ISSN 2692-3912

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Cuatro poemas

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Los días a la sombra de mí misma

          yo que fui luz y del amor

                                             ave de paso

enciendo hoy la ventana

el horno

los nuncamás

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ardo y soy memoria

al pie de la escalera

con la casa mirándome.

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Nadie ha visto el fuego

                               aún

podría decir estoy asando chiles

pero es sólo cigarro y sombras

el olor de estos días.

 

Si la vida fuera aquel domingo, un libro

entre las manos leernos, el olor

de un guiso hirviendo, si la vida

fuera una noche, mirando de lejos

volcanes y luces. Ya casi invierno

pero no llovía y la marcha avanzó,

avanzamos nosotros para comer ahí

en el mismo sitio, cada septiembre;

pero es junio y no hay ollas, ni marchas, ni libros,

tampoco llueve y somos estos.

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Si la vida fuera un correr, un dejar, un espacio

de pausa. Si los ojos fueran nuestros, pero están

en cada cuerpo. No se miran, no hay sombra.

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No hablaré de lo que dejamos

ahí, donde el mar

se hizo curva, cuando todavía

la luz

había sido siempre luz.

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Si la vida fuera una tarde y contarnos

canciones que nadie escribió, si la vida

fuera otro trago, otro viaje, otra vez

tocar tu pierna. La luna mengua y el mar

moviéndose. Recuerda que todo fue:

agua, viento, hogar. Nada más.

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Un grano de sal sobre la mesa.

Una luciérnaga volando el día.

En algún sitio el mar

redondea el tiempo en una piedra;

un chocar de memoria

contra memoria.

En la orilla de un sueño

un solo silencio basta para invocarte.

Tu cuerpo no cuerpo, se acerca

y un aroma, inventado, existe.

Mis no brazos, miedosos y quietos

quieren responder, palpar.

Es la esquina de un deseo.

No es mi cuerpo el que te llama.

Alguna noche el mar es sólo sonido

un sitio al que nunca llegamos,

se mueve.

Cuerpo que no es ola

ni tempestad.

Algunas noches, el mar

es sólo sonido tejiendo arena.

 

Mi abuela tenía las caderas anchas. 

Pudo haber dado a luz un ejército numeroso

pero tuvo sólo dos partos: una cuadrilla reducida,

suficiente para llenarle la vida de incendios.

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Mi madre tenía las caderas altas y discretas.

Se abrieron una vez y otra vez no. Decidió la ciencia

que fuéramos par, aunque la estadística tendía a una y muerto.

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Mi tía tiene las caderas más bien bajas.

A ella se le estiró la piel ya estirada, apenas en cicatriz;

tres salieron de su vientre.

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A mi madre y mi tía

se les ha ensanchado

el modo de andar.

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Dos mujeres han parido sangre de mi sangre.

Mi prima abrió sus propias caderas para traer otra niña.

Somos un matriarcado sin disimulo.

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Bisabuela mi abuela, tía mi madre, abuela mi tía.

Yo: tía que baila y cuenta, que cuenta y anda.

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Mis caderas fueron siempre más bien escuálidas.

Las distancias y las muertes las redondearon.

Quizá se me abrieron

          por dentro

para darme a luz

cada vez que nada me estaba naciendo.

 


Mercedes Alvarado Author of Nombres propios (Elefanta, 2023), awarded as Book of the Year 2023 by the National Editorial Chamber in Mexico, Días de luz larga (Elefanta, 2020) and Apuntes de algún tiempo (Verso Destierro, 2013). She produced Y hasta la muerte amar (2017), a collection of poetry with ilustration and two poetry-shortfilms. Some of her poetry has been published in México, USA, Spain, Portugal and Colombia. Her creative work has been performed in several venues in Norway, Sweden, Indonesia and México.

Tiempo nostálgico y tiempo anhelado

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Tiempo nostálgico y tiempo anhelado. De la anacronía a la referencia reflexiva

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El tiempo es un tema concerniente a lo fantástico, advierte Julio Cortázar (43-56) durante sus clases en Berkeley y lo sostiene con tres ejemplos: el primero de ellos es el cuento “El milagro secreto”, de Jorge Luis Borges: un dramaturgo judío es apresado por los nazis y condenado a muerte por fusilamiento. La ejecución está programada para el 29 de marzo de 1939 a las nueve de la mañana. Jaromir Hladik tiene un drama inconcluso, Los enemigos, y anhela finalizarlo. El Creador concede al dramaturgo un año en el que el universo físico se detiene para completar su obra. Así sucede, él finaliza su drama momentos antes de que las balas lo derriben.

El segundo ejemplo es parecido al anterior, se trata del cuento “Incidente en el Arroyo del Búho”, de Ambrose Bierce: durante la Guerra de Secesión, Peyton Farquhar, un civil simpatizante del ejército confederado, es capturado por el enemigo y condenado a la horca sobre el puente del Arroyo del Búho. Al momento de caer el cuerpo, la cuerda se rompe y, con muchas dificultades, logra escapar. Peyton esquiva las balas y camina todo el día y toda la noche hasta que llega a su hogar y se presenta con su esposa. Lamentablemente, la fuga sucede nada más en su imaginación. Su cuerpo cae rompiéndosele la nuca.

El tercer ejemplo es un cuento del mismo Cortázar, “La isla a mediodía”: un sobrecargo, cansado de su rutina laboral, decide pedir una larga licencia para conocer la isla griega que continuamente observa durante los vuelos del avión en el que trabaja. Llega a la isla, la explora, es aceptado por los pescadores que en ella habitan, le dan una cabaña, siente que es el lugar donde pasará el resto de su vida. Al mediodía, el hombre escucha el avión que cruza los cielos de la isla, pero ahora se desploma sobre el mar. El sobrecargo nada intentado rescatar a algún sobreviviente; sólo logra sacar el cuerpo sin vida de él mismo. Este tercer ejemplo tiene la particularidad de mostrar explícitamente la duplicidad del personaje que en un tiempo va volando en el avión y al mismo tiempo está habitando en la isla. ¿Cómo sucede esta aberración? Cortázar explica:

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Escribí el cuento […] con la sensación de que en algún momento hay un desdoblamiento del tiempo, lo cual significa un desdoblamiento del personaje. […] Aquí el personaje se desdobla también: el hombre viejo, el que no puede cambiar, que está atado por el tiempo nuestro, sigue en el avión. Pero ese hombre nuevo, que quiere acabar con todo lo que parece trivial, estúpido y artificial, que abandona todo […] y se embarca para ir a vivir primitivamente en esa islita que se ha convertido en el centro de su propia vida, ése también es él pero en un desdoblamiento que sólo dura el tiempo que le es dado vivir esa felicidad. (56).

 

Se puede hablar de un tiempo del anhelo y un tiempo de la nostalgia. El tiempo del anhelo se instala en el querer ser del personaje, en lo que quisiera que ocurriera, pero no ha sucedido en el presente continuo (en el estar siendo) y sólo es posible como una proyección hacia un futuro paralelo. El tiempo de la nostalgia se instala en la memoria del personaje, en lo que ya ocurrió y quisiera seguir en ese estado, pero tampoco es posible desde su estar siendo y sólo puede suceder como una proyección hacia el pasado paralelo. Esta segunda forma del tiempo, que he llamado tiempo nostálgico, se observa en el cuento “El decurión”, de Abelardo Castillo: Moraes desaparece abandonando a su esposa e hijos. El narrador testigo cuenta (con efecto realista) que los vecinos suponen una fuga de Moraes con otra mujer, pero que la verdad (conjetura el narrador) es que Moraes se fue a buscar en qué momento le habían cambiado de vida. Mientras en el cuento de Cortázar, el protagonista se divide entre su querer ser y su ser; en el de Castillo, Moraes, ya adulto, se entera mediante la conversación con su anciana tía que él vivió una infancia en dos lugares diferentes al mismo tiempo. Así, en el tiempo diegético e imitativo de la realidad, Moraes fue dos personas en circunstancias diferentes que luego, en algún momento, se juntan en su estar siendo del aquí y ahora. Lo trágico, tiernamente trágico, está en esa sensación que mantiene el personaje de que le hayan robado su otra posibilidad de vida. Así se percibe cuando Moraes le enseña una vieja fotografía al narrador:

 

—Supones —dijo Moraes—. Lo sabés perfectamente; éramos muy amigos en ese tiempo. Sabés que debo ser ése, pero no podés concebir que ése haya llegado a ser yo. Porque, decime: ¿cómo se llega a esto? ¿Cómo llegué a pesar 120 kilos? ¿Cuándo dejé de quererla a Elisa? ¿Cómo hice para estudiar abogacía y cuándo empezó a gustarme, si yo detestaba hasta Instrucción Cívica? Escuchame, ¿te acordás de la Sinfonía en gris mayor? El mar como un vasto cristal azogado, y todo lo demás. Miré los muros de la patria mía. Serán ceniza, mas tendrán sentido. Aljaba, almena, almohada, esas palabras vienen del árabe. En todo el idioma castellano hay una sola vocal larga. La «i» de pie. Pie del verbo piar. Ésas eran las cosas en las que me gustaba pensar. ¿Te acordás o no te acordás? Eras mi amigo, eras mi amigo justamente porque a los dos nos gustaba. Silencio sonoro, Dios mío. Silencio sonoro. Hablábamos noches enteras hasta la madrugada, hablabas vos, porque yo ni siquiera tenía facilidad de palabra. Polvo enamorado, a la caza le di alcance, oh y esta noche el viento no sé qué ritmo tiene. Yo era así. Contéstame, carajo. (204).

 

Abelardo Castillo explica que “El decurión” es un cuento fantástico que simula ser realista (191). Tal vez, por lo mismo, el lector queda en el limbo entre lo maravilloso y lo extraño (condición esencial de lo fantástico), lo que implica tratar de decidir entre dos opciones: na, Moraes efectivamente tuvo una infancia en dos lugares al mismo tiempo; o dos, sólo fue el delirio senil de la tía Teresa que mesclaba realidad con fantasía.

Moraes no logra ver a ese otro Moraes que obtuvo tres medallas y fue decurión en el colegio salesiano Wilfrid Barón de los Santos Ángeles (aunque en su última aparición en el relato está sonriente y un poco más flaco), pero está convencido porque comienza a recordar que estudió en el colegio salesiano. Añora ese pasado y está dispuesto a recobrarlo. La nostalgia es la tristeza originada por la dicha perdida, pero ¿qué sucede cuando nunca existió ese motivo de dicha? A Durán, el personaje de “Final de una lucha”, de Amparo Dávila, se le presenta su doble acompañado de Lilia, su amor de juventud. En este cuento, el mecanismo de la nostalgia se intensifica por el rencor hasta la proyección del personaje en la duplicidad de realidades ficcionales: En la primera realidad, la del estar siendo, Durán está casado con la tierna y comprensiva Flora; en la segunda, es pareja de la bella y fría Lilia: “Aquella noche no pudo acercarse a su mujer, cuando ella se acostó a su lado, ni las siguientes. No podía engañarla. Sentía remordimientos, disgusto de sí mismo. Quizás a esa misma hora él estaba poseyendo a la hermosa rubia”. (46).

