En la Sierra

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Créditos a @Adriana Ramos Zepeda

En la Sierra, se juega baasquetbol. La cancha está en la escuela. Ahí, en el recreo, la pelota es la protagonista. Hubo un tiempo en que sólo los niños iban tras ella. Ahora, pueden agruparse niñas y niños. La atracción por el deporte se amplía cuando la escuela se abre para la realización de torneos escolares o aquellos que tienen que ver con las festividades tanto oficiales como las de la propia localidad.

  Es el pasatiempo de los jóvenes y de los adultos, quienes se congregan en la cancha por la tarde, luego de las labores del día. Puede ser un 21 o un partido con el tiempo definido por los participantes. Antes, la diversión concluía cuando se ocultaba el sol. Al haberse instalado la luz eléctrica en el poblado, una prioridad fue colocar alrededor de la cancha las lámparas que extendieran la posibilidad de seguir jugando.

  La tarde puede ser también la oportunidad de aceptar la reta que propuso la localidad que está hacia la parte alta de la montaña. Un primer reto, ascender. El segundo, estar en forma para no ser apaleados. El tercero, el descenso, una vez transcurrido el tiempo de juego, en el que no habrá tregua. Aun así, está la alegría, que se acrecienta cuando se trata de un torneo que congrega a más de diez equipos. La animada marcha de los partidos construye un tiempo en el que sólo importa saber la suerte del equipo favorito. Siempre habrá rivalidades, las que se tornan atractivas cuando se enfrentan los locales a equipos venidos del otro lado de la línea o cuando se pasa hacia una localidad del otro lado, con cuyos habitantes siempre se está en contacto, por los lazos de parentesco o por esa dilatada convivencia que no conoce restricción alguna.

  Cuando la señal de televisión cubrió la Sierra, el futbol fue sentando sus reales. Empezó a saberse de aquellos campos a los que se les hacía cumplir con las medidas reglamentarias, a pesar de las laderas o de la línea (líneas más allá de la línea). El futbol se convirtió en un deporte al que se podía acceder por dos vías: primero por medio de la radio, cuando era lo único disponible, y después, a través de la televisión. Se trataba de captar la señal de las justas deportivas de corte internacional. Había que ser pacientes para esperarlas cada cuatro años, memorizar los nombres de los jugadores, emularlos y decirlos en voz alta, mientras se quería mostrar que se tenía cierto dominio del balón.

  El mimetismo alcanzaba tal grado que del apropiarse de los nombres de los jugadores se pasaba a incrustarlos en el ámbito familiar, ya fuera mediante la elección del apelativo para uno de los hijos o como apodo que el niño designaba para sí mismo. Las selecciones de futbol de cuyos jugadores se obtuvieron nombres fueron dos, por lo menos: Brasil y Francia. Si para el niño, el de un jugador; para la niña, el de un equipo, cuya elección era producto de una apuesta entre hermanos.

  Las restricciones producto de la ansiedad económica en el manejo de las transmisiones de los partidos de futbol impedirán que se vuelva a presentar esa cercanía con la afición, que se formó al amparo de la señal de televisión abierta, cuando la calle era la cancha y la portería se hacía con piedras que estaban a la mano y siempre con el riesgo de que la pelota saliera disparada hacia abajo, rumbo al río. En este tiempo, los torneos de futbol son promovidos por ligas municipales; se catalogan según categorías, en las que la infantil tiene un gran éxito, con niños y niñas que se identifican con equipos de las ligas europeas y que quizá sus padres eligieron para ellos, para ellas, un nombre que ya no recuerda aquel jugador de cuando se sabía de los mundiales por medio de una señal de televisión gratuita.

 


Carlos Gutiérrez Alfonzo es poeta y ensayista. De su autoría son los siguientes volúmenes de poemas: Cirene (1994), Vitral el alba (2000), Mudanza de las sílabas (2012), Poniente (2012), Que se halla por ventura (2015) y Si quien leyera fuera otro (2018). Ha publicado los libros Ascenso y precisión. Tres poemas de autores chiapanecos (2016) y Minucias. Maneras de decir cómo se vive la frontera (2021). Se desempeña como Investigador del Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur, de la Universidad Nacional Autónoma de México (CIMSUR-UNAM).


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