucas sea un androide. Por eso dormía siempre con los ojos abiertos. Por eso podía durar horas con el fierro inflamado…
Ya/
Querido piensa llegar al fondo de esto…
Querido, nadie se llama querido, nadie se llama así.
Porque, según Querido, puede ser que hayan inoculado a tu hermano como parte de un experimento mundial.
¿Cómo?
Meter a un androide en una familia disfuncional.
A lo mejor ahora Lucas está en Japón y una serie da científicos japoneses le están sacando la sopa. A lo mejor, tiene un chip con un chingo de recuerdos, fotografías y madre y media que les sirva a la ciencia. A lo mejor, todos nosotros con nuestras vidas de mierda vamos a aparecer en un documental de Netflix y nos haremos muy famosos. Y nos van a entrevistar. Y nos van a llevar de viaje a Europa y a Japón.
¿Tú crees?
Sí, Moi. Querido no miente. Está muy cabrón.
Pues sí, a mí me gustaría ir a Japón.
A mí también.
Pero… Ningún androide se pone las guarapetas que Lucas se ponía. A mí se me hace que ese código de barras fue una ocurrencia sin sentido y Querido tiene muchos problemas.
Qué poca fe tienes en la humanidad.
Sí.
Sale, pues te dejo.
Sí.
Bye.

.

Ambos salen de reunión.                          

.

.

.

.

.

.

V

Sr. Nishiyama

.

Esto es el colmo.

Para qué me quería.

Hable, señor Nishiyama.

¿Para quién trabaja?

Señor Nishiyama.

¿Para quién trabaja?

Yo no sé qué le habrá dicho Gema y su amigo Querido.

¿Qué soy yo para usted?

¿Su conejillo de indias?

¿Sabe qué?

Oiga, ¿habla español?

Ande, muévase. Diga algo.

Señor Nishiyama.

¿Para qué me mandó invitación?

¿Qué quiere de mí?

¿Qué busca?

Ellos tienen problemas, señor Nishiyama.

Ella es una pornógrafa y él, y él, pues él juega videojuegos.

Ellos se aprovechan de que se fue mi hermano.

Videojuegos.

Mi hermano desapareció.

¿Con qué intenciones está aquí?

¿Qué quiere de mí, señor Nishiyama?

Desapareció.

Hábleme, por favor.

¿Qué soy yo para usted?

¿Su conejillo de indias?

.

El señor Nishiyama pone en google-traductor la expresión conejillo de indias y se escucha: Morumotto.

.

Morumotto.
¿Qué?
Morumotto, no. Morumotto, no.
No soy Morumotto, soy Moisés.
Morumotto, no. Co-ne-ji-llo, no.
¿Qué soy?

¿Qué soy?

.

El señor Nishiyama se encoge de hombros. Hace algunas anotaciones.

.

Si no soy morumotto, ¿qué soy?

.

El señor Nishiyama pone en google-traductor la expresión: ¿Qué soy? Y se escucha en japonés: Sore wa watashidesu.

.

El señor Nishiyama se ataca de la risa.

.

¿De qué se ríe?

Ya, señor Nishiyama.

No me da gracia.

No es gracioso.

¿De qué se ríe?

Tengo cosas qué hacer.

¿Qué es lo que quiere de mí?

Mire, yo no sé quién sea usted, ni a qué se dedique.

Pero debe saber que lo han engañado.

Lo engañaron.

Yo soy una persona normal.

Si usted me conociera, se daría cuenta, señor Nishiyama.

¿Por qué anota?

¿Qué es lo que anota?

¿Por qué me observa así?

Vampiro.
¿Qué?

¿Qué fue lo que dijo?

¿Quién le dijo?

Mire, usted no sabe nada. Aquí las cosas no son como allá. Aquí no hay un sol tan grande, ni esos paisajes con árboles imposibles.

Yo solo quiero.

Yo solo quiero, señor Nishiyama.

Mi hermano no era un androide.

Mi hermano era un cabrón.

Pero no era un androide.