Sin embargo, la nostalgia en este cuento es una nostalgia falsa, una anti-nostalgia, pues no surge de lo sucedido, sino de lo que habría podido suceder, es decir de un pasado hipotético (antítesis del futuro hipotético que se desprende del anhelo en el cuento de Cortázar), un pasado hipotético en el que Durán consigue que Lilia lo acepte y, como consecuencia lógica, ahora viva con él. El problema se presenta en el choque de planos temporales: el pasado real que se incrusta en el presente resultado del pasado hipotético. Amparo Dávila representa este encuentro entre tiempos apelando al recuerdo motivado por la asociación de ideas. Durán reconoce el perfume que lleva puesto Lilia y evoca el recuerdo transferido por el narrador omnisciente que suspende la acción del presente y narra la del pasado remoto mediante el uso de letras cursivas, dejando a los personajes intervenir en estilo directo:

 

Aquel perfume que Lilia usaba siempre y que un día él le había regalado haciendo un gran esfuerzo al comprarlo. Lilia le había reprochado que nunca le regalaba nada. La había amado durante varios años, cuando era un pobre estudiante que se moría de hambre y de amor por ella. Ella lo despreciaba porque no podía darle las cosas que le gustaban. Amaba el lujo, los sitios caros, los obsequios. Salía con varios hombres, con él casi nunca… Había llegado con gran timidez a la tienda, contando el dinero para ver si era suficiente. “Sortilège es un bello aroma —dijo la muchachita del mostrador—; le gustará sin duda a su novia.” (46).

 

El cuento de Dávila va a utilizar la analepsis como recurso, alternando los tiempos presente y pasado por medio del uso de cursivas como procedimiento de composición hasta que, en el desenlace del cuento, Durán, el que viene del pasado hipotético, mata a Lilia, motivo de la anti-nostalgia, y a su vez es asesinado por Durán, del presente que está siendo con Flora o viceversa. Al quedar sólo un personaje Durán, la realidad regresa a su estado normal en el plano del único tiempo posible: el presente continuo.

El transcurso del tiempo discursivo en una ficción, incluso puede comenzar con la anacronía y darle paso inmediatamente después al tiempo diegético, dejando dividido al personaje en diferentes planos temporales que, sin llegar a la inmediatez de sobreponer fragmentos de la historia pasada en la presente, como en la propuesta de Dávila, lo hacen confundirse entre el “yo” presente y el “él” pasado, recurso manifiesto en el cambio del uso de los pronombres en un juego desconcertante, como hace el narrador de “Érika de los pájaros”, también de Abelardo Castillo: “Él grita, me duele la garganta de gritar, él grita y camina por el cuarto con piso de madera, duelen los pies deshechos. Grita”. (46)

En el cuento, el narrador recuerda haber sido perseguido para que lo mataran. Luego se sitúa en el presente donde está por asesinar a Érika, pero no se atreve. A continuación, se presenta el salto en el tiempo hacia atrás. La analepsis no se da mediante el recuerdo, sino sucede por cambio de espacio: “Ella, en otro sitio, dice”. (45)

La duplicidad del personaje no ocurre como una imagen visible sino desde la oralidad. Castillo emplea la repetición de frases que sólo pueden suceder en la mente obsesionada del personaje extraviado entre el pasado irremediable y el futuro imposible: “Erika, porque ella entonces se llamaba Erika”. Luego: “Ella tenía ahora los ojos cansados y se llamaba Erika”. O bien: “Creo que era triste, llena de una tristeza profunda e inexpresiva, como la tristeza”. Uno más: “vendrán con sus largos rifles y me matarán a mí, a los dos, pero también a mí”. Y otro: “su rostro, bello rostro moreno es moreno”.

Lo que podría ser un error estilístico para cualquiera, Abelardo lo eleva a técnica de repetición para crear el efecto de duplicidad. Este recurso lo aplica como guiño también en “El decurión” al iniciar la historia de la siguiente manera: “La vida es doble. O por lo menos doble” (201).

Poco antes del desenlace, es decir donde realmente comienza el tiempo diegético, el narrador aventura una prolepsis que naturalmente fracasa en alcanzar el futuro imposible y es evidente que fracasará por la manera en que se presenta en contradicción temporal: “Despertaremos, sí, despertaremos hace mucho” (46), palabras mágicas, que de cumplirse los regresarían a ser niños.

Los sucesos continúan acumulándose hasta llegar al presente del tiempo diegético: el narrador no se atreve a matar a Érika y ella lo ayuda a matarla. Al final, el decide no huir y se entrega una muerte segura, saliendo del tiempo helicoidal en el que se encontraba atrapado.

Ahora bien, la dificultad de hacer saltos temporales en la narración radica en la condición de progresividad intrínseca del lenguaje. Joseph Frank, con base en lo expuesto por Lessing en Laocoonte o de los límites de la pintura y de la poesía, explica que la literatura hace uso del lenguaje compuesto de una sucesión de palabras que avanzan en el tiempo y, por lo mismo, las palabras que se suceden unas a otras no pueden detener las acciones que implican una imagen fijada en el tiempo (9). Amparo Dávila pretende crear el efecto de regresar en el tiempo a través de los fragmentos intercalados de las historias pasadas y presentes. Castillo, por su parte, recurre a los juegos gramaticales y a la repetición de las expresiones en la oralidad del narrador para crear el efecto de duplicidad.

En otras latitudes y sí, en otros tiempos, T. S. Eliot llegó a una posible solución para evitar la progresividad del tiempo: frustrar al lector en su perspectiva normal de sucesión; forzarle a percibir los elementos del poema como yuxtapuestos en el espacio en vez de desarrollados en el tiempo (10). Con base en esta propuesta, Joseph Frank concibe la idea de “la forma espacial de la literatura moderna”. Para explicarlo, Frank recurre a tres ejemplos: Madame Bovary, de Gustave Flaubert (13-14), Ulises, de James Joyce (16), y En busca del tiempo perdido, de Ezra Pound (20). Flaubert, en carta escrita a su amiga Louise Collet, manifiesta la intención de crear una técnica narrativa en la que “todo el conjunto aúlle, que se oigan al mismo tiempo los mugidos de los toros, suspiros de amor y frases de administradores” (168). Frank explica que Flaubert recurre a un montaje en el cual se entrecruzan los hilos de diversas intrigas y donde se van persiguiendo acontecimientos que pertenecen a series diferentes. El estallido del relato en líneas distintas es el resultado del ingenio del autor (13-14).

Por su parte, en el Ulises, Joyce exige que su lector realice un trabajo tan complejo como las relaciones referenciales de su obra: recrear la vista y los sonidos, las gentes y los sitios de un día típico de Dublín en un cuadro. Para que se logre el efecto, el lector debe relacionar todas las referencias que de manera alternada –no secuencial— ha ido recolectando a través de la lectura a fin de que al cerrar el último capítulo se devele el cuadro irlandés (16).

Finalmente, Ezra Pound afirma que para percatarse del desplazamiento temporal basta con comparar dos cuadros de una persona en diferentes momentos. La técnica se observa en El tiempo perdido cuando el personaje en un momento dado desaparece de la novela y después de un intervalo de tiempo, marcado por la sucesión de páginas, aparece de nuevo cambiado de una manera decisiva (20).

Salvador Elizondo –para concluir con uno de los mejores ejemplos que las letras mexicanas tienen al respecto—recupera la forma espacial de la literatura moderna y la aplica como técnica narrativa en Farabeuf, donde la novela: está construida a base de fragmentos de la narración, cada uno de los cuales corresponde a una toma que maneja un plano distinto de la acción. La disposición de estos fragmentos no obedece a reglas temporales ni causales, esto es, que presente y pasado se confunden y se mezclan, al mismo tiempo que se proporcionan fragmentados, diferentes ángulos de visión y distintas versiones de una misma escena (Adriana de Teresa 84).

El efecto en un principio crea confusión en el lector, que en ocasiones no logra, incluso, reconocer cuántos personajes están interviniendo en la escena, sobre el supuesto que los personajes se encuentran sobrepuestos en planos diferentes. Sin embargo, además de la técnica citada, Elizondo emplea la ambigüedad –al contrario de la repetición de Castillo—en la construcción del recuerdo, entendido este como una imagen inacabada que se va completando en el esfuerzo de recordar. De este modo: “Esa mujer no es ni rubia ni morena; es esa mujer […] ¿Reconocería usted a Mélaine Dessaignes en tales circunstancias? Sus ojos no son negros ni claros; esa boca no es de nadie. Mire usted esa fotografía con gran cuidado: ¿no reconoce a Mélaine Dessaignes?” (122).

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Líneas finales.

El arte, en principio, fue imitación de la realidad, pero nunca ha sido la realidad. En la escritura, el tiempo se congela por innumerables páginas en las que una mosca sigue estrellándose en la misma ventana o transcurrir 20 años en un cambio de párrafo; también puede ser más bondadoso y permite a los personajes recuperar oportunidades perdidas, crear nuevos pasados que eludan el desenlace fatal. O no. El narrador, un tanto perverso, tal vez no quiera salvar a los personajes y sólo en un acto de cruel misericordia los avienta a vivir lo que pudo o podría ser sin lograr más que esa sensación de suerte echada en el actante y catarsis en el lector. En fin, literatura, y la literatura –afirma Enrique Anderson Imbert –es un arte del tiempo, no del espacio, pero también del tiempo.

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Referencias

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Castillo, Abelardo. Cuentos completos. Alfaguara, 1997.

Cortázar, Julio. Clases de literatura. Berkeley, 1980. Debolsillo, 2016.

Dávila, Amparo. Cuentos reunidos. FCE, 2009.

Elizondo, Salvador. Obras I. El Colegio Nacional, 1994.

Frank, Joseph. “La forma espacial de la literatura moderna”. El libro y el pueblo. Revista mensual de bibliografía. Vol. XVII, No. 19, 1955, pp. 8-36.

Lottman, Herbert. Gustave Flaubert. Tusquets, 1991.

Teresa, Adriana de. Farabeuf. Escritura e imagen. UNAM, 1996

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Sergio Iván Garzón Clemente es mexicano, doctor en Letras con Mención Honorífica por la Universidad Nacional Autónoma de México, además de narrador y ensayista. Ha publicado minificciones en diversas revistas literarias. Entre su obra destacan “Error Victoriano”, microrrelato seleccionado en la antología Más allá de la medida. I Premio Internacional de Microrrelatos Museo de la Palabra (2010) y “El Estorbo”, cuento con el que obtuvo Mención Honorífica en el Primer Premio Nacional de Cuento Fantástico Amparo Dávila y que fue publicado en la antología Andan sueltos como locos (2016). Asimismo, es autor de “La moral entre el goce estético y el arte útil: reflexiones sobre un cuadro de El Greco en Los días terrenales de José Revueltas”, (Crates, 2002), y “El lector imposible: una lectura sobre las ‘lecturas ideales’ de Farabeuf”, (Crates, 2009).

Las abuelas en la literatura mexicana escrita por mujeres

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Reseña sobre Las abuelas en la literatura mexicana escrita por mujeres. Un estudio a sus cuerpos, sexualidades y subjetividades desde una perspectiva de género

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¿Qué papel juegan las abuelas en la sociedad mexicana actualmente?, ¿cómo se concibe el ser abuela en este mundo híperconectado?, ¿qué se espera de ellas o qué se demanda de su presencia en la familia? Estas son algunas interrogantes que se tratan en el libro Las abuelas en la literatura mexicana escrita por mujeres. Un estudio a sus cuerpos, sexualidades y subjetividades desde una perspectiva de género, publicado por ediciones Eón en su colección Ensayo en 2021.

