ISSN 2692-3912

Digger: el arte de la provocación y el espejo en el que no queremos vernos.

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Digger: el arte de la provocación y el espejo en el que no queremos vernos.

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Desde que Marcel Duchamp presentó un inodoro en la exposición de la Sociedad de Artistas Independientes de 1917, el arte contemporáneo no ha perdido su impronta lúdica y el afán de provocar. El cine no ha sido la excepción: En 1930, en París, en el estreno de La edad de Oro de Luis Buñuel, el público destrozó el cine. Años más tarde, Citizen Kane (1941) de Orson Welles, que claramente satirizaba al más grande magnate de la prensa, fue silenciada en su momento y su director perseguido a lo largo de toda su carrera. En ambos ejemplos, sus directores sabían lo que hacían. La sátira en el arte siempre busca incitar el choque, el rechazo del sistema, la rabia de las clases dominantes, y la reflexión del público, que ve en ese arte una interpretación de su realidad.

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En Digger (2026) Alejandro González Iñárritu sabe perfectamente lo que hace: Quiere provocar a espectadores y a críticos. Empieza por transformar a una de las estrellas de Hollywood (Cruise), un ícono del cine de acción pese a su edad, que lleva a cuestas una lista de grandes éxitos de taquilla intrascendentes, y lo convierte en su protagonista, Digger Rockwell, un viejo grotesco, un palurdo cuya avaricia y ambición de poder ha destruido ecosistemas en todo el mundo. Después toma a dos grandes actores (Goodman y Ahmed) y una espléndida actriz (Hüller), quienes realizan una excelente interpretación fársica, y los convierte en patiños del protagonista. Con ellos, la fotografía de Lubezki y un trabajo de diseño escénico impresionante, convierte un guion original (pésele a quien le pese, es original) en una fábula contemporánea, en la cual todos los espectadores nos vemos reflejados.

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Digger (2026) | Rotten Tomatoes

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Se entiende la crítica adversa y la repulsa que ha provocado. No sólo por la caricatura del presidente de la nación más poderosa de la tierra, porque eso ya no impresiona: la realidad ha superado a la ficción, baste ver la reacción del caricaturizado ante la elección del Premio Nobel de la Paz de este año. Ni siquiera por la demoledora visión que presenta de los magnates que destruyen el mundo para enriquecerse, sea con combustibles fósiles o con “superinteligencia” (no quiero ser enemigo de un país al que admiro por muchas razones, por eso no uso el término de IA). Lo que duele, finalmente, es que todos y cada uno de los espectadores nos vemos reflejados en esta sátira y sus sorprendentes giros de trama. De ahí se debería desprender la reflexión.

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El director no perdona: el poder político, los ejércitos, las religiones que se venden al mejor postor, los defensores del medio ambiente, las feministas, el mundo científico que también se vende al mejor postor, aquellos que tienen animalhijos, los vegetarianos, todos podemos ver al otro y vernos en este espejo. Escuchen el monólogo de Digger Rockwell y entenderán que todos y cada uno de nosotros somos culpables de la realidad actual. Y si no, pregúntense: ¿cuántos renunciaríamos al automóvil para mejorar la calidad de la atmósfera terrestre?

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Entiendo por qué la crítica ha sido demasiado dura con la cinta. Seguramente mucha ha sido pagada por quienes se indignaron de verse en ese espejo. Y seguro el algoritmo del que habla Digger Rockwell en parte tiene la culpa del fracaso en taquilla. Y también entiendo que el gran público no haya querido verla y, si la vio, comprendo que no le haya gustado. A diferencia de Christopher Nolan, que hizo de una epopeya una banal cinta comercial, González Iñárritu ha hecho de una farsa una obra de arte que refleja nuestra realidad. Y nadie queremos reconocernos en este espejo. Lo cual es una lástima. Porque pese a lo doloroso de este genial mundo fársico, el final es esperanzador. Apocalíptico, pero esperanzador. Mucho mejor que el final que merece esta humanidad frívola, consumista, depredadora y egoísta.

Referencia:

Digger. Dirigida por Alejandro G. Iñárritu, interpretada por Tom Cruise, Riz Ahmed, John Goodman, Sandra Hüller, Michael Stuhlbarg y Jesse Plemons, Warner Bros. Pictures, 2026.

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César Antonio Sotelo Gutiérrez es doctor en Filología Hispánica (Universitat de Barcelona), Master of Arts (University of Texas at El Paso) y Licenciado en Letras Españolas (Universidad Autónoma de Chihuahua). Trabajo crítico publicado en: Teatro Mexicano Reciente, Nueve poetas malogrados del Romanticismo Español, Gregorio Torres Quintero. Enseñanza e Historia, Nada es lo que parece. Estudios sobre la novela mexicana, 2000-2009, La sonrisa afilada. Enrique Serna ante la crítica y en artículos en revistas como Plural, Los Universitarios, La Palabra y el Hombre, Revista de la México y Revista de Literatura Mexicana Contemporánea entre otras. Autor de los textos dramáticos: La voz del corazón, El son del corazón, El palpitar de una canción, Réquiem a Federico Chopin, La feria y Van pasando mujeres, Mujeres al alba, Sinatra…la voz y Lucas Lucatero. Fundador y director de la Compañía Teatral Escena Seis 14. Académico Titular en la Licenciatura en Letras Españolas y en la Maestría en Investigación Humanística de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Miembro del Consejo Editorial de la RLMC y de la Revista Metamorfósis y Miembro del Consejo Asesor de Agradecidas Señas. A Journal of Literature, Culture & Critical Essays.