Y yo, y yo…

¿Usted tiene hermanos, señor Nishiyama?

¿Usted sabe lo que es compartir el dolor de la infancia?

¿Sabe qué?

Váyase al diablo, puto japonés de mierda.

.

El señor Nishiyama pone en google-traductor: puto japonés de mierda. Se escucha: Kuso Nihon no kuso.

.

¿De qué se ríe?

Usted es igual a todos ellos.

¿Sabe qué?

Yo no comencé el confinamiento con esta pandemia.

Yo lo comencé desde hace años por personas como usted.

Ustedes, ustedes…

Ya lo había olvidado.

Ya se me había olvidado por qué no me gusta salir a la calle.

Llevo años encerrado.

Sólo salgo para lo indispensable.

Con razón.

Y, ¿sabe qué?

Mejor así, señor Nishiyama.

Mejor así.

¿Qué hora es allá?

Usted, ¿dónde está?

¿Por qué me contactó?

¿Qué hora es allá?

¿Dónde está?

¿Dónde está?

¿Quién le dijo de mí?

¿Quién le dijo que yo soy vampiro.

Vampiro.
Sí, ¿quién le dijo?
No, Morumotto. Morumotto, no.
Ajá.
No, Morumotto.
Ajá.
¡No, no, no, Morumotto! ¿Qué soy? ¿Qué soy?

.

El sr. Nishiyama se ataca de la risa y sale de reunión.

.

Moisés se queda solo.

.

.

.

.

.

VI

El asno y el mercader

.

Sra. Roldán

.

S:   ¿Cerraste la llave de gas?

M:   Sí.

A:   No te duermas.

M:   No, no. Me decía algo…

S:   Sí. Era un mercader que vendía sal en los mercados.

  Cuando comenzó a tener problemas en las lumbares, se compró un asno.

  Con el animal, el mercader cargaba varios costales de sal a la vez.

Un día, en el camino de regreso a su pueblo, pasaban por un río y el asno resbaló sumergiendo los costales en el agua. Cuando se incorporó sintió alivio, pues el peso se había reducido considerablemente por la sal diluída.

  El asno se puso re contento.

  El mercader, no.

Regresó a la costa con el asno para cargar nuevamente los costales, ahora con más peso, y al pasar por el río, el asno tropezó, a propósito, para librarse de su carga.

  El mercader acusó la trampa del asno.

Regresaron a la costa, pero esta vez el mercader cargó con cientos de ligeras esponjas la espalda del burro.

Al cruzar por tercera vez el río, el asno se aventó al agua. Las esponjas, bien afianzadas a su espalda, absorbieron el agua y el peso causó que el animal se ahogara.

Antes de morir, lo último que vio el infame tramposo fue al mercader, cagado de risa, a través del agua cristalina.

M:  ¿Por qué me cuenta eso, señora Roldán?

S:  Tú sabes por qué, hijito.

.

Gema

.

M:   ¿Y tú qué haces aquí?

G:   Hablé con Querido.

M:   ¿Y qué te dijo?

G:  Hablé con él.

M:   Sí, y ¿qué te dijo?

G:  Me dijo que el señor Nishiyama no es de fiar.

  Debes mantenerte alejado de él.

  Es un informante de una gran empresa.

  Una de sus filiales fabrica androides.

Querido está por entrar a su computadora, una vez que lo haga, se abrirá una enorme caja de pandora.

  Dice que esto es importante.

  Por eso debes alejarte de él.

  Y no hablar con nadie.

  Enciérrate en el clóset.

  Cultiva en el patio de tu casa.

  Debes ser autosustentable, Moi.

  No salgas.

Mi amigo dice que pronto Netflix producirá una serie basada en sus vidas, pero hablada en inglés.

M:  No creo.

G:  Con Matt Damon.

M:  ¿Por qué Matt Damon?

G:  No puedes seguir en contacto con el tal Nishiyama.

M:   Sí. Lo mandé a la verga.

G:   Ah, cabrón. ¿Con esa boquita comes?

