ISSN 2692-3912

El conejo malo

 

El conejo malo

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—¡Caramba! —El padre se hizo un ovillo.

—¡Lo siento! —gritó la madre desde lejos.

El dolor le puso la cara completamente roja; el alcohol le podría ayudar. Él cayó al fondo verde; el césped estaba en muy buenas condiciones. Se convirtió en un balón y rodó por la hierba, con las piernas en dirección al cielo.

La madre se acercó al lugar del accidente, pero otra madre llegó primero, y otro padre también. La primera madre solamente podía mirar las espaldas de los padres; en vez de eso, miró a los niños.

En un grupo estaban los niños con las caras iluminadas por las pantallas. Miraban con poca atención el accidente antes de volver al juguete digital. El hijo de la primera madre formaba parte del grupo. Otro grupo estaba compuesto por jugadores de balón, con los pechos moviéndose mientras el aire pasaba dentro y fuera de sus cuerpos. Uno de ellos tiró el balón al césped.

—Papá, ¿qué pasa?

—No te preocupes, hijo. La madre de Joakim… ¿cómo se llama?… bueno, tiene una fuerza enorme, nada más.

—¿Qué ha hecho Anita?

—Nada, pero ella no sabe las reglas… por eso me duele un poco.

Anita se acercó al grupo de pantallas; Joakim se levantó y dejó el parque. Sus compañeros lo siguieron con las cabezas inclinadas y las caras blancas.

Está oscureciendo.

Otra madre dejó al padre herido y puso un vaso a la mano de Anita.

—¡Toma!

—Gracias… Actualmente, quería compartir algo con ustedes antes de las vacaciones. Yo no soy la madre ideal de esta clase para nuestros hijos, pero también siempre tiene que haber una persona mala en el equipo, ¿no?, para que los demás puedan sentirse mejor…

—Lo siento, tengo que irme. Puedes enviar su discurso a la clase por la red, ¿no?

El padre herido y su hijo estaban dejando el parque. La madre ya se había ido.

—Su ojo ha cambiado a rosa —dijo Anita.

—Muy buena observación.

—Tengo un poema, déjame enseñárselo…

—Vale… no sé…venga.

El padre se sentó otra vez en el césped, con la mano cubriendo el ojo malo. Anita se enfrentó a él.

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Vivo en el exilio,
en tu corazón,

por el ruido
dentro de mí.

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Tal vez vuelva a casa
por el conejo malo.

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Aunque no es un grupo
de madres Teresa,
la compañía de peras
le dejó presentarse
ante el mundo entero.

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Luego todo el mundo amó
al conejo malo,
mientras estreams a montones
no le importaban.

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Los niños con guitarras
y voces,
los niños del barrio,
sí le importaban.

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El conejo malo
me da tanto ánimo
para volver a casa,
para volver al instrumento,
para volver a mi corazón.

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—Lo siento, demasiado romántico para mí —dijo el padre.

—Para mí también, pero pasa algo más. Escúchame otra vez, por favor —dijo Anita:

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Sin embargo, sola, regresada a mi corazón no me siento bien.
O, más correctamente, me siento rara, como si hubiera hecho algo terrible a otra persona.
Podría haber sido mi familia, mi hijo o tal vez el amor en general.
Por eso vine a las reglas, pero también eso fue un desastre. Veo al hombre querido; me parece que él acepta las reglas y es capaz de conseguirlas. No como yo, demasiado lentamente, demasiado lejos.

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—Ahora dices cosas banales. Tengo que irme. Hasta luego.

El padre siguió a su hijo. El parque estaba vacío; solamente Anita estaba allí. Los ejercicios militares habían terminado. Uno podía respirar libre otra vez, sola, sin duda, sin los accidentes y las partes de cuerpos rotos.

Balón de futbol en una cancha con un lápiz azul a la izquierda y uno rojo a la derecha.
El conejo malo

Trine Kestner. Nació y creció en Dinamarca. Ha producido y vendido cerámica en el pasado. Además, ha trabajado con jóvenes con adicciones y como asistente pedagógica con niños. Actualmente, es estudiante de Lengua y Cultura Españolas y Latinoamericanas en la Universidad de Copenhague. También escribe cuentos para una revista femenina.


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