Dividido en cuatro capítulos y una conclusión, el texto aborda la problemática de llegar a ser anciana o anciano en una sociedad llena de desigualdades de género como lo es México. Asociadas nuevamente a su doble papel de madres, las abuelas tienen que lidiar con ciertas expectativas que el discurso postmoderno les impone en tanto que pareciera que las mujeres no tienen derecho a envejecer, sino que deben conservar siempre una apariencia y actitud juvenil. Y, sobre todo, se les exige seguir disponibles para el cuidado de nietas y nietos. En medio de este contexto, se produce el etarismo o la discriminación por edad que invisibiliza la presencia de las abuelas en todos los ámbitos y medios, incluyendo la representación en la literatura.

De esta forma, en el último capítulo del libro se analizan las distintas representaciones de las abuelas en textos escritos por Elena Garro (Un traje rojo para un duelo), Carmen Boullosa (Antes), Myriam Moscona (Tela de sevoya), Adriana González Mateos (El lenguaje de las orquídeas), Norma Lazo (El mecanismo del miedo), Susana Pagano (Y si yo fuera Susana San Juan), Guadalupe Nettel (El cuerpo en que nací) y Socorro Venegas (La noche será negra y blanca).

El análisis crítico que se lleva a cabo de cada una de las obras, tomando en cuenta la teoría literaria feminista y los estudios de género, evidencia una manera distinta de abordar el tema, pues las abuelas son representadas en facetas tan disímiles y complejas que van desde la abuela como depositaria de un saber milenario y misterioso hasta la que asume un rol despiadado y cruel contra la nieta. Así las cosas, las abuelas representadas en los textos hablan de una transformación en el imaginario colectivo en tanto que han pasado de ser consideradas cariñosas, pasivas y de carácter dulce aunque firme, a ser personajes complejos que llegan incluso a imponerse a la fuerza con el fin de mantener su autoridad dentro del núcleo familiar.

Los resultados que arroja el análisis puntual de cada uno de los textos nos da entonces nuevas luces que ayudan a comprender mejor el papel activo que han tenido las mujeres en la sociedad mexicana desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. Sin maquillajes, pero sobre todo sin afanes de idealización, las abuelas representadas en este corpus reclaman para sí un lugar en la historia de las comunidades de las que forman parte, por lo que su presencia en ellas resulta tan relevante como necesario.

Las abuelas, todas ellas con capacidad de agencia, convergen en un entramado de acciones y circunstancias que las retratan como sujetos activos, lúcidas al extremo en la mayoría de los casos y ávidas por continuar viviendo una sexualidad plena. ¿Estamos ante un cambio permanente en torno al deber-ser y deber-hacer de las abuelas mexicanas? Si bien no podemos afirmar aún   que dichas transformaciones son definitivas, sí podemos sostener que los roles que asumen actualmente las abuelas son otros, distintos a los que hace cincuenta o sesenta años asumían las mujeres en la vejez. Y de ello, de esta evolución social, dan cuenta los textos analizados. Sigamos, pues, de cerca las nuevas rutas que tracen las abuelas en México y el mundo.

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Cándida Elizabeth Vivero Marín (Guadalajara, Jalisco).

Es Dra. en Letras por la Universidad de Guadalajara. Realizó su Maestría en Teoría Literaria (Humanidades) en la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa y la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Autónoma de Guadalajara. Ha participado en diversos congresos nacionales e internacionales. Ha publicado artículos de investigación en revistas nacionales e internacionales, así como capítulos de libros. Ha coordinado diversos libros entre ellos: Cuerpo y erotismo (2015) y En torno a la maternidad. Aproximaciones socio-históricas y literarias (2015). Entre sus libros de investigación publicados destacan: Sobre cuestiones de escritura. Un acercamiento desde los estudios de género (2014); Literatura, cine y maternidades. La representación materna en México (2014); Cecilia Eudave: lo fantástico de una escritura (2016); Teoría Ish-ah (2019); Narradoras millennials (2021); Las abuelas en la literatura mexicana escrita por mujeres. Un estudio a sus cuerpos, sexualidades y subjetividades desde una perspectiva de género (2021). Es autora también de libros de poesía, de cuentos y de novelas. Actualmente es profesora titular B de la Universidad de Guadalajara; es miembro de distintas Asociaciones Internacionales, cuenta con el reconocimiento a Perfil deseable de la SEP y pertenece al Sistema Nacional de Investigadores (Nivel I).

Todos los días son pájaros

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Todos los días son pájaros

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Aunque el arte y la poesía

no van a cambiar por sí solos el mundo,

sí tienen la capacidad de transformar a las personas,

que son quienes tienen la capacidad,

la fuerza y la potencia para lograrlo.

Jorge Riechmann

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Esta cita, del poeta, ensayista y filósofo Jorge Riechmann, guarda una estrecha relación con Todos los días son pájaros, creación poética de Enrique Contreras, recién publicada por Editorial Olé Libros (España. 2023).

El poemario, subtitulado “Itinerario sentimental”, es el resultado de un trabajo creativo, profundo, honesto y reflexivo, reflejo de la extensa e intensa travesía vivencial del escritor. Está compuesto por tres libros, Madrugada del poeta, Intemperie -de sueños y quimeras- y El destierro. En una entrevista publicada, en el Diario Sur de Málaga, el pasado 27 de octubre, Contreras precisa que cada una de las partes responde a una etapa de su vida: La primera, que abarca los poemas más antiguos, fue escrita por el autor cuando era muy joven, apenas adolescente, intentando comprender dónde se encuentra, qué es lo que le rodea, y, según confiesa, constituye la parte más ingenua y fresca del libro. La segunda, se centra en las dificultades a las que nos enfrentamos cuando tratamos de entender el mundo, lo que sucede. La tercera, contiene composiciones que pertenecen a la última etapa del autor, coincidiendo con su estancia en Estados Unidos. El poemario, amplio, intenso (y extenso), despliega una panoplia de reflexiones y situaciones, en las que cabe la infancia, la adolescencia y la juventud, el enfrentamiento y la reconciliación.

A pesar de las diferentes épocas, en todo el conjunto siempre están presentes los constantes temas del autor: el sueño, el amor, el extrañamiento, la muerte, la rabia, el desgarro interior, el silencio, el erotismo… todo, sublimado por un humor no exento de ironía y por un léxico que, más allá de significaciones básicas, inmediatas, nos remiten a un estado de ánimo, a una vibración, a una emoción concreta. Veamos algunos ejemplos.

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De “El árbol de la vida”: “En mi sueño/ el Árbol de la vida brotaba robusto/ y a su fragancia irresistible acudíamos todos”.

De “Amar”: “Amar es todo lo que nos falta/ y el conocimiento de la muerte/ frente al conocimiento de la vida”.

De “Despedida”: “No hay más adiós que el de la muerte. / Mañana es polvo en el espejo del olvido”.

De “Prisionero”: “Pues el silencio es, / al cabo y con frecuencia, / el grito más profundo / de los amores / imposibles”.

De “Premonición”: […] “Y tú serás, / oh, silencio, / mi mortaja y mi responso, / la palabra impronunciada”.

De “Libre”: “Libre significa ser / ingenuo, imperfecto, autosuficiente y egoísta. / Hay que pagar un precio muy alto para ser libre / y nunca lo serás si no lo son cuantos te rodean. / Inténtalo y acabarás solo y crucificado / por la jauría”.

De “Esperanza”: “Todavía / creo en muchas cosas. / Creo que estamos capados, / por ejemplo.” …

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Vamos a encontrar en el poemario aquí reseñado odas bellísimas como “Quienes me aman”, modelo de sencilla composición, con muy pocas palabras, reflejo de sinceridad, de profundo agradecimiento y de permanente deuda hacia todas aquellas personas que nos han prestado ayuda y afecto.

Podemos hacernos ya una idea, con los fragmentos expuestos, de que estamos ante un autor poco convencional. Más bien todo lo contrario. En su interesante prólogo, Antonio Moreno menciona “que el uso del lenguaje poético es una combinación de sensaciones terrenales y cósmicas…” Esta acertada observación puede servirnos para definir uno de los aspectos fundamentales de la obra de nuestro autor: la potencia creativa, esa fuerza capaz de elaborar un universo propio, una poética personal que conjuga el mundo de las ideas y el mundo de las sensaciones, el mundo de lo sensorial y de lo intelectual.

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“Podemos hacernos ya una idea, con los fragmentos expuestos, de que estamos ante un autor poco convencional. Más bien todo lo contrario. En su interesante prólogo, Antonio Moreno menciona “que el uso del lenguaje poético es una combinación de sensaciones terrenales y cósmicas…” Esta acertada observación puede servirnos para definir uno de los aspectos fundamentales de la obra de nuestro autor: la potencia creativa, esa fuerza capaz de elaborar un universo propio, una poética personal que conjuga el mundo de las ideas y el mundo de las sensaciones, el mundo de lo sensorial y de lo intelectual.”


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Nos hallamos, sin duda, frente a una creación nada complaciente que nos interpela constantemente, no con intención de provocar, ni adoctrinamiento alguno, sino con el propósito de cuestionar la realidad: “Siento mucha disconformidad con el mundo en que vivimos”, afirmaba el autor en la entrevista antes mencionada en referencia a las complejas relaciones con el entorno y las personas que lo habitan. Martín Gijón, escritor, poeta y crítico, dice: “La escritura poética es la única vía de escape para intentar expresar y reconciliar momentáneamente las contradicciones de nuestros sentimientos.” Contreras, va más allá y en la misma entrevista matiza: “Ojalá el poemario sea, como decía Machado, la honda palpitación del espíritu al contacto con el mundo” … Y más adelante, entre otras muchas interrogantes de difícil de respuesta, concluye: “La poesía es una expresión de sentimientos universales, pero tienen que partir necesariamente de elementos de la vida diaria. Si esos elementos se convierten en expresión universal inteligible, entonces tendrá sentido y posiblemente llegará a los demás”. En esta misma línea de reivindicar una poesía accesible a cualquier ciudadano, necesaria y útil para la colectividad, ha incidido recientemente Jordi Gol, redactor de la Revista Quimera: “Poesía viva, que huye de la Academia para integrarse en la vida corriente de las personas de a pie, ofreciéndonos formas diferentes de ver el mundo y haciéndose cuerpo para revestirse de una utilidad necesaria en los tiempos que corren”.

Mucho habría que decir acerca del aspecto formal, estilístico, de nuestro poeta. Por ejemplo, su natural fluidez, el ágil ritmo de los versos arropados por la muy elaborada y brillante utilización del léxico; el uso de las impresionantes y bellas metáforas que exigen un gran esfuerzo del lector para captar el verdadero sentido de la imagen simbolizada; el ingenioso juego polisémico, inventado a partir de los distintos significados de las palabras, gracias al rico y extraordinario vocabulario de nuestra querida lengua… Todo ello forma parte de un titánico esfuerzo para lograr encontrar el sello distintivo, el inconfundible estilo y lenguaje que requiere la verdadera creación poética.

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Loca por demasiada razón, lúcida en su delirio, la poesía hace del lenguaje su lugar “, manifiesta María Zambrano. El mismo lugar al que se alude en el poema “La palabra”: “La palabra es un arma poderosa, / mueve montañas, rinde corazones, traspasa imperios, destrona reyes y pone cerco a la verdad. El artificio más hermoso”. “Un arma cargada de futuro”, ponderaba Gabriel Celaya de quien no cabe olvidar la contundente exhortación… “Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales”.

