Los deportes y sus cosmovisiones implícitas
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Cada deporte, de acuerdo con su reglamentación y praxis específicas, conlleva, por así decir, una cosmovisión. Hay deportes que buscan reducir la contingencia y el azar a su mínima expresión, mientras que otros lo integran con cierta naturalidad. Esto significa que hay deportes más platónicos y deportes más nietzscheanos; mientras los primeros buscan, a través de unas circunstancias invariables y un entrenamiento sistemático, unos resultados absolutos, incuestionables, los segundos aceptan que hay contingencias ajenas al deporte en sí que pueden determinar el resultado. En lo que sigue, ejemplificaremos esta hipótesis con cuatro disciplinas diferentes.
La natación es un ejercicio sumamente racional y matemático, y, por tanto, podría ser la más platónica de entre las disciplinas deportivas. Así, se practica, si nos centramos en la natación tradicional, en piscinas en las que las condiciones de su práctica se han abstraído de cualquier circunstancia que pueda condicionar los resultados. En el mar, en ríos o en lagos, la práctica de la natación está sujeta a corrientes, temperaturas variables, condiciones climáticas adversas o favorables, etc. Una piscina, por contraste, es un espacio platónicamente puro dado que sus dimensiones, la temperatura y calidad del agua, las corcheras, los poyetes de salida, el sistema de cronometraje, etc., todo está sujeto a una reglamentación que debe cumplirse rigurosamente para acoger competiciones. De esta manera, se asegura que ninguna contingencia pueda afectar los resultados. A esta faceta, se añade su aspecto matemático, ya que las distancias clásicas de la natación de competición se ajustan a números que fomentan estrategias basadas en cálculos rigurosos. Así, las distancias de las pruebas (100, 200, 400 metros, etc.) son centenas exactas que favorecen cálculos perfectos (no se trabaja con números primos ni irracionales). Finalmente, los entrenamientos se ajustan a estudios científicos en cuanto a la distancia y el estilo en los que el o la nadadora en cuestión está especializada. Se toma en cuenta una larga serie de factores como las características físicas de la nadadora, su técnica, el calendario de competiciones, los entrenamientos fuera del agua, las estrategias de recuperación, los análisis de grabaciones de vídeo, la gestión del estrés competitivo, etc. Estos y más factores se analizan y sopesan para alcanzar el máximo rendimiento en el momento preciso de la competición para la que se está preparando. De esta forma, se añade un componente científico a este deporte. En suma, podemos concluir que la natación es un deporte que, al menos en teoría, favorece una actitud vital marcada por la planificación cientificista y la mentalidad matemática. Esto no es óbice para que la natación sea un deporte bello en extremo, ya que la perfección de la técnica y del desarrollo de la prueba pueden producir un placer estético sumo en los espectadores (placer seguramente comparable a la contemplación de las proporciones perfectas en el arte clásico).
El aikido es un arte marcial que también tiene un componente platónico en cuanto que las técnicas que se practican tienen lugar en un espacio ideal, el dojo con su tatami. Los aikidokas van descalzos, visten gi, y las técnicas (waza) se practican en este recinto en el que no hay ningún objeto ni contingencia que pueda interferir con la ejecución de este deporte. Al ser un arte marcial, necesariamente se tiene en cuenta al oponente, pero de una manera reactiva, ya que el aikido no tiene técnicas de ataque, solo de defensa. Este deporte surgió en Japón en las décadas 20 y 30 del siglo XX, y está basado en una filosofía de la armonía y la resolución no violenta de los conflictos. Aunque se fundamenta en otras artes marciales y técnicas de lucha de los samuráis, el aikido solo puede responder a un ataque neutralizando la fuerza que usa el mismo agresor. Hay escuelas de aikido más “realistas” y otras más “idealistas”, en el sentido de que asumen en mayor o menor grado las condiciones concretas de un ataque cuerpo a cuerpo. En cualquiera de los casos, no obstante, las waza están pensadas al mínimo detalle, y generalmente se basan en aceptar un ataque frontal y desviar esa fuerza por medio de un movimiento circular que desestabiliza y neutraliza al agresor. Este arte marcial se fundamenta en un pensamiento de estirpe oriental según el cual todo en el universo está conectado por medio de la energía cósmica ki. Así, según el fundador del aikido, el maestro Morihei Ueshiba, el fin último de las artes marciales (el Budo) es armonizarse con los principios cósmicos: “El Budo no es un medio para derribar al adversario mediante la fuerza o el uso de armas letales. Tampoco se propone conducir al mundo a la destrucción mediante las armas u otros medios ilegítimos. El verdadero Budo requiere ordenar la energía interna del universo, protegiendo la paz del mundo y moldeando y preservando en su forma justa todo lo que existe en la naturaleza.” (Morihei Ueshiba, citado en K. Ueshiba, El espíritu del aikido, 1988). Sería, por tanto, injusto querer caracterizar este deporte con categorías occidentales, pero tiene un componente idealista en el sentido de que hay un espíritu universal que atraviesa todo lo existente; a su vez, este espíritu se manifiesta en la práctica de este arte marcial. El objetivo último de la práctica del aikido es armonizarse con el ki que atraviesa el universo y así contribuir a que el mundo sea más pacífico y benévolo. Es, por tanto, un arte marcial sumamente idealista (también en su sentido filosófico).
