ISSN 2692-3912

Tres poemas

Desliz

Alguna vez has resbalado,
después de limpiar los pisos y secarlos, después de encerarlos;
después de dejar la superficie lisa y limpia, de manera que todo es así un desliz en la lisura.

Un día caí sobre mi coxis:
la madre del coxis que me parió,
no hubo ni había ni habrá dolor menos doliente… exagero, sé de dolores pero no los conjuro, no los llamo, no los..:

vayamos a otras conversaciones
el desliz, ya te decía
desliza la piel de la planta contra el piso
y no hay nadie que detenga la caída
si podrías las manos quizá un poco
pero del sentón
nada
nadie
te libra.

Una vez así en la lisura de las conversaciones
de las sobremesas
de las bueno,
ojalá una pudiese
pudiera acomodar mejor la cosas:
así como el sentón,
pero ¡ah! el desliz ajeno,
tan visble
tan insuperable siempre.
Ay si una pudiera…
un desliz imperceptible
como el aleteo del
colibrí:
traer un chupamirto sin
que el desliz,
ya te decía:
porque dicen que se dice:
que siempre cae más rápido un hablador que un cojo:
y ese es el problema
la caída,
el desliz
feliz
de ragaliz
sin fín
el problema de las resbaladas en pisos ajenos
en lisuras
impropias
recién blanqueadas.

 

Son como erratas

 No hay desliz que dure cien años ni locura que lo aguante:
son como erratas,
se deslizarán en actas en actos en acciones irresolubles o no:
quizá solubles como ese café ficticio e instantáneo que sucede cuando
a uno se le escapa lo inacabado lo
ya sabes, algo de terror, una sombra, una filosa incoherencia,
así en un desliz:
en condiciones ordinarias y extraordinarias
mujeres que deslizan la inestabilidad y la alegría de que suceda
un poco el horror,
del que no depende, o sí: el calentamiento en los polos o la deforestación de las selvas;

pero, ¿quién dijo que un desliz no podría arreglar que convivamos
alrededor de una fogata en la playa?
¿quién no pudo conciliarse con su propio monstruo en la almohada en las aves en los closets?
¿a quien no se le ocurrió
que una errata,
un desliz
son formas imantadas de ir puliendo el horror, disolviendo
en alegrías en inestabilidades lo que es errata horror pena y prenda de lo que no sabemos
lo inexplicable: calentamiento, deforestación?

Y no es probable que en un escándalo, en una
historia no se cuele
un acto inesperado:
un resbalarse por donde ya no se sabe a dónde o cómo
mujeres que conducen concomitantes por carreteras donde el horror lo
inacabado,
lo ordinario extraordinario que produce la entropía la
carestía, el desliz
de lo que ya no se acomoda de ninguna forma
y queda balbuciendo
como errata
como desliz como

gota o ruta o grato deslizarse en condiciones ordinarias extraordinarias que se desbaratan en islas de hielo que se deshacen en polos en glaciares en laderas que se desbaratan que se diluyen como terrones de azúcar en tazas de café soluble y se llevan fauna y flora como erratas felices y afortunadas cuando dios quería o no, pero no hay desliz que dure tanto así. El desliz, lo inacabado y el horror que es errata pero monstruo pero almohada y dura lo que sea, aunque no aguante cien años o alegrías en condiciones ordinarias extraordinarias eso que diluimos, el horror y la alegría: deslizar como no queriendo la inestabilidad la alegría y conducirse siendo una errata en condiciones ordinarias y extraordinarias.

 

Desliz, coda con rola

Si yo tuviera el corazón,
el mismo que…; uno que no se sentará hasta el sentón del coxis:
me abrazaría a tu ilusión
o algo
deslizarme sobre o entre o arriba y abajo del tuyo: como veladura como
ya sabes esencia de jazmín entre los dedos:
como espuma
que inerte,
aunque de todas maneras resbalaría, pienso:
ah, del desliz.

 

Maricela Guerrero nació en la Ciudad de México. Estudió Letras Hispánicas en la UNAM. Es autora de Se llaman nebulosas y Kilimanjaro, entre otros títulos. Su obra aparece en las antologías: Efectos secundarios, Un orbe más ancho: 40 poetas jóvenes, Divino tesoro, Cuatro poetas recientes de México, México 20: La nouvelle poésie mexicaine y Sombra roja: diecisiete poetas mexicanas.

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