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Conversación con David Toscana. La violencia, la memoria y los supervivientes en el Ejército ciego. Una novela mexicana sobre Bulgaria.

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El Ejercito Ciego (Premio Alfaguara 2026) / The Blind Army Paperback - Picture 1 of 1

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Conversación con David Toscana

La violencia, la memoria y los supervivientes en el Ejército ciego

Una novela mexicana sobre Bulgaria

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Fue una gran coincidencia que El ejército ciego, con la que el narrador mexicano David Toscana se hizo acreedor del Premio Alfaguara de Novela 2026, se tradujera al búlgaro y se publicara justamente en una de las fechas más importantes del calendario nacional, el homenaje a los hermanos San Cirilo y San Metodio, fundadores del alfabeto glagolítico, de la educación y de la cultura del país y de las letras eslavas.

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[@Daniel Mordinzki]

Desislava Ántova, traductora de El ejército ciego, dijo que “es increíble que un autor mexicano haya podido escribir un libro tan búlgaro y, al mismo tiempo, tan universal. Tengo en mis manos uno de los regalos más bonitos para Bulgaria: aquella historia que desconocemos, pero que podría haber sido, al margen de la tragedia archisabida de las fuentes históricas; aquella Bulgaria, hace más de diez siglos, sobre la cual resulta que David Toscana ha leído mucho más que algunos de nosotros. Busquen, lean y regalen este libro.” El proceso de la traducción de esta novela es singular y merece ser narrado.

Después de que Toscana obtuvo ese importante reconocimiento, durante una conversación que sostuve con Antonio Moreno (Universidad de Texas—Permian Basin), escritor y ensayista, profesor visitante en la Universidad de Sofía a finales de noviembre de 2025, me sugirió que se tradujese al búlgaro la novela de Toscana. A través de mis contactos con traductores y editoriales en Bulgaria, supe que una famosa periodista había hecho la traducción en un santiamén, con la ayuda de las nuevas tecnologías (IA), suscitando así un debate ético acerca de la escritura y la traducción de textos literarios. Se lo comenté al profesor Moreno, quien inmediatamente alertó al escritor David Toscana. El propio Toscana intervino para que la traducción quedara en manos de quien pudiera hacerle verdadera justicia al texto, y fue así como Ántova asumió la responsabilidad de trasladar la novela al búlgaro. Una buena traducción garantiza el éxito de cualquier texto, especialmente cuando se trata de la buena literatura.

[Tapa de la novela en la edición búlgara de El ejército ciego]

David Toscana es autor de varias novelas y de un libro de relatos: Las bicicletas (1992), Estación Tula (1995), Santa María del Circo (1998), Duelo por Miguel Pruneda (2002), El último lector (2005), El ejército iluminado (2006), Los puentes de Königsberg (2009), La ciudad que el diablo se llevó (2012), Evangelia (2016), Olegaroy (2017), El peso de vivir en la tierra (2022). Su novela más reciente, El ejército ciego, fue inspirada en uno de los sucesos más dramáticos de la historia de Bulgaria: la batalla de Clidio (Klyuch), conocida también como la batalla de Belasica, llevada a cabo entre el Primer Imperio búlgaro y el Imperio bizantino, que marcó el final del Primer Estado búlgaro y la pérdida de su independencia. La terminó en Bulgaria en octubre de 2025, y se centró en un aspecto muy contundente: “¿Qué ocurre cuando una sociedad no sabe qué hacer con quienes han sobrevivido a la violencia?” (Rosa Sánchez de la Vega, “La abundancia de imágenes está empobreciendo nuestra mirada”, entrevista con David Toscana, 4 de abril de 2026). Toscana eligió que la presentación de El ejército ciego en Europa se llevara a cabo en Plovdiv durante la tercera edición del Festival Leterapopuli 2026, que se celebró del 17 al 22 de mayo.

El 7 de mayo de 2026, fungí como intérprete en la entrevista que el novelista mexicano sostuvo para la cadena Euronews Bulgaria. Después de la entrevista, Toscana y su esposa, Sara, visitaron la universidad. Allí sostuvieron encuentros con profesores y estudiantes de la carrera de Filología Hispánica ante quienes hablaron de la novela recién traducida.

En este contexto se desarrolló la entrevista que presento a continuación, a petición de Daria Karapetkova, la directora del Centro Cultural de la Universidad de Sofía, ampliada con una pregunta especial para los lectores de habla hispana. Fue publicada el 13 de mayo en Literaturen Vestnik, la gaceta literaria más prestigiosa de Bulgaria, bajo la supervisión de Amelia Licheva, poetisa y Decana de la Facultad de Filologías Eslavas. Para formular mis preguntas, consulté a Tatiana Pánteva, profesora de literatura española, y a Antonio Moreno.

[Tapa de la edición en español de El ejército ciego, galardonada con el Premio Alfaguara de Novela 2026]

M. M.: ¿Cómo se enteró Ud. de la historia del ejército ciego del zar Samuel?

D. T.: Fue hace muchos años, cerca de veinte, en un compendio de historia llamado The Story of Civilization. Desde entonces me interesé en la suerte de los ciegos. Los historiadores no hablaban de lo que ocurrió con ellos después de la muerte del zar Samuel, y entonces pensé en novelarlo; pero tardé mucho en saber cómo se contaba esa novela. Pude hacerlo cuando decidí alejarme del realismo y crear algo más parecido a una leyenda. Más tarde, en 2024, cuando ya la estaba escribiendo, la Biblioteca Nacional de España exhibió muchas páginas ilustradas del Skylitzes Matritensis.