La capoeira es un arte marcial brasileño surgido de una hibridación de culturas africanas, indígenas y europeas, si bien su esencia es principal y eminentemente africana. En sus orígenes era un arte marcial, pero en la actualidad, sin haber perdido su componente de lucha, se ha convertido en una actividad deportiva sobre todo lúdica dado que incluye componentes musicales y de danza. La capoeira no es sólo una lucha, sino una actividad que integra un conjunto de aspectos, entre los cuales se incluyen el canto, la música, la danza y la lucha. La práctica de la capoeira culmina en la roda (rueda), donde los capoeristas forman un corro en el que algunos tocan el berimbao, otros las congas, otros el atabaque, otros el pandero y el resto baten palmas y cantan mientras se turnan para entrar en la roda para simular (a veces se pasa de la simulación a la realidad) un combate entre dos luchadores. Esto significa que la capoeira es un deporte comunitario en gran medida, quizá con origen en danzas rituales. Es también un deporte dialógico, ya que uno simula un ataque, el otro lo esquiva y lanza en respuesta un ataque sorpresa, etc. todo acompañado por el berimbao, las congas y los cantos de los otros participantes de la roda. La competición radica, no en noquear al adversario, sino en mostrar habilidad y astucia superiores, por eso a menudo se ven verdaderas acrobacias en la práctica de este deporte. Cada capoerista busca componer sus movimientos de acuerdo con los de su adversario para así generar un diálogo, un intercambio que a la vez es una performance unitaria. Dado su origen religioso y comunitario, este deporte también ha suscitado reflexiones de índole metafísica: “Algunas veces el Juego parece representar algo mas amplio, como si fuese un teatro en el cual se escenifica el embate de las diferentes personalidades de diferentes individuos -más aún, el choque de diferentes energías que rigen el Juego Mayor. De acuerdo con esta visión, la capoeira es una escuela de sabiduría donde se aprende cómo los seres humanos interactúan en el juego de la vida; y se vislumbra algo (un poco temible) que rige el mundo y el universo.” (Nestor Capoeira, Capoeira, pequeno manual do jogador, 1992). De esta dimensión surge el aspecto nietzscheano de la capoeira, pues en la roda, el capoerista usa la malicia y la simulación para engañar al adversario. Usa, por ejemplo, las acrobacias para desconcertar al contrario, se acerca y aleja sin finalidad aparente solo para aplicar el golpe cuando la oportunidad de dar de lleno sea la mejor. A la vez que la capoeira tiene una faceta profundamente comunitaria, refleja también cómo el individuo puede echar mano de la simulación para triunfar en lo que no deja de ser un combate. En última instancia, no obstante, prevalece la faceta comunitaria dado que todos los integrantes de la roda quedan confirmados como integrantes de la comunidad capoerista y partícipes del espíritu de la misma.
En comparación, un deporte más puramente nietzscheano sería, por poner un solo ejemplo, el fútbol. Aunque la pericia y el esfuerzo son indispensables en este deporte, el resultado de un partido a menudo depende de factores externos a las virtudes deportivas. Errores arbitrales (incluso en tiempos del VAR) pueden perfectamente determinar el resultado de un partido. La simulación de ser objeto de una falta es una práctica habitual en los partidos profesionales, y tal simulación, si tiene éxito, puede a su vez determinar el resultado. La conocida afirmación “el fútbol es así” expresa precisamente cómo contingencias externas a la habilidad y el trabajo en conjunto pueden ser definitorias para la victoria o derrota. Sin duda, este factor le añade atención mediática al fútbol y coincide con un pensamiento postmoderno de estirpe nietzscheana.
Julio Jensen es profesor titular de literaturas hispánicas en la Universidad de Copenhague. Su trabajo de investigación se centra en la relación entre literatura y filosofía en la producción cultural de los siglos aúreos y XX.
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