M:   ¿Qué problema tienes con mi lenguaje?

G:   Sólo quiero ayudarte.

M:   …

G:  ¿Has sabido algo de Lucas?

M:   No.

G:   Yo soñé con él.

M:   ¿Y qué te dijo?

G:   Me pidió una disculpa. Me abrazaba fuerte.

M:   Ah, qué bien.

.

Sra. Roldán: Me acuerdo de esta mensa.

G:   ¿Y ésta quién es?

M:   La señora Roldán.

G:   ¿Y cómo se metió aquí? ¿Tú la invitaste? Mensa, su abuela, vieja grosera.

M:   No.

G:  ¿Quién la invitó?

.

Moisés se encoge de hombros.

.

Sra. Roldán: Tú hiciste sufrir mucho a mi Lucas.

G:   Y usted, ¿qué sabe de mí?

S:   Yo sé cosas que tú ni imaginas, mi’jita.

G:   Dile que se vaya.

M:   No se puede salir.

G:   ¿Por qué?

M:   Sus leyes son otras.

G:   ¿Por qué?

M:   La señora Roldán colgó los tenis.

G:   ¿Se murió? Ajá.

M:   Sí, se murió.

G:   ¿Y qué hace aquí?

M:   Pues sepa Dios.

G:   ¿Cómo sabes que se murió?

M:   Me dijo Lucas.

G:   ¿Ya regresó?

M: No, no, no ha regresado. Antes de que se largara, me lo contó. El día que se fue, estuvo en su funeral.

  Le dieron una cajita.

  Y al tercer día, la señora Roldán resucitó.

.

Gema se ríe.

.

G:   Esto es demasiado, Moisés. No se puede contigo.

M:   ¿Qué es demasiado?

G:   Vives en un mundo imposible.

M:   Mira quién lo dice.

  Tú eres quien comentó cosas privadas con ese tal Querido.

  Tú eres la que colecciona pornografía.

Tú eres quien comenzó a descifrar tatuajes íntimos y me enredó con un puto japonés que sólo me decía: morumotto, no.

G:   Eso es otra cosa.

  No me cambies el tema.

  ¿Cómo puedes creerle a esta señora?

S:   Yo sí te conozco a ti, mi’jita. Sé muy bien quién eres.

G:   ¿Cómo es que me conoce?

S: Yo siempre he estado muy cerca de Lucas. Yo siempre lo he cuidado. Yo velo por él y rezo por él todas las noches.

.

Aparece señor Nishiyama.

.

Sr. Nihiyama

.

No, conejillo.

Conejillo, no.

.

Risa.

.

Morumotto, no.

Morumotto, no.

Morumotto, no.

.

Risa.

.

¿Qué soy?

¿Qué soy?

.

Risa.

.

Puto japonés.

.

Risa.

Gema

.

Vives en otro mundo y no distingues lo que sucede en realidad. No tienes idea de lo que sucede. Querido tiene razón. Somos parte de un experimento que lo único que busca es inocular el caos en nuestras familias. Por eso hablas de vampiros, de santas chafas y madre y media. No sabes nada. No sabes nada. Tienes que enfrentar la realidad y asumirla.

.

.

Sra. Roldán.

.

Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas de la ciudad.

Mas los perros estarán fuera, los putos perros y los hechiceros, los violadores, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que practica la mentira.

.

.

Moisés se levanta y sale de cuadro.

.

La Sra. Roldán, Gema y el Sr. Nishiyama salen de reunión.

.

Entra Lucas a reunión.

.

Moisés.

Moisés.

Aquí estoy.

Moi.

Moi.

.

Moisés se asoma a cuadro.

.

¿Lucas?
Sí.
¿Dónde putas estabas?
Bueno, es difícil de decir.
¿Dónde estabas?
Hablé con Chema, con Pepe, con Evaristo. Nada. Fui a los hospitales. Nada. Fui a la Semefo. Nada. Hablé con Gema.
¿Hablaste con ella?
Sí, ya sé que no tienes ningún hijo que se llame como yo.
Perdón.
¿Dónde estabas?