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Pero, sobre todo, lo que distingue a la poesía de los demás géneros literarios, y en concreto a nuestro autor, es la cercanía, la estrecha vinculación y el interés por cuanto atañe a la condición humana: “Soy hombre; y por tanto / nada que sea humano me resulta extraño”, proclamó Terencio. “Escribir es siempre un acto de amor. Escribir es reafirmar nuestra humanidad”, ha sostenido el dramaturgo Julio Fernández. “Aquel que ha aprendido a comprender el ser humano en sí mismo, lo comprende en todos los demás”, sentenció el excelente escritor, ensayista y gran humanista Stefan Zweig.

Sabemos que quienes deciden dedicar su vida a cualquier manifestación artística encuentran dificultades difíciles de superar. Pocos sistemas políticos, si alguno, consideran el arte como un importante abono para la inteligencia, transmisor y fiel defensor de valores humanitarios, sobre todo si este incumple las normas de entretenimiento, adocenamiento y vulgaridad según el modelo del orden establecido. La poesía, como se ha dicho, es un arma poderosa pero también muy peligrosa. En pocas ocasiones ha sido amiga del gobernante de turno que ve reflejada en ella su mala conciencia y la revelación de cuantas injusticias, corrupciones y falsedades afianzan su poderío. Consecuentemente, el bardo, hostigado por un entorno dominado por los prejuicios, la intolerancia y el rechazo, será estigmatizado como asocial y encontrará puertas cerradas y, lo más grave, reducida, cuando no suprimida, la propia libertad.

Frente a todo ello, las voces de poetas pretéritos y actuales, que siguen y seguirán vigentes pese a todo tipo de circunstancias. Rescatemos algunos de sus testimonios.

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“El dolor llega siempre, a nadie deja huérfano. Cuando el dolor ha pasado, se produce en quien lo supo soportar una especie de renacimiento; una nueva vida más intensa” … (María Zambrano).

“Perder cosas puede hacerte ganar un espacio en el que vivir” (Edmund de Waal).

“Es en el fracaso mismo, en lo voluble, en la mudanza, en la blanda carne amenazada, donde el hombre halla el firme suelo de sus sueños” (Nicolás Gómez Dávila).

“Crear equivale a matar la muerte” (Romain Rolland).

Reitero mi extrañamiento/ por si de algo sirviera” (David Eloy).

“La extrañeza es una condición insuperable de la existencia” (Joan Carles).

“Crecer y madurar es vaciar. Ir podando las ramas que nos sobran” (Constantino Molina).

“Ingenuidad, persistencia, amor, nutren los sueños y las visiones del poeta” (Bruno Montané).

“Hasta en la oscuridad lucen brillantes imágenes… Yo era como una nubecilla matinal: efímera e inútil. Y, a mi alrededor, dormía el mundo, mientras yo florecía en mi soledad” (Hölderlin).

“Los placeres del poeta, tal como he ido anotando, resulta que son la luz, la soledad, la naturaleza, el tiempo y el proceso creativo” … (Mary Sarton).

“Cuando pienso en mi vocación, no le temo a la vida” (Anton Chéjov).

“Sólo permanece lo verdadero en medio de la nada” (Mónica Fernández-Aceytuno).

“Hemos de participar hoy en la producción de la esperanza…” (Enrique Falcón).

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Nada más lejos de mi intención que exhibir una antología de frases y autores escogidos al azar, que bien pudiera confundir. La selección anterior, lejos de ser caprichosa, pretende servir, por medio de términos tales como dolor, fracaso, mudanza, muerte, luz, esperanza… para que intuyamos que hay una clave que nos permite acceder al ideario poético de cada uno de los autores citados, clave que está también presente en la obra de nuestro autor, pues comparte los mismos ideales y compromiso ético que sus compañeros de viaje. Esa y no otra es la razón de que su poesía haya conseguido encontrar una identidad propia y de que pueda, con todo derecho, formar parte de la familiar y prodigiosa constelación poética que tiende a expandirse cada vez más, y en la que sus componentes, fieles a una causa común, ofrecen belleza, luz y sensibilidad. Antídoto y contrapartida a la fealdad, sordidez y chabacanería que nos invade.

Por fortuna, como podemos comprobar, la poesía dispone de muy buena salud y promete larga vida. Tenemos suerte de gozar de su compañía, como indica la lúcida frase de Luis Alberto de Cuenca: “La poesía está en todas partes. Todo puede ser objeto de un poema. No es más poético un crepúsculo con la luna rielando en el océano que un garito lleno de crápulas que venderían a su madre a cambio de “caballo”. “La poesía es como Dios. Vive, como Él, hasta en los pucheros”, decía Santa Teresa de Jesús.

Quiero finalizar resaltando la tenacidad y valentía con que la poética de nuestro autor afronta sombras pretéritas, mensajeras de evocaciones funestas que intentan perturbar nuestro interior. Felizmente, el pasado, desvanecido con sus luces y sus sombras, dejó de estar presente en un imaginario, ajeno a batallas obsoletas y experiencias dolorosas, ya superadas. El tiempo y el olvido bien se encargan de exorcizar los propios demonios y también los ajenos. La memoria, se quiera o no, suele ser muy selectiva y, si además es auxiliada por la buena voluntad, sólo permitirá navegar a través de imágenes donde aún permanece viva la sensación de aquellos momentos colmados de belleza, ternura, paz y amor. ¿Qué otra cosa es la felicidad sino la intensa emoción de esos instantes sublimes acariciados por las alas de la eternidad? Emoción, permanente e irremplazable nexo entre los humanos, porque todos tenemos un corazón y cualquier fruto sanador que brote de ahí, también calará en lo más hondo y auténtico de nuestro ser.

La honesta desnudez, la rabia, el desgarro, el lúcido magisterio poético que nos ofrece el autor, en constante búsqueda y evolución, aportan luz a nuestra oscura andadura. El lúcido magisterio poético encerrado en la estrofa de Stefan Zweig … “un solo hombre grande / que permanece humano / salva siempre y para todos / la fe en la humanidad”, bien puede aplicarse a una labor creativa que demanda tolerancia y unidad, como nuestro autor deja patente en la frase con que cierra la entrevista antes mencionada: “Aunque muchas veces nos vamos por el túnel equivocado, creo que tenemos que llegar a un entendimiento unos con otros y, todos juntos, enderezar el barco en buena dirección”.

Rescatamos los versos del mismo Jorge Riechmann con quien iniciamos esta reseña: […] Darnos la mano en la oscuridad / no derrota al monstruo / pero nos salva del miedo” … y hacemos votos para que Enrique Contreras siga creando esa poesía humana y necesaria, que constantemente nos recuerda el ineludible compromiso que tenemos con nosotros mismos y con quienes nos rodean: construir un mundo más habitable y fraternal, única razón que justifica la presencia del ser humano en este planeta.

 


Antonio Velasco Sánchez (Murcia, 1949).

Es Licenciado en Psicología y Doctor en Filología Española por la Universidad de Granada. Profesor de Secundaria, y responsable del Taller de Teatro del Aula Permanente de Formación Abierta de la Universidad de Granada. Aunque la mayor parte de su producción literaria permanece inédita, destacamos entre sus trabajos y publicaciones las siguientes: “El dulce letargo” (Premio Ángel Ganivet de Novela, 1974), “Narcisín” (Premio García Lorca de Teatro, 1975), “La grieta” (Premio Ángel Ganivet de Novela, 1976), “Paroxismo” (Premio de Novela Ciudad de Marbella, 1979), “El viaje de Alicia” (Premio de Teatro Ciudad de Alcorcón, 1981), “Blancanieves estrena un vestido blanco” (Premio de Novela Ciudad de Alcorcón, 1981), “La incierta luz de las sombras” (Premio Castilla la Mancha de Teatro, 1989), “La tienda” (Accésit Premio Calderón de la Barca, 1990). “Una poética de la dirección e interpretación teatral: El Sistema de Stanislavski” (1999). Como autor y director teatral ha dirigido y puesto en escena numerosas obras, entre las que destacamos “Nuestros paseos” (2006), “Historias de mi ciudad (2008), “En el museo” (2010), “Variaciones sobre el mismo tema” (2018), o “Chejov entre nosotros” (2018).

Cinco poemas del libro Retóricas de la sed

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Islas griegas

[…]estos hombres tatuados: ojos como diamantes,
bruscas bocas de odio más insomnio,
algunas rosas o azucenas en las manos
y una desesperante ráfaga de sudor.


Son los que tienen en vez de corazón
un perro enloquecido
o una simple manzana luminosa
o un frasco con saliva y alcohol.

Efraín Huerta.

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Alguna vez creí pertenecer

a los hombres que por corazón

tienen un perro enloquecido.

Varé en los paisajes de la ceniza

─Ulises orgulloso de su error─

por la lealtad

al esqueleto de una golondrina.

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Con la niebla de lo distante

al alcance de mi vista,

pensé que sirenas y tempestades

habrían de encontrarme

en esto de fumar la vida en los mismos sitios.

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Igual que un payaso

hablando de soledades

al oído de un maniquí,

continué en el deporte de quemar las barcas

y pensar en guillotinas

cuando una mujer besaba mi cuello.

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Quise hablar de mi época,

pero aun de pie

mi sombra seguía arrodillada.

Y no quedaba más que fingir conocimiento

Sobre aquello

Que confundía hasta la locura.

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─Sólo el que se pierde,

podrá dibujar el laberinto─,

me dije, enfermo de amor propio,

y tan lejos de las islas griegas.

 

 

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Dos fracasan en el mismo poema

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A kilómetros de distancia,

con océanos de por medio,

dos fracasan en el mismo poema.

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Son idénticos esos versos

donde el sustantivo agua

no sacia la sed de la memoria

ni lava las heridas

de un remordimiento.

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A kilómetros el uno del otro,

dos fracasan en el mismo poema.

Desde gemelas porciones de sufrimiento

─migajas que un amor

dejó vertidas en los platos de la incertidumbre─,

dos se derrumban en palabras iguales.

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A distancia,

dos rompen los papeles

donde alguna vez existió

un mismo poema.

Y quedan taciturnos

─ gotas de agua

despeñándose sobre un espejo─

como quienes extrañan

la misma imposibilidad,

como quienes coinciden

cuando enfocan la vista

hacia ninguna parte.

 

 

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Fragmentario para una pregunta

Pero si escribo sobre nada o sobre otros

o uso prendas que no me favorecen

o me lleno de piedras los bolsillos

o sigo un sendero marcado con pan dulce,

pisaré fuerte, que por la hondura de su huella

se conoce el peso de los hombres.

Francisco Alcaraz.

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Lo importante es dejar huellas en el mundo ─decía alguien, apurado por abstractos fulgores sobre lo venidero.

No hay mejor analgésico para el olvido que nuestras palabras ─respondía otro, entre las nieblas de un recuerdo que se esparce como la palabra polvo frente a una ventana abierta.

Recorrer el mundo ─insistía una voz desde el fondo─ para postular una teoría sobre cómo las geografías de la sombra son iguales en todas partes.

El problema no son los molinos, sino la falta de viento ─se escuchaba desde algún lugar─, mientras discutíamos las relaciones entre el neoliberalismo y las longitudes del olvido.

