Elpénor, ¿cómo es que te encuentras en la tierra de las tinieblas?
Odisea, XI, 57
Creo que nunca existió. Entre las ramas, vimos el gran puerto abandonado. El muelle de hormigón palidecía y se mecía silenciosamente, en las sombras sobre las aguas turbias. Los pilotes del muelle sobresalían entre las olas. En la llanura, un viento danzante desviaba un remolino de arena más oscuro que los restos de barcos destrozados. El temporal, azotado por mástiles y enredado en cuerdas, se posaba pesadamente sobre las algas, los cardos y las dunas. El calor aleteaba en el horizonte como una bruja andrajosa. Un muchacho, tras clavar una balsa con tablas podridas, flotaba a través del río poco profundo. Parecía que se habría alegrado de tener compañía. No vimos a nadie más en la orilla. Alguien dijo que este lugar, como muchos otros, le recordaba a Ítaca. . Estábamos en el corazón del día. La guerra pasada y el viaje llenaron nuestras mentes como una ola llena los pulmones del nadador incauto. . Bajo nuestros pies crujían conchas, huesos, rocas llenas de grietas y agujeros. Después descansamos en la hierba, olvidados de la naturaleza, aunque la naturaleza nos había olvidado mucho antes. .
Versión de Antonio Moreno
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Tomas Venclova nació en 1937 en Klaipéda, en la costa de Lituania, y se educó en la Universidad de Vilna. Es traductor, profesor, disidente intelectual y poeta de primer orden. El poeta laureado con el Nobel de Literatura de 1980, Czeslaw Milosz, amigo y paisano suyo, profesor en la Universidad de Berkeley, lo invitó a impartir clases en la misma institución, pero terminó recibiendo una oferta del Departamento de Lenguas y Literaturas Eslavas en la Universidad de Yale, de la cual se jubiló hace ya algunos años. Fue amigo de Ana Ajmátova, Joseph Brodsky y Boris Pasternak.
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