M. M.: ¿Qué paralelos se pueden establecer con acontecimientos históricos similares en México y América Latina?

D. T.: Por supuesto durante la conquista hubo muchos actos crueles y formas de tortura, pero no tengo noticia de que se empleara el castigo de cegar. En otra forma de lisiar a los prisioneros, se sabe que Juan de Oñate les amputó el pie derecho a veinticuatro indígenas, y la mano derecha a un número indeterminado. De manera alegórica, la novela ha tenido lecturas en Latinoamérica que hablan del poder y la rebeldía, de la violencia y la resistencia. Pero cada lector establece esta relación según su experiencia. Lectores nicaragüenses me hacen comentarios que tienen relación con el presente; argentinos piensan en la dictadura del pasado; los chilenos recuerdan la represión de 2019 en la que cientos de manifestantes perdieron uno o los dos ojos; muchos piensan en las guerras de hoy.

M. M.: ¿Qué reto supuso para Ud. la barrera lingüística mientras consultaba las fuentes para su novela? ¿Hizo alguna investigación en Bulgaria?

D. T.: Antes que en búlgaro, las fuentes de estas historias están en griego. Leí, sobre todo, traducciones al inglés y algunas al español. Mi primer libro sobre el tema fue A History of the First Bulgarian Empire de Steven Runciman. Por supuesto leí a Skylitzes, a León el Diácono, Miguel Pselo, Miguel Ataliates. Con la trampa de los traductores en línea pude conocer historiadores como Zlatarski o Nikolov, y la maravillosa trilogía de Dimitar Talev sobre el zar Samuel. Un libro importante fue Voices of Medieval Bulgaria, de Kiril Petkov. También leí a muchos historiadores que no se ocupan de Bulgaria, pero sí del año mil. Visité Sofía y sus museos, y tomé muchas botellas de mavrud. Al final, no escribí una novela histórica, sino algo más cercano a la fantasía.

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M.M.: En la pintura Las lanzas (La rendición de Breda) de Diego de Velázquez, que inmortaliza la victoria española sobre los holandeses durante la Guerra de los Ochenta Años, el general Ambrosio Spínola recibe las llaves de la ciudad de Justino de Nassau con un gesto magnánimo de respeto y nobleza. ¿Cómo contrasta ese gesto con el de Basilio II Matabúlgaros?

D. T.: Klyuch no fue una rendición, sino una derrota. La actitud de Basilio II tras la rendición la veríamos en su desfile triunfal tres años después. Basilio tenía la crueldad del hombre religioso. Desde Heródoto podemos leer distintas actitudes del victorioso frente al derrotado, y Montaigne habla también de este tema. Que yo sepa, nunca se encontraron en persona Samuel y Basilio, pero su pregunta me hace pensar en algo: ¿sería posible que un dramaturgo búlgaro escribiera ese encuentro imaginario para el teatro? Quizás un encuentro cuando ya ambos están muertos.

M. M.: Si pensamos en otro gran escritor, José Saramago, ¿cómo concibe Ud. el tema de la ceguera en su novela?

D. T.: En la novela de Saramago, la ceguera es una desgracia; crea caos, conflicto, aunque también hay gestos de solidaridad. Yo quise transformarla en un pilar de la dignidad humana. La idea de la ceguera acompañada de dignidad, y hasta superioridad, está también en la novela de Ismaíl Kadaré, El firmán de la ceguera. Mientras escribía, descubrí que la literatura es un arte para “ciegos”, pues no vemos lo que leemos o escuchamos, sino que debemos percibirlo, imaginarlo, entenderlo, interpretarlo, recordarlo.

M. M.: ¿Qué mensaje moral desea transmitir Ud. a través de su narración a los jóvenes en Bulgaria?

D. T.: Cuando escribo, más que nada, quiero hacer literatura; crear belleza, alcanzar aquello que los griegos llamaban “sublime”. Para esto, más allá de las palabras, necesito historias, personajes, ideas. Sé que, sin buscar un mensaje, éste aparece por añadidura. Así, sin haber pensado en un mensaje, prefiero citar una nota que acaba de aparecer en la prensa mexicana, que lo dice mejor que yo: “El ejército ciego representa un gran homenaje a aquellos que luchan contra la adversidad, a los que no se dejan vencer, a los que se levantan después de la caída, a los que se niegan a ser víctimas de su destino.”

M. M.: Los escritores mexicanos suelen abordar en sus obras temas relacionados con su identidad nacional. ¿Qué es lo que atrae a un escritor cuando sitúa sus historias fuera de su país?

D. T.: Los escritores mexicanos y de todos los países tienden a escribir sobre su entorno; pero siempre hay obras que salen de la geografía nacional. Ya los escritores del Crack, como Jorge Volpi e Ignacio Padilla habían caminado por esa senda. Vicente Herrasti, con La muerte del filósofo, se va a la Grecia antigua. Pedro Ángel Palou novela a Pablo de Tarso en El impostor. Y los ejemplos son más. En mi caso, tengo otras dos novelas situadas fuera de México: La ciudad que el diablo se llevó, en la Varsovia de 1945; y Evangelia, que ocurre hace dos mil años en Jerusalén. ¿Qué es lo que atrae? Una historia que trasciende el tiempo y la geografía; una historia universal. Y quince mil soldados ciegos pueden ser tan universales como tres hombres en la cruz.

 


Milena Marínkova nació en Madrid, España, y transcurrió su infancia en Cuba y Colombia, donde su padre fue embajador. Empezó su carrera como traductora e intérprete en 1992. A lo largo de su trayectoria profesional ha traducido diversas películas y series televisivas españolas, mexicanas, venezolanas, argentinas y colombianas. Forma parte de la Asociación de Intérpretes y Traductores [Association of Interpreters & Translators (AIT)], una organización que vela por la equidad y las normas en materia de traducción e interpretación en Bulgaria. Es profesora asociada en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Sofía—San Clemente de Ohrid.

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