Quien esté libre de culpa que arroje la primera piedra ─cavilábamos en silencio─, y nos lapidábamos con citas iluminadoras: fanáticos de una religión donde no había más cruz que el escarnio ni mayor apostolado que ser ciudadanos del instante.

Protagonistas de una fábula que a nadie le importa, rodamos por sótanos y callejones sin salida, bebiendo siempre con los mismos muertos.

Personajes que cruzaron los primeros días del milenio. Personajes, al fin del día, unos de los otros; es mi mano quien ahora escribe sobre esa temporada de animales quemándose a las orillas de una promesa.

Después de tanta música pasada, solo alcanzo a responder que la pregunta no es de dónde vinieron los que se han ido, sino cuánto de nuestro peso hay en la hondura de sus huellas.

 

 

Odio

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De la plaza de la Concordia

donde miles de cabezas supieron

por segundos

qué es extrañar el cuerpo;

de los hornos que aniquilaron

las palomas de la vigilia

en el cráneo de Celan;

de un 2 de octubre, en otra plaza,

incinerado por la furia y el desvarío;

de la palabra bastardo

que le cambió la forma de mirar

a una infancia;

se aduce que la industria del odio

es imperecedera:

su materia prima crece y se reproduce

a la velocidad de nuestra especie.

 

 

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Un ramo de manos

Rose is a rose is a rose is a rose

Gertrude Stain

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Un ramo de manos cercenadas.

seis pares de manos en una bolsa de plástico;

doce porciones del cuerpo

sembradas en la geografía

de lo que llamamos este País.

La imposibilidad de un poema

que hable sobre las doce manos

emergiendo del polvo,

de una fracción del tiempo

sitiado por filos y estertores.

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Pero si se ven desde arriba,

en vista panorámica,

tanto la diestra como la siniestra

atadas la una a la otra,

asemejan a una paloma

a punto de tomar vuelo.

Un ramo de manos, aquí en esta tierra,

no es la imagen surrealista

de un poeta que ve la batalla

a través de un televisor.

Aquí, un ramo de manos es un ramo de manos

es un ramo de manos es un ramo de manos.

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Nota: los 5 poemas seleccionados perteneces al libro Retóricas de la sed, publicado por el Instituto Sinaloense de Cultura en su colección Ex Libris en el año 2020.

 


Francisco Fernando Meza Sánchez (Culiacán,Sinaloa. 7 de noviembre de 1979). Es egresado de la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Es autor de Mar en sombra (Ayuntamiento de Guanajuato, 2005), Defensa de la demora (Palabras del Humaya 2009), La bitácora y un día más (Editorial Praxis, 2009), Memoria de marzo (Editorial LaOtra/UAS, 2011), Cuaderno de las apariencias (ANDRAVAL/INBA, 2013), Donde el silencio dicta su autobiografía, antología personal (ISSTE/ISIC, 2017) y Retóricas de la sed (ISIC, 2021). Sus poemas, ensayos y entrevistas han aparecido en publicaciones periódicas nacionales y estatales. Ha publicado reseñas críticas en el suplemento cultural del Reforma y en el suplemento de Milenio. Ha sido becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Sinaloa en 2000-2001 y 2005-2006. Fue Coordinador del programa «Sinaloa, un Estado de Lectores» del Instituto Sinaloense de Cultura. Es parte de la antología El hacha puesta en la raíz. Ensayistas mexicanos para el siglo XXI. Actualmente es el Jefe de la Unidad Editorial del Instituto de Capacitación Judicial, donde se edita la revista Aequitas; publicación oficial del Poder Judicial del Estado de Sinaloa. En 2010 ganó el premio nacional de poesía Clemencia Isaura.

Poesía noruega II – Gunvor Hofmo

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Foto @Gyldendal Norsk Forlag

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Gunvor Hofmo (Oslo, 1921 – 1955) es sin duda la poeta noruega más importante del siglo XX.

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Su poesía destaca por su tono anclado en el dolor, el sufrimiento y la desesperación. Aspectos derivados de su experiencia vital durante la Segunda guerra mundial y la pérdida de su pareja, la intelectual judía Ruth Maier, apresada y deportada de Oslo, durante la ocupación alemana de Noruega, y asesinada en Auschwitz en 1942.

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Su obra poética claramente tiene dos etapas. Entre 1946 y 1955, sus primeros cinco poemarios: Quiero volver a la casa de los humanos (Jeg vil hjem til menneskene, 1946), Desde otra realidad (Fra en annen virkelighet, 1948), Ciegos ruiseñores (Blinde nattergaler, 1951), En una noche en vela (I en våkenatt, 1954), Testamento para una eternidad (Testamente til en evighet, 1955). Poemarios con composiciones afectadas directamente por el descubrimiento de su condición sexual (fue la primera escritora abiertamente homosexual de Noruega), el trauma de la guerra y la pérdida de su amada. Luego de un silencio prolongado de casi dos décadas, entre 1971-1994 vuelve con quince colecciones más con poemas de temas diversos pero asociados al gran tema de su poética: el dolor humano. Estos ubicados en contextos históricos más modernos.

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La vida de Hofmo incluyó largos periodos en instituciones psiquiátricas de Oslo afectada por una esquizofrenia paranoide. Experiencias que también perviven en varios de sus poemarios. Esto ha hecho que muchos de sus poemas se hayan estudiado, a veces exageradamente, desde la psiquiatría.

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En su poética, el tono desgarrador huye del lamento y se instala más bien en la concisión silenciosa de sus imágenes donde el destino (representado en las estaciones, las horas del día, etc.), acompañan la indefensión de la soledad, la falta de esperanza y la nostalgia por la felicidad no lograda. Por ello, en sus versos, se recurre a la fatalidad de las imágenes cotidianas, al diálogo melancólico con la amada perdida, o a la discusión sombría con un Dios cruel y esquivo. El conjunto nos presenta una poesía de una gran calidad, lamentablemente no conocida en el medio hispano.

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A continuación, traduzco cinco poemas de su primer poemario Quiero volver a la casa de los humanos (Jeg vil hjem til menneskene, 1946) recogido en la Antología poética (Gunvor Hofmo, Samlede dikt, ed. de Jan Erik Vold, Oslo, Gyldendal, 1996).

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Referencias:

– Mollerin, Kaja S., Verden og buksene: et Gunvor Hofmo-fragment, Oslo, Nasjonalbiblioteket, 2021.

– Vold, Jan Erik, “Etterord”, en Samlede dikt, Oslo, Gyldendal, 1996, pp. 505-512.

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Expectación

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¡Tu imagen brillaba intensa

y tiernamente detrás de todo lo que veo,

una locura de expectación

que me amenaza y me suplica!

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¿Oh profundo, profundo sosiego:

estuviste tú aquí alguna vez?

Todo está sepultado

en este fuego hambriento.

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¡Sí, entre mí y el mundo

queda un puente calcinado

porque mi alma se abrasó

en el fuego de mi sangre!

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La noche

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Por las calles vacías deambula
el niño que ha quedado ciego,
y va tocando tu ventana
lenta y suavemente.

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Se cuela en la habitación
y respira en tu mejilla,
y los dolores se duermen
en fresca y perfumada brisa.

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Sus frías y suaves manos
están listas para darte
un regalo que estará ya olvidado
cuando la oscuridad llegue:

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Lo profundo detrás de las fotos
y la sensibilidad sin fondo,
la soledad que flamea
sin medida, sin boca.
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Por las calles vacías silba
una endeble melodía,
y lo que crees que es la noche,
son niños que por allí pasan.

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La espada

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¡Entre nosotras yace la espada,

resplandeciente acero,
que mata, nos mata
cuando cruzamos su marca!

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Ella desgasta el alma,
debilita nuestro anhelo,
y sus hojas relucientes y afiladas
reflejan toda nuestra culpa.

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Al dolor

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¡Oh, ciego dolor, me haces arrodillar
y destrozas mis deseos en tu lugar santo

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Como relámpago multiplicando la oscuridad,

detonaste mi diaria y tranquila conciencia.

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Pero la sed, siempre eterna y muda,
me quema en este espacio derruido,

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y lentamente me acerco al juego de la vida

como cenizas volviendo a la vida, y fuego vacío!

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Quiero volver a casa

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Quiero ver a las estrellas
sobre la lúcida noche del mar
que cantan, cantan:
Maravilloso es el día.
maravillosa es la noche,
nadie de ellos morirá!

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Quiero volver a la casa de los humanos–
como un ciego
iluminado en la oscuridad
por las estrellas del dolor.

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Traducción de Carlos F. Cabanillas Cárdenas

UiT-Universidad Ártica de Noruega (Tromsø)

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Carlos F. Cabanillas Cárdenas es profesor de literatura hispánica en la UiT-Universidad Ártica de Noruega en Tromsø. Sus campos de investigación son la literatura del Siglo de Oro, especialmente en su vertiente hispanoamericana, y las relaciones entre Noruega y la literatura en lengua española. En sucesivas entregas de esta revista presentará una serie de traducciones de poetas noruegos de los siglos XX y XXI.

 

Foto @Gyldendal Norsk Forlag.

A First Generation Mexican American’s Search for Identity

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A First Generation Mexican American’s Search for Identity

 

  Jose Olivarez’s second poetry collection Citizen Illegal (Haymarket, 2018) pointedly critiques the discrimination against and exploitation of Latinos, placing him firmly in the Latino social justice tradition (Rodriguez 124). Olivarez writes in English, with Hip Hop inflections, Spanish seasoning, Chicago area references and pop culture allusions. If there is an overarching motif to Citizen Illegal, it is the struggle for a sense of identity. A first generation Mexican American, Olivarez was born and raised in Calumet City, Illinois, just south of Chicago. His parents immigrated to the United States sin papeles [without papers][1] (41) from Cañadas de Obregon, Mexico. Many of the poems such as “If Anything Is Missing, Then It’s Nothing Big Enough to Remember” deal with being torn between two countries, two cultures. The struggle for a sense of self also involves coming-of-age, exploring parental and romantic relationships, personal insecurities, and body image. Ultimately, of course, these are all part of one piece.

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  “Mexican Heaven,” whose stanzas appear one to a page throughout this work, unite its five sections. Olivarez first published this poem in The Adroit Journal in January 2018[2] in a unified form with the stanzas in a different order under the title “A Mexican Dreams of Heaven,” which is how it is best known. He wrote the first stanza at Young Chicago Writers workshop from a prompt to reimagine a personally meaningful myth. After struggling to craft a narrative, he finally left the poem as a series of vignettes (Olivarez, “How I Wrote”). The poem written in the vernacular, irreverent Chicano poetic tradition (Noel 287) shines a light on the reality and longing of immigrant Latino family life.

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Heaven is a metaphor for the marginalized and ghettoized immigrant community. The poem begins “all of the Mexicans sneak into heaven” (5),[3] alluding to those who cross the southern border without documents. The heavenly powers-that-be are all Mexicans. St. Peter, for example, is named Pedro. He gives a shot of tequila to everyone entering heaven and gets drunk himself (28). The speaker says St. Peter allows Mexicans into heaven “only to work in the kitchens” (p. 28, line 2), critiquing how American capitalism, as Denise N. Obinna says, “includes and excludes” Latin American immigrants, pushing them into “menial-dead end jobs,” known as “Mexican jobs,” which are paid at a lower-rate called “Mexican pay” (246-7). Although critiquing capitalism, the speaker shows work to be the perceived way to become part of America, when he says that the Mexican kitchen workers “dream of another heaven, / one they might be allowed / in if they work hard enough” (28). “A Mexican Dreams of Heaven” ends with this verse, which, with the title, give the poem a sense of longing. The final stanza of “Mexican Heaven,” found earlier in “A Mexican Dreams of Heaven,” shows God reading the Bible, thumbing a rosary, and pretending the Mexicans are reformed while they party in the basement and smoke weed outside.[4] The last line reads, “hallejuah. this cycle repeats once a month. amen” (56). If the arrangement of the verses in and the title of “Mexican Dreams of Heaven” make it more critical of the ghettoization of Mexican immigrant families, the “amen” at the end and the title “Mexican Heaven” reveal a sacredness in Mexican immigrant family life, despite its flaws and challenges, of which one of the greatest is White[5] racism.