¿Tienes un tatuaje en forma de código de barras?

¿Eres un puto androide?

¿Viste a la señora Roldán?

¿Supiste que resucitó?

¿Por qué me has mentido?

Yo solo quiero que todo vuelva a ser como antes.

¿Cómo?
Como cuando éramos niños.
No se puede, Moi.
Pero solos tú y yo.
No se puede, Moi.
Ella me dijo.

Ella me dijo.

Ella dijo que tú me querías ayudar.

Eso me dijo la señora Roldán.

Me dijo que te quedaste conmigo esa noche. Que me cuidaste.

Eso me dijo.
Es una santa.
Hablaste en presente.
¿La viste?
Sí.
¿Cómo fue? ¿Dónde estabas?
La vi con unas enormes alas volando hacia el dintel de mi ventana. Vestía con unas telas de pintura renacentista, se veía radiante. Me sonrió y yo le pregunté por la cajita. No me dijo nada, pero pronunció tu nombre y se sonrió. Después me vine a casa.
¿Dónde putas estabas?
Bueno, ya estoy aquí, ¿no?
¿Eres un androide?

.

Después de un momento Lucas niega con la cabeza.

.

¿Por qué tienes ese tatuaje con un código de barras?
¿Quién te dijo?
Contesta.
Todo este tiempo, ¿estuviste en algún laboratorio?
No.
¿Fuiste a Japón?
No.
¿Por qué tienes ese tatuaje?
Eso es algo privado. Gema no debió/
Contesta.
Fue una apuesta, ¿ya?
¿Apuesta de qué o de qué?
No soy un androide, carnal. Soy Moisés Sandoval Pérez. Tu hermano. Tengo diabetes e hipertensión arterial.
¿No lo eres?
No.
¿No soy un conejillo de indias?
No.
¿Estás seguro?
Sí.
¿Dónde estabas?
Lejos.
¿Dónde?
No importa.
Sí, para mí, sí.
¿Para qué quieres saber?

.

Lucas sale de reunión.

.

¿Quién soy yo, el asno o el mercader?

¿Quién soy?

¿Cuántos murieron en el incendio?

Tengo sed. Tengo un chingo de sed.

No me gustan los perros, Lucas.

Prefiero, prefiero/

Agradezco que hayas estado esa noche.

Gracias por existir.

¿Dónde estabas?

Yo no quiero ahogarme, Lucas.

Yo no quiero ahogarme.

Yo…

Yo…

.

Lucas se queda inmóvil y en silencio un largo momento. La imagen se corta a negros.

.

FIN

.

.

.

 

 

Luis Ayhllón es uno de los más reconocidos dramaturgos mexicanos. Ha sido ganador del Premio Bellas Artes de Obra de Teatro para Niñas, Niños y Jóvenes Perla Szuchmacher 2020 por la obra Pequeña Nube de Magallanes; el Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz (2015); finalista del Premio Internacional Born de Teatro (España, 2010); ganador del Premio Nacional de Literatura, en la rama de teatro (2006); del Premio Nacional de Dramaturgia Manuel Herrera (2004); entre otros premios y reconocimientos.

Ha estrenado alrededor de 40 obras en ciudades de México, Estados Unidos, Europa y Latinoamérica.

Cuenta con alrededor de 20 publicaciones. Su obra ha sido traducida al francés, inglés y griego. Su antología Les chameaux et autres pièces, fue presentada por el prestigioso académico y dramaturgo francés Joseph Danan, en la ciudad de París, en 2014.

Su trabajo en cine incluye el guión y la realización de los largometrajes Dodo (2014); ganador del premio a Mejor Director en el Primer Festival Internacional de Cine de Acción, Sevilla, España 2015; La extinción de los dinosaurios (2014); nominada al premio Ariel al Mejor Guión Adaptado y Nocturno (2016), Ganadora al Mejor Largometraje en UK Film Festival (Londres); selección Oficial en Los Angeles Film Festival (2017) y el Festival Internacional de Guadalajara (2017).

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