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Citizen Illegal criticizes Whites for gentrification, violence against Latinos and insensitivity. In “Mexican Heaven” the speaker says, “there are white people in heaven, too. / they build condos across the street / & ask the Mexicans to speak English” (35). Olivarez says in an essay about how he wrote this poem that he originally concluded the stanza this way, thinking that it showed Whites messing up even in heaven. He added the lines, “i’m just kidding, / there are no white people in heaven” (35), when he realized that he “had failed to imagine an existence without gentrification and the presence of white violence” (Olvarez, “How I Wrote). If “Mexican Heaven” obliquely criticizes White violence against Latinos, “Mexican American Obituary,” inspired by Pedro Pietri’s “Puerto Rican Obituary,”[6] explicitly condemns it, saying,

 

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“I Walk into Every Room & Yell Where The Mexicans At” calls out White insensitivity and microaggressions, too. A “liberal white woman” tells the speaker that “she doesn’t meet too many Mexicans / in this part of New York City” just before a “brown” waiter, carrying a tray of hors d’ouevres, comes through the kitchen doors with the sound of Selena singing ‘pero ay como me duele’” [but oh how I hurt] (31). The poem ends with her waiting for the speaker’s to thanks. These poems resist White hegemony not only semantically but also linguistically through the use of Spanish.

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William Carlos Williams, the son of a Puerto Rican mother and an English father, was also a first-generation immigrant, being born, growing up and living most of his adult life in Rutherford, New Jersey. Williams was one of the first in the Latino literary tradition to use Spanglish in his 1917 poetry collection Al que quiere [To the one who wants] and 1920 Kora in Hell[7] (Hernandez Cruz 349). The inclusion of Spanish not only affirms Williams’ and Olivarez’s latinidad (Aldama 2), but also undermines the narrative that the United States is or should be an English-language-only country.[8] Olivarez further undercuts this narrative in the footnote to “Getting Ready to Say I Love You to My Dad, It Rains,” which says ironically, “America loves me most when i strum a Spanish song. mi boca guitarrón[9] [my guitarrón mouth]. when i say me estoy muriendo [I am dying], they say that’s my jam” (61). What “they,” who can only be understood as non-Spanish speaking Americans, believe is the speaker’s “jam” actually reveals his deep distress. In “Mexican Heaven,” after Whites ask the Mexicans to speak only English, the following verse responds with four lines in Spanish: “tamales. tacos. tostadas. / tortas. pozole. sopes. / huaraches. menudo. horchata. / jamaica. limonada. agua.” (44). Stylistically, the use of a period after each word, which in the last twenty years has become popular in informal writing, indicates that the individual is speaking slowly, deliberately emphasizing each word, which in this case is food or drink associated not with Mexicans. The lack of capitalization at the beginning of sentences in all the poems of Citizen Illegal and even proper nouns in some poems such as “I Walk into Every Room & Yell Where the Mexicans At,” also, undercuts the hegemonic linguistic narrative by violating standardized English grammar. The speaker in “Note: Rose that Grows from Concrete,” who says that the “emperor’s muddy boot” views both the rose and concrete as a “welcome mat,” encapsulates this resistance by succinctly enjoining “be a rusty nail. make the emperor howl” (18). Semantically, linguistically, and stylistically, this collection challenges the status quo in the United States, which has placed Latinos in an inherently ambiguous status.

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The roots of this ambiguous status can be found in the earliest years of the American republic. The Naturalization Act of 1790 required a person to be White to become a citizen. Article Eight of the 1848 Treaty of Guadalupe Hidalgo, which ended the Mexican American War, granted citizenship to the approximately 100,000 residents of the territories Mexico ceded to the United States, tacitly declaring them White, which has been the official position of the United States government ever since, except for the 1930 census, when there was a separate category for Mexicans. If legally considered White, Latinos have never been accorded the same rights and privileges, frequently being treated as second class citizens and discriminated against throughout American history. Latinos’ ambiguous status can be seen in the poem “Mexican American Disambiguation.” At the end, the speaker expresses his conflicted position in American society saying, “the Chicano / in me … should not be confused with the diversity / in me or the mexicano in me who is constantly fighting / with the upwardly mobile in me who is good friends / with the Mexican American in me, who the colleges love, / but only on brochures, who the government calls / NON-WHITE, HISPANIC or WHITE, HISPANIC”[10] (Original capitalization, 42). Stylistically, the use of all capital letters reflects the U.S. government’s official racial/ethnic categories designation for Latinos. All capitals also show the offensiveness of this categorization since that is considered yelling in informal writing. “Gentefication,” the next to the last poem in the book, however, offers some hope for a more just society. Mexicans, gente [people], have taken back the neighborhood block, the reverse of White gentrification. The Treaty of Guadalupe Hidalgo has been “rescinded” and “the whole block is alive & not for sale” (64). When the army and the migra, an informal Mexican word for the border patrol, arrive to return the status quo ante, the people have gone. Even though forced to flee, Mexicans had taken back their neighborhood, showing that they can achieve gains. Although Citizen Illegal rightly garners attention for its social justice poems, the book’s last poem is “Guapo” [Handsome], the name the speaker gives himself.

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Citizen Illegal, if it were a novel, would be considered a bildungsroman with its narrative arc stretching from infancy in the first poem to maturity in the last. The poem “River Oaks Mall” relates childhood insecurities such as a crush on a girl. The thrill of a teen party is seen in “Ode to Cal City Basement Parties.” “Summer Love” relates getting dumped at a train station after a summer fling and “Not Love is a Season” recovering after a breakup. Three poems specifically explore the speaker’s relationship with a father who uses corporal punishment and only grunts when his son says he loves him. Although some poems such as “Boy & the Belt” have no social justice references, these themes are often intertwined as in “River Oaks Mall,” which relates how the speaker’s family works so hard to fit into American society it is obvious they do not.

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The coming-of-age poems have two main foci. The first is dealing with one’s own imperfections, which is best summarized by “My Therapist Says Make Friends with Your Monsters.” The second is the struggle to understand and negotiate interpersonal relationships. These are encapsulated by a line from “I Wake in a Field of Wolves with the Moon,” which says, “i know no love without teeth / & have the scars to remember” (17). Love, though, does not always bite, as the speaker relates in “Love Poem Feat. Kanye West,” dedicated to Erika, saying, “i don’t know how love works / but i remember the day my grandma died // we talked on the phone. / i don’t remember what you said / or whether it helped. / i only remember / when i called you answered” (60). “Guapo” concludes the entire collection. The baby of the first poem has become a mature adult who accepts his own imperfections and that he looks like his parents, metaphorically coming to terms with them and his heritage, if not necessarily his place in America.

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Jose Olivarez powerfully and poignantly explores the struggle of a young first generation Mexican American, who has a “half-everything, / all nothing nature” (49), to find his identity. His poems pull no punches. They clearly delineate the injustices of racism against and the exploitation of Latinos, who inhabit an inherently conflicted status in American society. The speaker in “I Walk into Every Room & Yell Where The Mexicans At” says his father sings “Por Tu Maldito /Amor” (31) [For Your Cursed / Love] to America. These poems also relate the joys and struggles of coming to terms with oneself and one’s parents and finding love..

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Works Cited

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Aldama, Frederick Luis. Formal Matters in Contemporary Latino Poetry. Palgrave MacMillan, 2013.

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Hernandez Cruz, Victor. “Encounters with an Americano Poet: William Carlos Williams.” Conjunctions, no. 29 (1997), pp. 345-9, https://www.jstor.org/stable/24515747. Accessed August 21, 2023.

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Noel, Urayoán. “Poetry.” The Routledge Companion to Latino/a Literature, edited by Suzanne Bost and Frances R. Aparicio. Taylor & Francis Group, 2012.

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Mack, Kristen, and John Paltrey. “Capitalizing Black and White: Grammatical Justice and Equity.” McArthur Foundation, August 26, 2020, https://www.macfound.org/press/perspectives/capitalizing-black-and-white-grammatical-justice-and-equity. Accessed August 20, 2023.

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Noe-Bustamante, Luis, et al. “Majority of Latinos Say Skin Color Impacts Opportunity in America and Shapes Daily Life.” Pew Research Center, February 4, 2021, https://www.pewresearch.org/hispanic/2021/11/04/half-of-u-s-latinos-experienced-some-form-of-discrimination-during-the-first-year-of-the-pandemic/. Accessed August 20, 2023.

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Obinna, Denise N. “Lessons in Democracy: America’s Tenuous History

with Immigrants.” Journal of Historical Sociology, vol. 31 (2018), pp. 238-52.

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Olivarez, José. Citizen Illegal. Haymarket Books, 2018.

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Olivarez, José. “José Olivarez: How I Wrote ‘A Mexican Dreams of Heaven.” The Adroit Journal, February 27, 2019, https://theadroitjournal.org/2019/02/27/jose-olivarez-how-i-wrote-a-mexican-dreams-of-heaven/. Accessed August 17, 2023.

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Rodriguez, Ralph E. Latinx Literature Unbound: Undoing Ethnic Expectation. Fordham University Press, 2018.

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  1. All translations from Spanish to English are the author’s unless otherwise noted.

  2. See José Olivarez, “A Mexican Dreams of Heaven,” The Adroit Journal, issue 24 (January 2018), https://theadroitjournal.org/issue-twenty-four-jose-olivarez/.

  3. The “Mexican Heaven” parenthetical references are to the page number for the stanza of the quote.

  4. Olivarez based this verse upon his mom pretending not to know his brothers are partying in the basement (Olivarez, “How I Wrote”).

  5. The racial category White is capitalized in this article as is Latino and other racial groups. The traditional orthographic standard of upper case for other races and lower case for Whites implies that they are “the standard and norm” (Mack).

  6. See Pedro Pietri, “Puerto Rican Obituary,” Selected Poetry (City Lights Books, 2015), Poetry Foundation, https://www.poetryfoundation.org/poems/58396/puerto-rican-obituary. Accessed August 17, 2023.

  7. The kora is a West African harp.

  8. A 2021 Pew Research survey found that 23% of Latino adults had been criticized for speaking Spanish in public (Noe-Bustamante).

  9. The guitarrón is a large six-string bass guitar frequently played in Mariachi bands.

  10. In Directive 15 on May 12, 1977, The Office of Management and Budget promulgated the following categories that the federal government has used with only slight variation since that time in censuses and governmental forms to collect demographic information and categorize the population: Race: American Indian or Alaskan Native, Asian or Pacific Islander, Black, White. Ethnicity: Hispanic origin, Not of Hispanic origin.


John Kenneth Gibson is a graduate student in Spanish literature and cultural production at North Carolina State University. His research interests include religion, the body, gender, and neoliberalism. His essay “The Contested Travesti Bodies of Las malas and Tesis sobre una domesticaión” is forthcoming in Lexington Book’s Non-Normative Sexuality in U.S. Latinx and Latin American Literature.

Mujeres perdidas

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Mujeres perdidas

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—Entonces no estás loca, has anotado a Charlie. ¡Todos quieren estar con Charlie!, —dijo el indio. No sabía si debía abofetearlo o debía tomarlo como un cumplido, pero durante los años me había acostumbrado a esta dualidad en su expresión, que no se trataba de verdadero o falso. En resumen, la interpretación fue guiada por sus propios objetivos. No fue hasta muchos años después que aprendí a establecer mis propias metas, pero en parte retuve la técnica interpretativa de mi profesor indio, que me llevó por todo el mundo de una manera altamente efectiva.

Pero el indio continuó:

—Pero pensé que Charlie era para Helena, mi esposa, he estado pensando en esto durante varios meses, los dos juntos.

Ahora temía por la revisión familiar del indio de su impotencia, la depresión de su esposa por esto y su búsqueda desesperada de un hombre para tomar su lugar en la cama. Solo en la cama. Los niños, la vida familiar y las vacaciones iban a seguir siendo su dominio. Sentí ahora, por primera vez, un odio genuino hacia este hombre, el indio, creciendo dentro de mí. Estaba sinceramente enamorada de Charlie, pero había perdido contacto con él, cuando mi interés parecía intimidarlo. No respondía a mis mensajes y me había bloqueado en su teléfono. Me sentía casi loca por el rechazo, con la sensación de un profundo abismo presionado contra mi laringe, combinado con la huella de un puño en el plexo solar. El día anterior, había estado acostado 8 horas directamente en el piso sucio y frío de mi sala con un edredón sobre mí, completamente despierto e incapaz de tomar la decisión de moverme o desviarme de los pensamientos negativos. Le había prometido a Charlie que no informaría al indio sobre nuestras pequeñas aventuras, pero mi ingenua esperanza, de que el indio pudiera darme la llave del corazón de Charlie, me había hecho romper esa promesa.

Mi arrepentimiento fue inmediato. ¿Fue esta la sofisticada venganza del indio por mi rechazo de él como hombre muchos años antes? Su delirio de palabras sobre la posible relación íntima de su esposa y Charlie me torturó y creó un celo paralizante. Afortunadamente, el flujo de voz fue interrumpido por el timbre de mi teléfono y hui a mi oficina a contestar.

—Buenos días, habla con el Hospital Herlev, la enfermera jefa del departamento de neurología. ¿Usted es la hija de Inga?

—Sí soy yo. ¿Qué pasa?

—Bueno, tu madre está aquí y ella no se siente muy bien. Tiene miedo de estar sola.

Respiré hondo y miré mi reloj, eran las cuatro de la tarde.

—Tengo que recoger a mi hija de la escuela en 30 minutos —dije—. En el fin de semana visito a mi madre y paso la noche con ella en su casa del pueblo. ¿Es muy mala?

—No nos atrevemos a dejarla sola, sus pensamientos han vagado por el suicidio como una posibilidad— respondió la enfermera.

—Espere, por favor, un momento—. Silencié el teléfono y fui a la oficina del indio, que había tenido a mi madre como cliente varias veces. Después de describirle brevemente la situación, su recomendación fue que mi madre podía pasar la noche en el hospital, pero en ninguna circunstancia debía tomar antidepresivos o recibir electrochoque, que le dije a la enfermera.

No hubo visita al pueblo de mi madre este fin de semana, sino una visita a la sala psiquiátrica cerrada del hospital Ballerup. Ballerup era un suburbio de la capital de Dinamarca y el fin del mundo en el país, un boleto seguro a la depresión con sus campos planos y grises sembrados de autopistas de 8 carriles y bloques residenciales de concreto. Mi madre me recibió en la entrada con una enfermera, desaliñada y frágil como un pajarito gris, pero aún llena de vida en forma de su personalidad exigente e infantil. Firmé los papeles para ser la persona de contacto del hospital para mi madre. Debido a Corona, por ahora yo era su único contacto físico con el mundo fuera del hospital, y una visita tenía que ser reservada previamente y tenía que durar un máximo de 45 minutos. Nos llevaron a una habitación con 5-6 médicos y enfermeras, y nos colocaron en sillones alrededor de una mesa baja. Todos llevaban máscaras azules, excepto mi madre.

El médico polaco, que parecía agotado y sobrecalentado, se presentó y comenzó con las palabras.

—Inga no se siente bien, he tenido una larga conversación con ella y en base a esta, le ofreceremos nuestro tratamiento, que es terapia farmacéutica.

—¿Por qué?, —pregunté.

El médico se quitó la máscara facial y se sentó en el borde de la mesa justo frente a mí.

—Tu madre tiene una depresión profunda, a veces es una cuestión de química.

Tuve que explicar algunos detalles al médico.

—Mi madre no tiene depresión, tiene una profunda melancolía. Toda su vida ha vivido a la sombra de su marido, que murió hace 5 años dije-. Ella siente la edad de su cuerpo y su miedo es que tendrá un accidente físico con ella y que nadie la ayudará o visitará después. ¿Y qué pasa este verano? Mi madre se cae y se rompe la pierna, ¿Y quién la visita? Nadie. Mi hija de 7 años y yo venimos pocos días y mi hermano nunca. Su miedo se ha hecho realidad. Por supuesto, mi madre se siente melancólica ahora, es natural, ella reacciona normalmente.

—Muy bien, pero aquí no entramos en el pasado de tu madre. Aquí ofrecemos terapia médica, para eliminar confusión mental ahora mismo. – respondió el médico, que parecía alguien que consumía cocaína, o simplemente alguien con un gran déficit de sueño. A pesar de su condición, un hombre guapo.

—Soy terapeuta, hago otro tipo de terapia, —dije—. Y podemos llamar al terapeuta de mi madre ahora, él puede llevarla de vuelta a la vida como lo ha hecho antes sin antidepresivos.

Marqué el número del indio en mi teléfono, Pero mi madre comenzó a lloriquear y llorar.

—No, no quiero hablar con él. ¡me siento mal!

Se llevó las manos al pecho y al cuello, pero no sentí lástima por ella, solo irritación. Después de 30 minutos de discusión con el personal del hospital, tuve que irme.

—¡He tomado una decisión! —Fue lo último que mi madre me gritó mientras una enfermera la sostenía de los hombros.

La próxima vez que visité a mi madre en la sala cerrada, ella estaba bajo toda la influencia del medicamento antidepresivo. Esto duró 8 días y pasamos 45 minutos cada día discutiendo en la pequeña sala de visitas o caminando por las barracas del hospital. Cuando me iba, mi madre lloraba contra la pared del pasillo del hospital como una niña pequeña.

En la clínica, el ambiente era extraño. El indio aparentemente había informado a todos los colegas sobre la situación de mi madre, incluida mi fallida aventura con Charlie, porque me miraron con una mezcla de lástima y curiosidad, sin cuestionar. Cuando le pregunté al indio si le parecía bien que yo también informara al resto de los compañeros de la clínica sobre sus secretos, le hizo montar en cólera y la espuma salió de su boca mientras su rabia descendió sobre mí. Lo perdoné con una mezcla de estrategia y conciencia culpable. Su hermana estaba muriendo en Delhi, India y a causa de la epidemia de corona no pudo viajar y despedirse de ella. Al mismo tiempo, tenía dificultades para controlar a su joven esposa, quien se burlaba de él con sus amantes. Necesitaba la ayuda del indio ahora. La condición de mi madre no ha cambiado. Ella continuó cubriendo su melancolía con su teatro sufriente, y el personal estaba claramente cansado de ser el público. Vi cómo rechazaban sus preguntas y preocupaciones de una manera sucinta e irritable, no había compasión de su parte. Tenía la clara sensación de que el siguiente paso de los médicos sería darle electrochoque.

Y, como había temido, en la próxima visita al hospital había, además de mi madre, 5 enfermeras y médicos enmascarados en la pequeña sala de visita. El médico polaco fue reemplazado por una doctora de casi 30 años, que comenzó la reunión con las palabras.

—Hemos evaluado la condición de Inga, está muy mal, no vemos el progreso esperado y, por lo tanto, hemos tenido conversaciones preparatorias sobre el curso posterior del tratamiento.

—¿Salir del hospital? Me hice el tonto y agradecí en voz baja al indio por prepararse para esta conversación. A pesar de que podría ser un grano en el trasero podrías confiar en él en situaciones realmente críticas, como ahora. Posiblemente esta fue la explicación de su flujo constante de clientes en la clínica de la capital de Dinamarca, Copenhague. El médico negó con la cabeza.

—Inga no está lista para salir del hospital, pero le ofreceremos nuestro tratamiento ECT, estimulación eléctrica.

—Estáis progresando muy lentamente, ¿por qué no lo habéis ofrecido antes, por qué solo ahora? Después de todo, mi madre ya ha estado aquí por 8 días, —pregunté.

El médico se encogió de hombros un poco confundido y continué.

—¿Lo has probado, recibir descargas eléctricas en tu cerebro? – miré directamente a la doctora, sus ojos revolotearon.

—No, yo no, pero ¿lo has hecho tú?, —ella preguntó desafiante. Fue como una conversación entre dos niñas de 13 años y respondí.

—¿Qué piensas tú mismo? Pero si le parece tan bueno, tal vez deberías probarlo tú mismo. ¿Por qué no? El cuello del doctor se puso rojo, las enfermeras se removieron inquietas en sus sillas y mi madre me agarró la mano y me acarició el antebrazo como si fuera un gato pequeño.

—Pero Mia, sólo quiero sentirme mejor.

Me miró rezando. Tuve que usar todas mis fuerzas para no golpearla en la cara y volví al médico.

—No obtendréis mi autorización o firma para el tratamiento de electrochoque de mi madre. No lo permito. —No necesitamos tu permiso, —respondió el médico y mi madre se puso a llorar mientras se le escapaban las palabras.

—Estoy tan confundida ahora, solo quiero sentirme bien…

—Tal vez sería buena idea que en el futuro organicemos estas reuniones sin tu hija. ¿qué te parece, Inga? —El médico preguntó a mi madre, que seguía llorando sin responder.

—Me pones en contra de mi propia madre y me amenazas con excluirme de reuniones cruciales, esto es ilegal, ¿quieres salir en la portada del periódico o en los tribunales?, —grité.

Ahora estaba furiosa, y el grupo de médicos y enfermeras salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí en silencio dejándonos solas a mi madre y a mí.

—¿Te has vuelto completamente loca? Estoy tratando salvarte el culo, para evitar que te conviertas en un vegetal pasivo y luego me opongas, el teatro continúa.

Me paré en medio del piso frente a mi madre, que me miró con los ojos muy abiertos. Esta mujer perdió límites, nada más y la verdad era que, aunque solo había dado a luz a un niño, tenía dos hijas.

—Ahora empacamos sus cosas y salimos de esta institución, que no está dirigida por el mal sino por personas superficiales. Puedes quedarte en mi casa hasta que puedes valerte por ti mismo otra vez ¡vamos! — ¡Pero Mia, no puedo!, —ella dijo, pero yo no me rendí.

—Si aceptas electrochoque, borraré mi nombre como persona de contacto, no vendré más aquí. Puedes escribir el nombre de mi hermano en su lugar. Disfruta de tu masaje cerebral eléctrico ¡bon voyage! No me verás, ni a mí ni a tu nieta ¡Adiós!, —dije y sentí alivio cuando vi la obstinación familiar en los ojos de mi madre y continué.

—Has estado en una situación jodida, sola, vieja, herida y sin la ayuda de tu familia, por supuesto que eres infeliz, melancólica, reaccionas con naturalidad, acéptalo ahora.

—¡No quiero hablar más de eso! Quiero estar sola y no volverás mañana. — Mi madre dijo como despedida, parecía cansada de todo.

Los días siguientes, presioné el hospital con llamadas constantes. Quería el nombre completo del médico que me había amenazado con excluirme de las reuniones, pero nadie me dio el nombre.

La próxima vez que visité a mi madre, ella estaba un poco más tranquila y pronto le pregunté si el personal había hablado más sobre el electrochoque.

—No quiero hablar más de eso – respondió preciosamente, consciente de su poder, que normalmente habría causado una explosión de mi parte, pero respondí.

—Depende de ti, pero si eliges quedarte en tu viaje de fantasía, le decimos adiós a la hija y le damos la bienvenida al hijo. Como persona de contacto, necesito saber qué te está pasando, —dije.

—Sí, han hablado un poco de eso, —mi madre respondió como un niño malhumorado.

—¿y qué les respondiste?

—Cállate, —murmuró.

—¿Qué has dicho?, —dije—. Lo siento, escucho mal.

—Les dije que se callaran, —ella dijo un poco más fuerte.

—¡Jesús cristo, gracias a Dios, yes!, — exclamé sorprendido—. Has elegido la vida, gracias, mamá.

Yo no sabía que era tan fuerte, ella era genial, después de todo. Tal vez fue el suelo de Jutlandia desde su origen, bajo el cual se escondía una paciencia y terquedad.

—Pero ahora tampoco quiero hablarte más de eso, —dijo brevemente, como si acabara de satisfacer a un niño molesto, la gratitud nunca había sido parte del repertorio de mi madre.

La vida había ganado. De regreso en el tren a la capital y a mi hija, me permití soñar un poco. Después de muchos días en la realidad cruda necesitaba un escape mental. Me imaginé cómo me acostaría en la cama con Charlie, describiendo vívidamente mi acto heroico en la sala psiquiátrica, cómo había salvado a mi madre de la ciencia médica atrasada. Me escuchaba fascinado y me miraba con ojos muy abiertos llenos de admiración y pensaría que yo era increíble. Él se enamoraría de mí.

De vuelta en la clínica, el indio me informó que Charlie acababa de visitarlo para presentarle a su nueva novia, una bailarina profesional argentina de 22 años. Me vi cómo yo era, una mujer de mediana edad con una madre exigente y sola con una hija de 7 años. La justicia, la honestidad o la habilidad nunca serían una garantía de no perder a un hombre, si aceptara esto, todo sería más fácil.

 


Trine Kestner nació y creció en Dinamarca. Ahora es estudiante de lengua y cultura española y latinoamericana en la universidad de Copenhague. Escribe cuentos para la revista Hendes Verden, editada en Dinamarca; trabaja como terapeuta de jóvenes y adultos con diversos tipos de adicciones. Antes, producía y vivía de su cerámica.

Amparo Dávila ante la crítica

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Amparo Dávila ante la crítica

 

Sin dar por sentado que toda literatura hecha por mujeres fue sistemáticamente invisibilizada como verdad absoluta, este libro se propone examinar la recepción de Amparo Dávila para mostrar los prejuicios de género disimulados mediante valoraciones estéticas e inconsistencias de su reconocimiento. Y no solamente esto, también pretende generar una nueva perspectiva valorativa en torno a su escritura y posibilitar una lectura menos ceñida por el género fantástico.

Además de que la recepción de Dávila permite distinguir los cambios en la valoración estética de la literatura escrita por mujeres del momento de su producción en el siglo XX al siglo XXI, se muestra la resistencia que hubo en algunos críticos para reconocer que era merecido el Premio Xavier Villaurrutia que le otorgaron por Árboles petrificados. Si la ideología dominante presenta la creatividad artística como una cualidad específicamente masculina, entonces la autoría femenina es vista como una anomalía. Las normas de escritura fueron establecidas por y para la pluma masculina. Lejos de aceptar que hay algo importante en la escritura de Dávila muestran sus prejuicios literarios propios del habitus (Pierre Bourdieu) en la crítica literaria. Algunos críticos sacaron su manual de “la perfecta escritura” y se lo asestaron a la zacatecana para menospreciar sus cuentos. Se requeriría una nueva mirada para estimarla, una mirada no guiada únicamente por las características establecidas en forma de géneros literarios inamovibles y de la forma correcta de componer, de escribir como los grandes. Este es uno de los aspectos que se revisan en Amparo Dávila en su proceso de recepción, libro publicado en junio de este año por Ediciones Eón para formar parte de su Colección Ensayos.

El impulso inicial de estudio fue preguntar por qué Amparo Dávila no era tan estudiada en las últimas décadas del siglo anterior, aunque se le pusiera en el listado de autoras de los años cincuenta y, por si fuera poco, la publicación de sus cuentos reunidos en el 2009 no incluye ningún estudio introductorio. De manera peculiar, a partir del 2009 se incrementan los análisis y los congresos dedicados a ella. Algo se inicia con el siglo XXI: sin duda una mirada diferente capaz de apreciar lo que había allí. Esto no sólo pasa en la investigación crítica sino también con las escritoras de las décadas recientes.

Por esto mismo, se revisa cómo Cristina Rivera Garza crea una relación ficcional con su precursora más allá del homenaje. No es sólo que cree a Amparo Dávila la verdadera y la falsa en La cresta de Ilión. En esta novela, la tamaulipeca se ve a ella misma como parte de las emisarias de Dávila.

La Literatura está en movimiento y las escritoras actuales no necesariamente siguen a sus predecesores masculinos. Crean, no se atienen a escuelas de escritura. No necesariamente se pones en relación con escritoras o escritores previos como causa y efecto. Así como a los acontecimientos pasados se les ve desde un presente que los interroga de determinada manera, también se vale escoger y construir una relación con la predecesora a partir de una reinterpretación de lo que la primera hizo. Como parte de la recepción, se vuelve interesante revisar esto. Las escritoras del XXI encuentran cómo subsumir la ansiedad de autoría y construir su diálogo con ellas, en este caso con Dávila.

Desde el horizonte cultural actual es distinguible cómo Dávila visibiliza situaciones de injusticia normalizadas en la cotidianidad por medio de los roles de género en tratamientos y efectos propios de lo fantástico. La escritora zacatecana narra este tipo de situaciones que no sólo afectan a las mujeres por la codificación moral a la que es llevada el rol de género sino también a los hombres. Usa la imposibilidad de cumplir con las exigencias implícitas en los roles de género como un detonante para generar desasosiego y una situación fantástica. Se trata de apreciar desde otra óptica lo que hay en los cuentos de Dávila que, muchas veces, pasaban como asuntos no tan bien tratados o como temas más bien femeninos. Hay que considerar los cambios en la apreciación porque ya hay un horizonte cultural y literario diferente en la crítica y en la narración de las escritoras. Lo fantástico en ella no es la presencia de lo sobrenatural sino de que se muestre lo que ya existe en la cotidianidad. Lo fantástico en Dávila abre grietas en la realidad normalizada, como se expone en algunos capítulos.

Es la labor de las estudiosas y estudiosos literarios analizar, entender y señalar nuevas relaciones en la Literatura. Desde la convicción acerca de que la incursión en la recepción de una autora dinamiza y enriquece las posibilidades de leer y comprender a las autoras, este trabajo se suma a todos los que se están escribiendo en un diálogo con la escritura daviliana.

 

 

 


Carmen Dolores Carrillo Juárez es doctora en Literatura Hispánica por El Colegio de México. La comprensión literaria y el estudio de la Literatura Mexicana constituyen un interés fundamental para ella. Ahora enfoca su interés al reto de complementar la historia de la Literatura con la obra de escritoras mexicanas abriendo nuevos enfoques para su análisis. Su proyecto de investigación actual está dedicado a la revisión de la recepción de Amparo Dávila e Inés Arredondo.

La investigación es para Carmen Dolores Carrillo Juárez una pasión que conjuga con su gran gusto por la docencia. Ser profesora investigadora de tiempo completo de la UAQ le permite transmitir a sus estudiantes el gusto por el conocimiento y la comprensión de la literatura. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) desde el 2012.

Actualmente es líder del Cuerpo Académico Consolidado de Estudios Literarios. Autora del libro El mar de la noche. Intertextualidad y apropiación en la poesía de José Emilio Pacheco, escritora de capítulos en libros nacionales como Márgenes del canon: la antología literaria en México e Hispanoamérica y Cristina Rivera Garza: una escritura impropia; y de capítulos en libros extranjeros como en Relecturas y nuevos horizontes en los estudios hispánicos. Literatura (poesía y narrativa) y en Bellatin en su proceso: los gestos de la escritura. Cuenta con artículos publicados en revistas especializadas, por citar un par: “Lo anterior de Cristina Rivera Garza: novela como espacio especular” y “De la utopía franciscana a la utopía dialógica en Cielos de la Tierra”.

Coordinadora de los libros colectivos Traducción y tradición literaria, Fronteras y horizontes: cinco acercamientos a la literatura mexicana contemporánea y Enseñanza de la Literatura: algunas preocupaciones, así como del dossier Acercamientos a la narrativa de Amparo Dávila. Directora de la revista digital indexada Diseminaciones, revista académica de Humanidades y Ciencias sociales, de la Facultad de Lenguas y Letras de la UAQ.

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La poesía es lo cura

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La poesía es lo cura

(Poetry is the cure)

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I saw this tatooed to a friend’s arm—the friend was the great Mexican poet, Francisco Hernandez. It’s true, poetry is my way of maintaining sanity, of ordering chaos. Music is also my way to excise demons and find harmony. In recent years, I’ve begun closing the gap between music, as one thing, and poetry, as another. I can no longer see them as separate. Music follows the contours of language, in effect, adding a uber language to already existing word sounds. My goal is to write—the notes and the words—somewhere in the penumbra between accessibility and mystery.

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My group’s name is Animula and these songs are on the album entitled Trails. In the recordings, I’m joined by my friend, Sebastian Garrido, in our studio in Mexico City’s Roma. We’re currently working there on our fourth album. Animula/The Trails is available on all music servers.

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The song, Cuidala, is about a man whose girlfriend overdoses and dies. To preserve her, he puts her in his car and drives her to Alaska. Madness.

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Cuídala – Animula

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The song, The Lost Lady, is a about the holocaust. Madness.

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The Lost Lady – Animula

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The song, Days on Hold… Also Madness.

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Days on hold – Animula

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Finally, the song Sundown is about surviving with PTSD after I came home from the war with the Taliban.

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Sundown – Animula


Marlon L. Fick divide su tiempo entre Ciudad de México y Odessa, Texas, donde es profesor de literatura inglesa en la Universidad de Texas—Permian Basin. Además de traductor, es poeta con varios títulos publicados. Ha recibido el premio National Endowment for the Arts de escritura creativa. Editó y tradujo la antología The River is Wide/El río es ancho. Twenty Mexican Poets. Antología bilingüe, traducción de 20 poetas mexicanos.